Jotaí y Ceesepe

Junio 12, 2009

Sus lectores estamos acostumbrados a las ilustraciones de su entonces esposa Joy Laville (en las ediciones a cargo del Grupo Planeta vía Joaquín Mortiz), sin embargo, y a vueltas con el tema de las portadas (estas vez de libros), Ibargüengoitia y su valiosa obra está asociada también con trabajos de primerísima calidad como los de, recientemente en «El niño Triclinio y la bella Dorotea» (2008, FCE), el monero Magú (aunque es ya la cuarta vez que ilustra alguno de sus cuentos), o incluso, en una edición francesa de Los pasos de López, «Les Conspirateurs» (2000, Phébus), con una ilustración del colombiano Fernando Botero. Así las cosas, además de estas bienvenidas, digamos, excepciones (amén de una ilustración de Guadalupe Posadas en la edición de Seix Barral de Estas ruinas que ves), y de aquellas portadas basadas únicamente en letra y color, Jorge Ibargüengoitia cuenta también con cómplices de la talla de Ceesepe: Carlos Sánchez Pérez (Madrid, 1958).

Ceesepe es, según su biografía en Wikipedia, «Pintor, ilustrador e historietista, [y] está considerado uno de los protagonistas de la “Movida madrileña”». En su página güeb uno puede dar fe de su larga y fructífera carrera profesional, y observar sus interesantes conceptos gráficos. Uno de ellos, pues, tiene que ver con los Dos crímenes de JI. De esto sé gracias no a la citada página (o a alguna búsqueda en Google) sino a la afortunada coincidencia de encontrar una edición ochentera (así tal cual) de dicha obra. Es, quiero pensar, una ya rareza, pues en sí la edición es alemana a cargo de Rowohlt Verlag y en estas fechas sólo se logran conseguir —y eso con suerte— ediciones por Suhrkamp (que no cuentan con ilustraciones en sus portadas).

Entonces, que buscando a Jotaí en alemán es que logro dar con esta peculiar portada de Ceesepe. Tuve, eso sí, la ayuda y paciencia de la encargada de la librería (fanática, me dice, de JI) pues, ya les digo, se metió hasta el fondo de sus libros y anaqueles para poder “regalarme” (en sí fue una compra-venta, por supuesto, pero en estas condiciones se entenderá el por qué del verbo) esta edición de Dos crímenes y, ya entrados en tales menesteres, una de la premiada Los relámpagos de agosto. Salí así con Zwei Verbrechen y Augustblitze bajo el brazo. Aquí de lo que les hablo (de la segunda no hay foto pues en sí, al ser editada por Suhrkamp, es tan sólo el título con fondo rojo):

zwei 002

(cc) Portada de Dos crímenes, en edición alemana 1988

Como comenté anteriormente, algo de mucha razón debe de haber para que se den estas acertadas combinaciones artísticas. Uno como lector agradece que desde un principio se tengan estas cordiales atenciones y que antes de la lectura de la prosa se tenga la siempre bienvenida de una portada como ésta: que habla ya del tesoro que uno está por descubrir. Líneas, colores, formas, en fin, lenguaje visual que acaso nos prepara y advierte para ese otro lenguaje artístico, el de las palabras. Ojalá que en futuras ediciones de la obra de Ibargüengoitia —incluyendo sus traducciones a otras lenguas— siga habiendo espacio para este tipo de trabajos que, lo dicho, redondean el disfrute y placer de leer a Jorge.


Crí-Crí científico

Junio 9, 2009
Francisco Gabilondo Soler

D.R. Gabsol

Francisco Gabilondo Soler (México, 1907-1990) tenía razón: la gotita sube y baja, baja y sube. No sólo el chorrito, pues, se hacía grandote y chiquito. Crí-Crí llevó a sus últimas la dinámica de fluidos y aquella inmortal composición tiene ahora —además de sus ya acumuladas viñetas al respecto— estas imágenes que paso a paso nos muestran de lo que hablaba el veracruzano. Recordemos que Crí-Crí además de la Música tenía un especial interés por la Astronomía, así que acaso podemos considerar algunas de sus canciones como sus muy particulares apuntes científicos, o bien, su manera de entender el mundo teniendo como base a la Ciencia. Sea pues, aquí de lo que hablo (vía el blog de Pere Estupinya):


Ahora, baste recordar la lección del científico Crí-Crí en términos de su incomparable y única inspiración musical:

Lo dicho, «La gotita sube y baja, baja y sube al compás de esta canción»: El chorrito (1934).

Envío
Para esos mis locos bajitos: M.F., L. y X., sobrinos míos.


Más de Ibargüengoitia

Junio 4, 2009

En lo que logro hacerme de la recién editada antología de Jorge y sus crónicas (Revolución en el jardín, 2008, con prólogo y edición de Juan Villoro), en su búsqueda me topé con este texto, incluído en tal libro. Es el último de la lista, y de ahí que lo encontrara pues el sitio donde lo hallé se dedica, atinadamente, a pasar lista de libros a través de sus últimas páginas. Así, aquí también en Agua Clara (todo sea por meterle caña) el texto:

Adiós, Semana Santa
El maestro Luna nos explicó en clase cómo debería ser la Semana Santa perfecta. Como en los pueblos del centro de la República.

—Son días tan tristes —decía—, que no se mueve ni una hoja. Hasta los burros están silencios.

Era hermano marista y de Guadalajara —no sé de dónde agarró la palabra silencio, “tense silencios, muchachos”, decía (no sé si me lo estoy inventando)—, y recordaba con nostalgia el trigo verde en macetas y las naranjas con banderas de papel de estaño de su niñez.

Estaba hablando a otra generación, a los niños de 1940, que lo veían como animal raro. A mí, en aquella época, no había nada que me pareciera más aburrido que una naranjas con banderas, un charco de sábado de Gloria, o visitar las Siete Casas —todas eran iguales, con adornos de azucenas.

Años después me acordé del maestro Luna —me acuerdo de él a cada rato—. Llegamos a Ciudad del Maíz a las tres de la tarde de un Viernes Santo. Las mujeres andaban de luto y los burros, de veras, estaban silenciosos.

Hacía un calorón. Quisimos comprar tortillas Ciudad del Maíz y no había.

Otro año, en Viernes Santo, también, a las tres de la tarde, me tocó la mala suerte de tener que cambiar de autobús en Dolores Hidalgo. Iba yo con mi madre. Mientras llegaba el otro autobús, ella se sentó en la banca de la plaza de armas y me dijo:

—Veme a comprar unas carnitas.

Se olvidaba de que era pecado mortal comerlas. Pecado imposible de cometer, porque carnitas no había en todo el pueblo. Acabamos comiendo unos chiles rellenos muy oreados que encontré en el mercado.

En otra ocasión, en Jueves Santo, tuve un pleito con un torero irapuatense. Estábamos en el velatorio de un tío mío y los dolientes empezaron a tener mucha hambre. Salí yo con la encomienda de que trajera tortas para todos, y me encontré con que el torero, que creía como muchos del rumbo, que el Jueves Santo también es vigilia, no las tenía más que de queso descremado.

—¿Qué no tiene de jamón? —le pregunté.

Entonces, el torero beato, levantó un dedo bastante mugroso para llamar mi atención a los campanazos del Santuario de Guadalupe, que estaban en ese momento retumbando, para llamar a la quinta o a la queda, o a lo que haya sido a esas horas. Como diciendo, “No hay tortas de jamón, porque este es un día muy sagrado”.

Yo me puse furioso.

—Hoy no es vigilia, viejo… —Aquí dije una palabrota que escandalizó a todos los que la oyeron y los dejó convencidos de que yo era apóstata.

Para contrarrestar estas que van de arena, otra Semana Santa la pasé, con amigos, en Chachalacas. ¡Si el maestro Luna nos hubiera visto! Jugamos a la ruleta, a la lotería y al burro entripado, bailamos, y el Viernes Santo, nuestra hotelera, doña Petra, que era retrasada mental, mató un guajolote y lo hizo en mole colorado.

—¿Qué no será día de vigilia, doña Petra —preguntó, con mucho tacto, el más religioso de los que estábamos sentados a la mesa.

Doña Petra se encrespó.

—¿Cómo va a ser día de vigilia? ¿Qué no sabe usted que esta es la fiesta religiosa más importante del año?

Como nadie estaba de humor para meterse en discusiones litúrgicas, nos comimos el mole.

Otro día memorable, fue un Domingo de Resurrección que pasé en el rancho. Fui a misa y me senté en una silla que había en el presbiterio —era la parte de la capilla donde olía menos feo—. Allí estaba yo muy devoto, cuando llegó Cleto, el sacristán, con un vaso de agua sucia en la mano, a preguntarme si me la quería beber. Era el agua del lavatorio, en la que se habían lavado los pies los representantes de los Apóstoles. Le dije que no, muchas gracias y lo ofendí brutalmente.

Gracias a Montserrat Vega (administradora y autora del sitio arriba referido) por la transcripción. Y sí, sus últimas páginas pueden ser referencia primera para saber un poco más ya no sólo de los libros sino de los autores. Además, asigna sucintas notas que, con todo, invitan más a la lectura.


De Ibargüengoitia y otros buenos hábitos

Mayo 20, 2009

Ya les digo, gracias a las siempre atinadas notas del Oso Bruno (esta vez desde su Villa Arpinati) podemos llegar ahora, onlain, a un texto de Jorge Ibargüengoitia publicado originalmente en la Revista S.NOB (No.17, 1962, pp.11-12) y editado (facsímil) por Aldus y Conaculta (2004). Me atengo al copy&paste —el hábito no hace al monje, dicho sea— y me limito sencillamente a dejar aquí también las líneas para su merecido disfrute. Ah, y, por supuesto, agradecer a Bruno por publicarlas en su espacio. Sea pues.

De la castidad y otros malos hábitos
Ante la amable petición de quien tan acertadamente dirige, redacta, forma, etc., esta revista, en el sentido de que escribiera alguna cosilla acerca de los paraísos artificiales, me dirigí al docto Mimí Pinzón, quien me proporcionó el fichero que adjunto a continuación. Dice así:
Alpipsia. Vicio de Alpeps. Consiste en llegar de la oficina a las siete de la noche, o a más tardar al cuarto para las ocho, quitarse los zapatos, el saco y la corbata, guardar todo con esmero y luego, en calcetines, entrar en la cocina y preparar un batido de lo siguiente: soletas, leche condensada, mermelada de zarzamora, un poco de vainilla y tres huevos, se le agrega ron al gusto y luego, se lo toma uno frente a la televisión. Este vicio, como puede verse fácilmente, es de principiantes y de asalariados.
Cenotipia. Consiste en trabajar bombas centrífugas, autosebantes o tractores diesel, sudar copiosamente, caminar una hora antes de llegar a casa, no tener luz eléctrica en la casa, encender un quinqué, quitarse la camisa y los pantalones que huelen a diesel, y ponerse otros medio limpios, pero que no huelen a diesel, llenar una palangana de agua limpia, y lavarse la cara y los brazos con jabón Heno de Pravia, cenar hojas de naranjos y tacos de frijoles con chile, y luego, sentarse en una chaise longe a leer Vogue, Harper’s Bazaar y las obras completas de Eudora Welty.
Cornucopia. Consiste en tener un pleito con la novia a raíz de una discusión acerca de si es conveniente o no comer tortas en los camiones, arrojar siete pesos de tortas por la ventanilla, bajarse en una esquina imprevista, ver cómo se aleja el camión con la novia llorosa, caminar veinticinco cuadras, llegar a casa, poner en el tocadiscos la pieza predilecta de la novia, apagar las luces y acostarse en el piso de la estancia despatarrado, mirando al techo con una mueca de dolor.
Disotermia. Consiste en vivir en pecado con una joven durante tres años, aburrirse de ella, descubrirla cuando un hombre, de preferencia de origen argentino, le besa la mano, comprar un boleto para los ejercicios de encierro del padre Pérez del Valle S. J., pasar dos días levantándose a las cinco de la mañana, bañándose en agua fría, comiendo comida de monjas y haciendo otras mortificaciones, y luego, en un orgasmo de santidad, confesar: “¡Padre, he vivido en pecado!”.
Dipsomanía. Consiste en prometerse uno mismo no tomar copas en dos semanas. Entrar el primer sábado a las doce del día en el Sorrento, encontrarse con media docena de periodistas de segundo orden (cada uno de los cuales se ha prometido a sí mismo no tomar copas en dos semanas), caminar los siete hasta La Universal, saludando gentes en la Avenida Juárez, tomar cuatro cervezas en La Universal, Pagar la cuenta, caminar hasta La Mundial, tomarse otras cuatro cervezas y gastar cuarenta pesos en las rifas de pollos; no sacarse ninguno; organizar una expedición punitiva para ir a comprar tacos, ir a comprar tacos, comerse los tacos con otras cuatro cervezas, pagar la cuenta, caminar hasta Ambos Mundos, pedir ron Castillo, hablar del pecado original y tirar la tercera copa de ron Castillo, despedirse de los que se van, ayudar a vomitar a los que se quedan, hablar de la vida íntima, y del pasado, tirar otra copa de ron Castillo, pagar con un vale, caminar hasta el Caracol, bailar, beber, y luego, después de un pleito con los meseros, dejar empeñadas las plumas fuente y los relojes.
Eupepsia. Consiste en no dar limosnas a los pobres. Es más, consiste en contestarles de mala manera. Por ejemplo: si un niño se acerca a pedir un “quinto para un pan”, se le contesta: “desde luego que no te lo doy, muchachito”. Y se agrega, como para uno mismo: “Desde chiquitos se acostumbran a no trabajar”. A ésos que vienen a pedir trabajo, se les contesta: “¡Pero si usted tiene la cara llena de pústulas!”. A los que vienen de Querétaro y no tienen con qué regresar: “Usted lo que quiere es emborracharse, en su rostro se ven los estigmas de todos los vicios”. A las mujeres que traen receta y no tienen para la medicina: “Vaya a la Cruz Roja, allí todo lo regalan”. A los ciegos que quieren cruzar la calle: “Cómprese un perro de esos amaestrados, hay unos muy buenos”.
Geodesia. Es el vicio de los Magallanes frustrados. Consiste en tener enmarcado un plano de la Ciudad de París del siglo XVIII, beber Pernod de 45 grados, poniendo el hielo primero y teniendo cuidado de que se queme antes de agregar el agua, pasar queso Camambert en una tabla después de la comida, probar el vino y decir “este vino era mejor antes”, comprar un libro que se llama Europe Gourmand y dejarlo olvidado arriba de una consola, y discos de Katyna Ranieri y “la Piaff”, y luego, en momentos de intimidad, decir a los amigos:; “si Dios me socorre, el año que viene llevaré a los niños a que conozcan el mar”.
Godonia. Es un vicio femenino. Consiste en leer las obras completas de Eric Fromm y luego, ir descubriendo rasgos femeninos en el marido, que es un orangután; en decirles a los amigos neurasténicos, que no saben amar; en hablarles a las amigas embarazadas de Jonás y la Ballena; en rechazar amistades por “negativas”; en descubrir en sí misma talentos para la poesía y sentirse frustrada ipso facto; en cambiar de peinado cada quince días; en sentir la vida vacía, y luego, en una borrachera, romper una puerta de un puñetazo.
Megapopsis. Consiste en haber tomado Chabils hace cinco años y mencionar el hecho cada vez que se juntan más de cuatro personas; en mezclar en la conversación las aventuras de Carlos (Fuentes), Elena (Poniatowska) y Jaime (Torres Bidet); en recordar vívidamente los detalles de aquella noche sublime en que Serge Lifar inventó el mambo; en conocer a la perfección los hábitos sexuales del Megaterio y del Leviatán y en admirar los sombreros de Jackie. Los adictos a este vicio acostumbran pasar temporadas de un mes en Toluca y platican que estuvieron en Bermudas.
Misticomanía. Consiste en leer el Manual de quiromancia sentado en el excusado, en voltear tazas de café turco, en quedarse absorto contemplando la propia mano, en hacer expediciones a la Colonia Nápoles para consultar a una cartomanciana; en comprar en la Librería Francesa los doce libros de Barbault; en decirles a los amigos que no son del signo que se imaginan, sino de otro mucho más desagradable; en encontrarle a la gente parecido con Lord Robert Baden Powell, e insultarla; en no lavar los platos y decir “es que soy Picis”, o romper la piñanona y decir “es que soy Aries”, o matar al gato y decir “es que soy Cáncer”; en tomar la mano de la recién llegada y decirle “Veo en tu mano que no sabe usted vestirse”, o la del recién llegado y decirle: “Veo en su mano que es usted muy atractivo sexualmente”; o decirle a un hombre: “Tú me vas a amar, yo soy bruja y lo siento en la punta del estómago”.
Positiluxia. Consiste en saber todas las respuestas sin haberlas aprendido; en estar avergonzado de tener casa propia; en comprar un Volkswagen en abonos, y un refrigerador en abonos; en decir la frase: “el sistema bancario mexicano es el agio legalizado”; en abrir una lata de jamón jaleado de $80.00, acordarse entonces de los menesterosos de la India, y comerse el jamón de mala gana; en ir a la representación de las Brujas de Salem; en decir al plomero que en México priva la injusticia y obligar a la criada a recitar Pipa pases para solaz de la concurrencia.
Todos estos vicios están debidamente comprobados, catalogados y sancionados por la Academia de la Lengua, el Instituto de Investigaciones Escatológicas y el Colegio de Cardenales. Esta publicación y yo en particular, nos hemos hecho acreedores de toda clase de bendiciones, agradecimientos y loas por haberlos dado a conocer como lo que son, poniendo de esta manera un hasta aquí a su propagación y ejercicio entre personas ignorantes y distraídas.

Este texto es distinto a aquél de Malos hábitos, incluído en la antología «Revolución en el jardín», editada apenas el año pasado por Reino de Redonda, con prólogo y edición de Juan Villoro.


Mi mejor maestra

Mayo 15, 2009

Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Dame que alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más. —Gabriela Mistral, La Oración de la Maestra

Tuve muchas, por fortuna, todas muy sabias y tan sólo por ello todavía más bellas. Recuerdo a Amparo, siempre muy señora, muy elegante, muy maestra. Recuerdo a Rosalía, una española muy mexicana que atinadamente hacía llegar sus sagradas lecciones de Literatura aderezadas de laicas lecciones republicanas. También, por supuesto, recuerdo a Lolita, durísima con nosotros sus adolescentes pueriles y nerviosos en sus lecciones de Anatomía. Recuerdo a todas, sin duda, casi tanto y tan bien como a ella, la mejor. Mi mejor.

Desde siempre, pues resulta que tenía vocación. Es decir, que antes de mí y mis particulares lecciones, ella ya tenía en su haber a no pocos alumnos que con ella se hicieron sus hijos —ya les digo, con vocación. Conmigo fue distinto: un hijo que se hace alumno. Eso sí, nunca sus lecciones tuvieron lugar en aula alguna y jamás necesito de pizarras y tizas, ni siquiera de libros; sus caricias, abrazos, besos y palabras fueron su mejor herramienta. Es más, nunca quiso competir con aquellas mis maestras de colegio, al contrario: las ayudaba haciendo solamente su respectiva labor. Además, claro está, tenía ella misma —como maestra de colegio— sus propios menesteres que cumplir… cabalmente. Mucha maestra.

Me dicen que desde siempre fue así; que formaba a sus muñecas y que les impartía concienzudamente la lección del día. Tiempo después no tenía reparos en tener que dejar las calles asfaltadas para pisar las de tierra y así dotar a esos sus niños y niñas de una maternidad disfrazada de letras y números. Era de voz fuerte, nunca le hizo falta gritar, tan sólo elevarla un poco. ¿Llorar? Cada fin de año escolar, pero lo hacía muy en su interior. Sus quejas fueron siempre las mismas, las únicas: las condiciones del magisterio. Empero, nunca confundió la queja con la excusa de no ejercer su labor, su vocación. Maestra de diario, de sol a sol. Mi mejor.

Hoy día —como desde siempre— la recuerdo especialmente en ése su papel de maestra. Es mi día, me decía, y toda la razón se llevaba. Siempre feliz guardó esos sencillos regalos que recibía. Digo guardar, porque de hecho siempre eran detalles que no podían usarse o vestirse. Es más, los atesoraba. Nunca buscó la oportunidad de enseñar en alguna institución privada para, como así sucede, mejorar sus condiciones de trabajo: lo que más le importó fueron las condiciones de aprendizaje de sus alumnos. Así que siempre dejó para otro día ese cambio de escuela. Eso sí, nunca postergó sus requeridas tareas, ni aquellas para con sus alumnos, ni para conmigo. Dejó de cantar y mi tarea se volvió melodía. Una muy clavada.


Un par a la mexicana I: Andy Warhol

Mayo 13, 2009

Ambos son íconos en sus campos artísticos: Carlos Chávez y Andy Warhol. Sin embargo, el músico tiene una indirecta —acaso esperada— relación con el pintor: una cubierta de un disco. En el reporte de Fred Kaplan para el New York Times, además de relatar la anécdota, se nos cuenta que Warhol en ése su primer trabajo como ilustrador, copió figuras aztecas y utilizó una técnica llamada blotted-line (líneas difusas, se me ocurre como traducción). El disco en sí fue «A program of Mexican Music» (1949) que consistió en, esto no lo cuenta Kaplan, una ejecución de seis piezas bajo la batuta de Carlos Chávez, a saber: Sones Mariachi, La Paloma Azul, Xochipili-Macuilxochitl, Danza a Centeotl (de Los Cuatro Soles), Yaqui Music (Sonora) y Huapango Vera Cruz. Ésta es la portada de Warhol para aquél trabajo de Chávez:

 © Andy Warhol

© Andy Warhol

La nota de Kaplan se titula “The Pop of Warhol (Jazz and Rock, Too)”, pues bien, ya vimos que aquella incursión de Warhol en el mundo del diseño de portadas fue también The Mexican Music of Warhol.

Paso entonces al segundo de este par de artistas gráficos relacionados, afortunadamente, con la buena música mexicana. Ya les digo, vaya par, pero para ello vayan por acá


Co(n)razón

Mayo 7, 2009

Ayer por la noche me entero (vía un reportaje en la tv) de una particular, maravillosa, humana y alentadora historia ocurrida en el 2005 en un campo de refugiados palestinos en Jenin, Cisjordania. Los protagonistas son un niño de 12 años, Ahmad, y su señor padre, Ismail Khatib. El israelí Leon Geller (crecido en los EEUU) y el alemán Marcus Vetter dirigen en el 2008 su documental «Das Herz von Jenin» (El corazón de Jenin); recién en este febrero 2009 el documental ganó el premio “Cinema para la Paz” en su respectiva categoría. También, dicho sea, el filme tomó parte del 6° Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (FICCO 09), y si bien la gente del blog oficial (cinécdoque) no escribió al respecto, Jorge Villalobos (de Nexos) escribe unas líneas, y el blog Cinerex le dedica una merecida reseña; además, aquí, en inglés, una valiosa crítica de Rasha Khayat del portal Qantara (puente en árabe).

Digo entonces que me entero porque en sí no he visto el documental. No obstante, gracias al reportaje, puedo ya afirmar —y confirmar— que el conflicto entre palestinos y judios (y cualquier otro de origen religioso y basado en nacionalismos) es producto de una ausencia total de razón en y entre ambas partes. El humilde y sencillo mecánico de autos, Ismail, con, literalmente, el corazón caliente (en menos de 12 horas tuvo que tomar la decisión de donar el corazón y demás órganos de su hijo asesinado, a niños que incluían los de los enemigos, es decir, judios) y cabeza fría (habló y tomó consejo de personal médico, familiares y amigos; así como encaró a los que desaprobaban la acción), extiende su brazo para tender ése su particular puente de entendimiento con los diferentes a él. Ofrece la mano y los medios para que las vidas de otros, y la suya incluída, puedan tener sentido.

El arriba referido texto de Khayat menciona que el filme retrata desde un sólo ángulo, que no se ocupa en mencionar que así como la decisión de Ismail salvó a otros niños (incluída la niña judía), pacientes palestinos también han sido salvados por donaciones de pacientes judios. Como fuere, y coincido con Khayat, el documental manda un mensaje de esperanza. Por supuesto, hasta para poder ver tal mensaje uno debe de hacerse de mente y corazón, pues, lo dicho, no faltará el que siga señalando a un bando en particular según el ángulo que se quiera escoger y, ojo, prescindiendo de aquello que ese padre en todo momento quiso tener y no abandonar: la idea de que ni religión, raza o nación puede conceder derechos exclusivos y convertir a un semejante en un enemigo. Cierto, Ismail acota que es con los niños donde no puede haber tales barreras, sin embargo, él mismo se encarga de mostrar que de hecho no hay lugar para que se siga insistiendo, entre niños y adultos, en tales formas y maneras de ver y clasificar al mundo.

Es decir, que en esta clase de lecciones (de esperanza y paz) los niños son los que suelen ser los protagonistas (y a veces por ello se llegan a minimizar las historias: “ay, bueno, pero son niños y pues no saben ni pueden ver todo el problema… no entienden”), pero esta vez es un adulto quien, con todo y su bagaje cultural y social, logra ver en ese particular momento (y que no es cualquiera, carajo, le acaban de matar a su hijo) que más vale actuar asistido de la lúcida razón y no con, sea, coraje, venganza, odio, miopía, cerrazón, en fin, estupidez. Así es pues como nos conviene mirar la historia (de la misma forma en que desde entonces Ismail logra ver a su hijo): con el corazón y con la razón. Sí es posible, y vaya que es necesario.

Envío: Para Corvan y Risp, que sin duda son un par de igual valor que Ismail y Ahmad.


Contra el silencio y el bullicio: Paz

Mayo 4, 2009

Gracias a las recientes crónicas de Geraldina en su ameno e interesante blog, me llega el recuerdo de mis días en Turingia, Alemania. Seré breve, pues un mucho de algo que uno puede llevarse de Turingia, Gera ya lo ha escrito y registrado en excelentes notas (cosa de seguir esta liga para la virtual excursión). Digo pues que seré sumamente breve, cosa nomás de una imagen y de unas cuantas palabras. Leer el resto de esta entrada »


Armas verdes

Abril 17, 2009

Así más o menos podría denominarse la idea de mexicohazalgo.org.mx

Es decir, que en estas fechas en que parece que el único (o mayor) problema de México son los cárteles y su violencia armada (pues ésa es otra: ahora al parecer, según una lectura atenta de los recientes discursos, incluyendo los de Obama, el problema es que tales grupos son harto violentos, y pues eso de que la droga, motivo de hecho central de las actividades de los cárteles, se demande en gringolandia, no merece atención primaria), no está de más recordar que en sí la problematica ambiental de México es un tema con muchas y grandes deudas pendientes en los escenarios políticos y privados del país. Son contados los esfuerzos que hace México en materia ambiental. Que un partido político ose, y se le permita, escudarse en el verde de la ecología para tomar parte más bien del desafortunado y penoso circo político característico de la realidad mexicana, es ejemplo, entre otros, de la poca o nula conciencia ambiental de la sociedad.

Así, cuando surgen verdaderos movimientos en favor del medio ambiente, tiene uno que seguirlos de cerca y, por supuesto, en la medida de lo posible, apoyarlos y secundarlos. De ahí que encuentre en «México Haz Algo» un arma (de miras largas y abiertas) que dispara, con su información y propuestas, balas cargadas de ideas y acciones que ciertamente apuntan a un mejor lugar donde vivir. O sea, que por allá pueden estarse rompiendo la cabeza, y bien que lo hagan (que algo será mucho en su caso), para detener el paso de armas, por acá éstas nuestras verdes armas son más que bienvenidas, y requeridas. Sea pues, estaremos al pendiente.

www.mexicohazalgo.org.mx


250 Años: Hallelujah!

Abril 14, 2009

Acaso como una misa pagana, un grupo de sus feligreses se dieron cita en la noche del 13 para celebrar y conmemorar, respectivamente: un aniversario más (el 267) del estreno de tan especial obra y los 250 años de la muerte de su creador. Así, igual que en algunas parroquias hacen efectiva la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo, ayer en la noche se escucharon las notas del Messiah para recibir —con una solemnidad propia de la fecha— el 14 de abril, día en que falleció Georg Friedrich Händel. Leer el resto de esta entrada »


Contribuciones de Pascua

Abril 9, 2009

Podemos llamarlas así a tales manifestaciones, aquellas que indirectamente quedan como resultado del tiempo litúrgico de Pascua. Pienso en tres. Una que ya es parte intrínseca de la Pascua, entre otras, alemana y que, así, gracias a ésta logra su llegada hasta nuestros días; otra que en este espacio propongo verla también de este particular modo, y una más que prevengo puede (debiere) fortalecerse. Leer el resto de esta entrada »


El mar de tu cuerpo

Marzo 14, 2009

Cuando tuve la oportunidad de adentrarme en las profundidades del mar (por hondo que fueran) siempre la decliné. Sin embargo, si tengo, como ahora (por una nota en FayerWayer), la oportunidad de echar un vistazo al interior del cuerpo humano, la tomo sin dudar. Son 15 imágenes tridimensionales que amén de la contemplación y asombro me han llevado al recuerdo de aquellas páginas inolvidables de «Triptofanito: Un viaje por el cuerpo humano» (Ed. Joaquín Mortiz, primera edición 1978), de Julio Frenk, ilustraciones de Claudio Isaac. Leer el resto de esta entrada »


Martes severo

Marzo 10, 2009

Hoy martes se cumple una semana del colapso del Archivo Histórico de Colonia y aún no se tiene explicación concreta para lo ocurrido aquella tarde en la Severinstrasse. Los reportes de medios locales no cesan en dar informes del minuto a minuto. De igual forma la estupefacción continúa y los alemanes no dan crédito a tal hecho, ya, histórico. Mucho se habla y a muy poco se llega. Raro, debe decirse, en estas latitudes, pues si de algo se tiene comprobada muestra es del trabajo metódico de su gente. Leer el resto de esta entrada »