Orden 1 Sentido Común 0

Diciembre 10, 2009

Es una hipótesis que sostengo desde no hace mucho tiempo: que hay una relación unidireccional e inversamente proporcional entre orden y sentido común. De esto, me parece, hay suficiente evidencia empírica en Alemania. En la brevedad de este espacio lo que sigue parecerá más bien un anecdotario, sin embargo, seguro estoy que es parte de dicha evidencia que refuerza la hipótesis.

Resulta que, como ya lo he relatado aquí mismo, parte de las medidas para reducir el impacto ambiental de la disposición de residuos en hogares, los alemanes tienen un sistema organizado y, sí, eficiente para lidiar con tal tarea. Separan metódicamente sus residuos y los llevan a su destino final de la misma forma, ie, la recolecta está religiosamente calendarizada. Así las cosas, uno debe seguir el esquema si es que quiere a bien librarse de la basura en casa, esto es, la única opción es mantener el orden y, por ejemplo, no pretender que un día fuera de calendario alguien se lleve la basura (mucho menos buscar deshacerse de ella a escondidas). Dicho esto, me ví en la necesidad de sacar mi basura “azul” (papeles y cartones) y, ojo, colocarla fuera del correspondiente contenedor (pues éste sencillamente estaba lleno: gracias a que sólo hay uno para las 6 viviendas de la casona y cada 4 semanas se vacía, ergo siempre termina rebosante). Procuré entonces que si bien me estaba saliendo literalmente del marco, al menos las cajas y papelería estuvieran ordenadas y dispuestas de tal modo que fuera fácil levantarlas y echarlas al camión de un solo golpe. Procuré pues guardar el orden y, craso error, aposté por el sentido común de los guardianes de la limpieza (“vale, es papel y está ya listo para llevar”). Exacto: no se llevaron aquella papelería que no estaba dentro del mentado contenedor. A pesar de que estaba ordenada y lista para llevar, el hecho de que estuviera fuera del contenedor la invalidaba totalmente de ser materia recolectable. Insisto: craso error el mío.

Por otro lado, y en otro orden de casos, sucede que al obtener un grado académico en alguna universidad alemana se tiene la posibilidad de trabajar en el ramo de la especialidad. A grandes rasgos la mayor limitante es precisamente que el empleo esté relacionado con lo que se estudió y para lo que el título académico acredita. Por ejemplo, si uno se graduó de abogado no ha lugar para ponerse a trabajar como asesor financiero, técnico electricista, chofer, etcétera. Así, me di a la tarea de buscar trabajo y cuando presenté mi solicitud en la oficina de extranjería me topé con una respuesta lacónica que, lo dicho, ejemplifica el alto grado de restricción al sentido común que una serie de normas (paladines del orden) puede llegar a crear en los mortales. Usted no puede tomar este trabajo, su título no reza “Investigador” y aquí (en la solicitud de empleo) dice que el puesto es como tal. Explicar que nadie estudia para graduarse de “investigador” fue esfuerzo inútil; hacer ver que al menos había una relación entre título y lugar de trabajo también fue un sinsentido para los burócratas en turno. El meollo era que puesto y título no tenían relación alguna y por tanto mi estancia en Alemania no tenía, literalmente, lugar.

Logré, ya se ve, obtener el permiso de trabajo (gracias a la intermediación directa de mi empleador); no estoy seguro si consiga librarme de mi papelería y cartones. Por supuesto una opción es estar a las vivas y monopolizar el contenedor y hacer retazos las cajas para así presentar todo en forma y orden a la siguiente recolecta. Ya se verá hasta dónde logro llegar; por el momento el pretendido orden asfixia al sentido común, y acaba con mi paciencia.


Yo no sé matar

Diciembre 2, 2009

Se dobla mi orgullo
se dobla y se quiebra
porque yo quisiera
aunque sea un minuto
cambiarme por él
JAJ

Casi como en medio de una multitud es que te vi. Digo casi porque ambos sabemos que era más bien tan sólo un grupo de gente: el tuyo. Yo estaba pues en las afueras de ese círculo y desde ahí te vi. No sólo eso, te observé, te contemplé, te recordé. Todo al mismo tiempo. Lo que hubo y lo que quise que hubiera.

Así, tú estabas en lo tuyo, ignorando casi totalmente que alguien te pudiera observar. Digo casi porque ambos sabemos que en ese instante tu mirada y sonrisa coincidieron en un sólo punto. Yo estaba ajeno a todo ello… hasta el momento en que viví ese afortunado segundo que minutos después el registro de horas y días me transportaría a otra vida en un acaso Universo paralelo.

El resto no te lo diré. Sólo guardaré tu retrato, éste que sin querer me has regalado.


Su Santidad Salles

Octubre 29, 2009

Una pifia total sin duda. En el post anterior “¿Comentarios?” tan sólo ligué al blog de Edgar Amador, que es de dondé tomé la imagen contenido del post, y no al autor en sí del cartón: Salles. Esto es, que recién me entero (gracias a la PhB) quién es el monero que de singular manera rindió homenaje al Santos y a su creador Trino. Así, después de echarle una mirada a su trabajo en El Espíritu de los Cínicos, Salles y su espacio son desde ya visita obligada.

Luego, junto con pegado, aprovechando que hoy se cumplen 50 años de Asterix, pues qué mejor que celebrarlos con un cartón del propio Salles (de cuando su regreso de tierras Galas).

deregreso

(DR) Salles

¡Salve, Asterix!

Y larga vida al buen Salles, que promete y mucho.


El verano en que conocí a una Nobel

Octubre 12, 2009

En sí aún no lo era; en ese 2005 era sencillamente la eminencia viviente. Fue en ese verano sueco la invitada de honor en aquél nuestro pequeño e íntimo taller (fuimos en total no más de 20 participantes). Todos se deshacían en atenciones para con ella y fue el eje sin duda de tan inolvidable verano. Señora con sobrados méritos y profesora a toda ley. Con sus 72 años estuvo en todo momento con ojos y oídos atentos a aquellas nuestras torpes presentaciones, y sin chistar tenía en todas el mejor comentario y la más acertada observación. Cual abuela de todos: una muy tierna y una muy sabia.

Calzando sus zapatos tenis (ie, fiel al american style) estuvo en todas las actividades del taller, es decir, además de estar en todo quiso también estar con todos. No era una vaca sagrada (de esas que abundan en la academia), era una mujer muy hecha que además de compartir su inteligencia, nos brindó su grata y dulce compañía. Nos dotó, a final de cuentas, de una lección humano-profesional. Un mujerón.

Hoy se da a conocer que estará de nueva cuenta en Suecia. Será la primera mujer en recibir el premio Nobel en Economía (propiamente dicho, el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas). El escenario será uno muy distinto al de aquella isla a la que llegamos en autobús desde Umeå; no habrá caminatas nocturnas a la luz del cielo nórdico; el verano estará agazapado y seguramente todos los que coincidimos con ella en aquél del 2005 estarán recordándolo de forma por demás especial.

No hay foto de por medio; las mías se me fueron en intentar capturar la nunca oscuridad del solsticio vernal y tan sólo atiné a guardar entre mis papeles un adelanto de un (en ese entonces) próximo capítulo de un libro más de su autoría. Fueron apenas tres días de convivencia  —una mínima parte de aquél junio— que hoy se vuelven a recordar con sobrada razón. Es lo que me queda. Decir que hoy día la mejor cara de la Economía es, justa y merecidamente, de mujer, y que tuve la oportunidad de encontrarme con ella. De admirarla en persona. De un poco conocerla.

Vaya verano. Vaya Señora: Elinor Ostrom (California, EE.UU., 1933).


El prometer no empobrece: se premia.

Octubre 9, 2009

Vaya lección nórdica la de hoy día. Una muy sencilla y directa: del dicho al hecho… hay un premio. Y grande, cómo no. Lejos aquellos tiempos en que Don Lázaro Cárdenas sentenciaba y subrayaba el trecho, el trabajo, el hacer. Ahora basta con el decir. El prometer.

Luego, cosa aparte, y que se entienda, es que Mr Obama sea el primer presidente negro del país más poderoso del planeta, que esté dando lecciones, sí, de diplomacia y de saber quedar bien con todos, de ser y parecer el niño bueno de la clase política de hoy día, de tener una bonita familia, y de echar a andar políticas públicas al parecer sensatas y maduras. Ello, insisto, es cosa aparte. Ello ya se premiará con más votos, uno que otro tratado o acuerdo, y en general con aumentos al bienestar gringo (y si bien nos va, con el resto del planeta). Ello, pues, será —esperemos— después… ¿mas hoy ha de premiarse? Sí, dicen los noruegos, y con la Paz por delante, amén de contante y sonante (es que, ya perdonarán, el monto del dinero no es de soslayar).

Sea pues. Pensándolo más, algo así hacemos los mortales. «Prometes serle fiel etcétera…», y tan así que nos premiamos con lazos, anillos, ajuares, y lo que esté al alcance. Algo así.

En fin, que quede claro, que el Nobel premia lo que Obama ha prometido. Amén.


¿Comentarios?

Octubre 8, 2009

Santosblog

El Santos, vía Las Piedras del Camino de Edgar Amador.


A las 9 con 9 y 9 del 9.09.09

Septiembre 9, 2009

Dentro de las n ideas inútiles que uno tiene al día, ésta es una de ellas. Por supuesto, algunos la sabrán “aprovechar” mejor (lo que sea ello signifique). Pero resulta que a mí sólo se me ocurrió escribir esta nota y, astuto que es uno, programarla para que sea publicada exactamente a las nueve horas con nueve minutos y nueve segundos del día nueve del mes nueve del 2009. Lo sé, no seré el único, seguramente habrá tantos más ociosos escribidores que harán exactamente lo mismo. Originalidad pura.

Otras opciones, por supuesto, eran el correo electrónico o la llamada telefónica para decir algo “especial”, “original”, etcétera, en tan numérica fecha. Pero no hay garantía, a menos que se tenga una precisión absoluta y la muy buena suerte de que el servidor, la conexión (de la llamada), o lo que corresponda, registre finalmente esos números cuando se mande el mensaje, se haga la llamada o qué sé yo. Todavía más, otro ejemplo, si se quisiera decir “sí” (o “no”) a preguntas trascendentes (o típicas como “acepta usted a la novia”), tampoco se tiene garantizado que nuestros relojes y voces se sincronizarán a la perfección para en ese segundo decir lo que se tenga que decir con semejante marco.

Así las cosas, resta dejarlo en un simple y llano nueve del nueve del cero nueve. Un día pues para hacer y deshacer y después uno puede recordarlo fácilmente. Eso, quizá lo más útil de esta fecha es que será más que sencilla de recordar. Que aproveche.

Ahora bien, si nos ponemos exquisitos y ponemos atención a la textura, vale un ejemplo de las propiedades aritméticas del nueve:

Tenemos que ahora mismo son las 09:09:09 del 09.09.2009, y ello lo podemos expresar como 09090909092009; luego, si sumamos esas cifras nos da: 56 y 5+6=11, y 1+1=2. Es decir, ése dos es igual a la suma de las cifras de tal número exceptuando al 9 (es decir, 0+0+0+0+0+2+0+0=2). También, y que sirva para de hecho declarar que todo este año tiene “novenas-aritméticas propiedades”, un 10.12.2009 al hacerlo cifra nos da 10122009, luego sumamos 1+0+1+2+2+0+0+9=15, y 1+5=6, que es igual a, prescindiendo del 9, 1+0+1+2+2+0+0=6; o bien si tomamos un 14.11.2009, tenemos 1+4+1+1+2+0+0+9=18, que es 1+8=9, el cual resulta también si sumamos, ídem, 1+4+1+1+2+0+0=9. Qué divertido.

En otras palabras —y números— todos los días de este 2009 a final de, literalmente, cuentas guardan una muy particular ma… temática. Lo dicho: que aproveche.


Debut y despedida

Septiembre 7, 2009

En sitios güeb como el ínclito Fayerwayer, ávidos de tecnología, suelen darse las crónicas donde por primera vez se da paso a algún producto recién salido al mercado. Es decir, se desempacan, prueban y manosean a lo más. Yo hice lo propio, pero a mi manera.

No tengo vídeo alguno, ni fotos. Tan sólo la crónica de un debut y despedida de una pequeña, y a final de cuentas prescindible, netbook. Mi laptop en sí arrastra literalmente más de un lustro de vida, que en estas lides tecnológicas es algo más que décadas al cuadrado, así que me decidí por un reemplazo. No ha lugar. Apenas un par de horas después de haber adquirido e iniciar su configuración (es decir, dejarla a tono con mis preferencias de uso), la flamante netbook mostró signos inequívocos de que su vida conmigo sería muy pero muy corta. El antivirus (siempre el antivirus) comenzó a dar problemas.

Opté por desinstalar el mentado programa, a fin de cuentas, ojo, ni siquiera tenía acceso a la red, así que seguro no sucederían ataques de bicho alguno. Seguí adelante con la exploración del equipo. Instalé un par de programas, nada o poco peligrosos y, lo esperado, ahora la tarjeta de sonido mostraba signos de flaqueza. Reinicios y más reinicios.

Pensando que la vuelta al estado cuasioriginal (el antivirus seguía ausente) de sus programas el equipo terminaría por al menos estabilizar las cosas, llegó lo más fuerte: paralización  total cada vez que echaba a andar la cámara. Tal cual. Apenas abría el programa correspondiente, enseguida aparecía la pantalla azul con el mensaje de error y más error. Habráse visto.

Además, para subrayar la inutilidad de la novedad, a esas alturas del juego yo ya estaba más que cansado de vista y manos. Sinceramente las netbooks no serán por mucho tiempo mi opción de compra cuando de equipos portátiles se trate. Eso sí, al momento pedía e imploraba porque el tiempo perdonara a mi compañera de mil batallas, la vieja laptop, y le devolviera aquella gloriosa edad en que su rendimiento era a la justa medida de mis necesidades. Pero bien dice el dicho: más sabe el diablo por viejo. Ella, la de siempre, me estaba pacientemente esperando. Venga, suspiró, deja ya esa caricatura de teclado

Y sí, al siguiente día de la compra me presenté a primera hora para devolver aquel frustado intento de renovación. La cámara no funciona, sintetizé; cómo así, si ya no hay más equipos. No se preocupe, en sí quiero mi dinero de vuelta. Esta vez todo funcionó sin problema alguno, y es que a veces entre humanos nos entendemos sin problemas. Salí pues de la tienda con una sonrisa, no hubo contratiempo alguno en la devolución del equipo (es más, ni siquiera abrieron la caja para comprobar que todo el contenido original estuviera en su lugar) y yo volví con mi vieja pero ya leal compañera.


Virginal perversión

Septiembre 4, 2009

Ayer terminé de ver la película Sexo, amor y otras perversiones (Carrera et al., 2006). No hablaré de ella, simplemente diré que me recordó una idea (si me dejan llamarla así): las ventajas de las mujeres en cuanto a menesteres del sexo, tabúes y perversiones. Es así.

En su momento estaba viendo un vídeo de sexo, de los llamados porno (o eróticos, según el gusto del cliente). Básicamente, además de la penetración y etcétera, hubo un diálogo entre la mujer y el entrevistador (no sé si el cámara o el que más tarde tuvo sexo con ella), en el que ella aclaraba que estaba ahí para tener únicamente penetración anal, pues la vaginal estaba no sólo reservada para su novio-pareja-principal relación sentimental, sino también que en sí ella era virgen por ese lado. Pero profesional, pues también aclaró que lo del anal era algo que ya tenía más que probado y que, bueno, ahora estaba ahí para otro show más.

Así las cosas, qué maravilla, pensé, los hombres homosexuales no tienen esa opción de brindar tales primicias a sus parejas. Los hombres heterosexuales tampoco. Pero las mujeres sí. Ellas bien pueden regalar no una sino dos veces ese curioso placer de ser el primero (o la primera) en penetrar. Es decir, pueden elegir, si así les place, qué parte han de reservar para un momento particular. Por ejemplo, vaginal para la primer relación sexual (y las que le sigan) y anal para, digamos, una primer noche de bodas… o viceversa, que nunca faltará aquella que quiera seguir y cumplir ciertos conocidos estándares (pero mientras disfrutar de alguna manera su sexualidad).

Lo dicho, creo que es una ventaja. Sobre todo en estas lides de, precisamente, sexo, amor y perversiones. Es más, ya puestos en esto, si se le suma el hecho de hacerlo con o sin condón, pues se tienen ya 4 virginales opciones, ¿o no?

En fin, sin duda alguna la primera vez no deja de tener su pervertido encanto.


La Espiga Espinosa

Julio 19, 2009

Como un juego de números, después de la segunda llegó al tercero, después de la tercera alcanzó el primero, en la cuarta lo aseguró y en la quinta lo confirmó. Si en un principio parecía que la competencia vendría de distintos frentes —el australiano, el chino, el alemán, e incluso el canadiense— al final tan sólo se batió con el chino, ese par de máquinas vivientes que no hacen otra cosa más que vivir de los clavados y en sus ratos libres respirar. Como dibujo de su patria chica, ella toda se alarga y, acaso para confirmar su origen, alcanza en el punto sur esa paz que al final le hace ganar guerras. Ésta la ganó y tras cinco rondas fue la campeona, la número uno.

Un rostro sinónimo de serenidad y concentración después dió paso a la incredulidad llena de seguridad y satisfacción por lo realizado. La mejor de sus rondas en sus casi 23 años de vida que, cual debe ser, tuvo como gran final la medalla de oro. Roma fue testigo de la hazaña; no sólo Paola llegó en plena madurez, el grupo era selecto y tenía, lo dicho, a lo mejor del orbe. Y si bien no todos los saltos llevaron a Paola a la cima de Roma, sí los últimos tres. Sobre todo el número tres, ése con el que alcanzó el primer lugar de la tabla, ése cuyas calificaciones incluyeron al mítico diez. El cuarto y quinto saltos fueron así los de mayor presión, y si bien no replicaron ese bello tres, sí dieron razones para altas calificaciones y continuar así la cosecha de puntos.

A pesar que Ruolin y Li hacían lo suyo y cumplían cabalmente las expectativas de propios y extraños, Paola Espinosa se dio a la tarea de incluir en la competencia a su propio historial. Era pues aquella Espinosa del “ya merito”, una Paola consciente de sus tropiezos y por ende más enterada de sus capacidades en el momento. Cada uno de esos cinco veces diez metros incluyeron su pasado y su presente. Se enfrento a ella misma. Se superó—alcanzó su anhelado futuro.

Ya se verá en los próximos Olímpicos si Paola confirma lo visto ayer sábado. Por lo pronto, la Espinosa de hoy es sencillamente la mejor. La más segura, la más valiosa. La espiga dorada más bella. ¡Felicidades, Paola!

Paola Espinosa

(cc) Paola Espinosa


Jotaí y Ceesepe

Junio 12, 2009

Sus lectores estamos acostumbrados a las ilustraciones de su entonces esposa Joy Laville (en las ediciones a cargo del Grupo Planeta vía Joaquín Mortiz), sin embargo, y a vueltas con el tema de las portadas (estas vez de libros), Ibargüengoitia y su valiosa obra está asociada también con trabajos de primerísima calidad como los de, recientemente en «El niño Triclinio y la bella Dorotea» (2008, FCE), el monero Magú (aunque es ya la cuarta vez que ilustra alguno de sus cuentos), o incluso, en una edición francesa de Los pasos de López, «Les Conspirateurs» (2000, Phébus), con una ilustración del colombiano Fernando Botero. Así las cosas, además de estas bienvenidas, digamos, excepciones (amén de una ilustración de Guadalupe Posadas en la edición de Seix Barral de Estas ruinas que ves), y de aquellas portadas basadas únicamente en letra y color, Jorge Ibargüengoitia cuenta también con cómplices de la talla de Ceesepe: Carlos Sánchez Pérez (Madrid, 1958).

Ceesepe es, según su biografía en Wikipedia, «Pintor, ilustrador e historietista, [y] está considerado uno de los protagonistas de la “Movida madrileña”». En su página güeb uno puede dar fe de su larga y fructífera carrera profesional, y observar sus interesantes conceptos gráficos. Uno de ellos, pues, tiene que ver con los Dos crímenes de JI. De esto sé gracias no a la citada página (o a alguna búsqueda en Google) sino a la afortunada coincidencia de encontrar una edición ochentera (así tal cual) de dicha obra. Es, quiero pensar, una ya rareza, pues en sí la edición es alemana a cargo de Rowohlt Verlag y en estas fechas sólo se logran conseguir —y eso con suerte— ediciones por Suhrkamp (que no cuentan con ilustraciones en sus portadas).

Entonces, que buscando a Jotaí en alemán es que logro dar con esta peculiar portada de Ceesepe. Tuve, eso sí, la ayuda y paciencia de la encargada de la librería (fanática, me dice, de JI) pues, ya les digo, se metió hasta el fondo de sus libros y anaqueles para poder “regalarme” (en sí fue una compra-venta, por supuesto, pero en estas condiciones se entenderá el por qué del verbo) esta edición de Dos crímenes y, ya entrados en tales menesteres, una de la premiada Los relámpagos de agosto. Salí así con Zwei Verbrechen y Augustblitze bajo el brazo. Aquí de lo que les hablo (de la segunda no hay foto pues en sí, al ser editada por Suhrkamp, es tan sólo el título con fondo rojo):

zwei 002

(cc) Portada de Dos crímenes, en edición alemana 1988

Como comenté anteriormente, algo de mucha razón debe de haber para que se den estas acertadas combinaciones artísticas. Uno como lector agradece que desde un principio se tengan estas cordiales atenciones y que antes de la lectura de la prosa se tenga la siempre bienvenida de una portada como ésta: que habla ya del tesoro que uno está por descubrir. Líneas, colores, formas, en fin, lenguaje visual que acaso nos prepara y advierte para ese otro lenguaje artístico, el de las palabras. Ojalá que en futuras ediciones de la obra de Ibargüengoitia —incluyendo sus traducciones a otras lenguas— siga habiendo espacio para este tipo de trabajos que, lo dicho, redondean el disfrute y placer de leer a Jorge.


Crí-Crí científico

Junio 9, 2009
Francisco Gabilondo Soler

D.R. Gabsol

Francisco Gabilondo Soler (México, 1907-1990) tenía razón: la gotita sube y baja, baja y sube. No sólo el chorrito, pues, se hacía grandote y chiquito. Crí-Crí llevó a sus últimas la dinámica de fluidos y aquella inmortal composición tiene ahora —además de sus ya acumuladas viñetas al respecto— estas imágenes que paso a paso nos muestran de lo que hablaba el veracruzano. Recordemos que Crí-Crí además de la Música tenía un especial interés por la Astronomía, así que acaso podemos considerar algunas de sus canciones como sus muy particulares apuntes científicos, o bien, su manera de entender el mundo teniendo como base a la Ciencia. Sea pues, aquí de lo que hablo (vía el blog de Pere Estupinya):


Ahora, baste recordar la lección del científico Crí-Crí en términos de su incomparable y única inspiración musical:

Lo dicho, «La gotita sube y baja, baja y sube al compás de esta canción»: El chorrito (1934).

Envío
Para esos mis locos bajitos: M.F., L. y X., sobrinos míos.


Más de Ibargüengoitia

Junio 4, 2009

En lo que logro hacerme de la recién editada antología de Jorge y sus crónicas (Revolución en el jardín, 2008, con prólogo y edición de Juan Villoro), en su búsqueda me topé con este texto, incluído en tal libro. Es el último de la lista, y de ahí que lo encontrara pues el sitio donde lo hallé se dedica, atinadamente, a pasar lista de libros a través de sus últimas páginas. Así, aquí también en Agua Clara (todo sea por meterle caña) el texto:

Adiós, Semana Santa
El maestro Luna nos explicó en clase cómo debería ser la Semana Santa perfecta. Como en los pueblos del centro de la República.

—Son días tan tristes —decía—, que no se mueve ni una hoja. Hasta los burros están silencios.

Era hermano marista y de Guadalajara —no sé de dónde agarró la palabra silencio, “tense silencios, muchachos”, decía (no sé si me lo estoy inventando)—, y recordaba con nostalgia el trigo verde en macetas y las naranjas con banderas de papel de estaño de su niñez.

Estaba hablando a otra generación, a los niños de 1940, que lo veían como animal raro. A mí, en aquella época, no había nada que me pareciera más aburrido que una naranjas con banderas, un charco de sábado de Gloria, o visitar las Siete Casas —todas eran iguales, con adornos de azucenas.

Años después me acordé del maestro Luna —me acuerdo de él a cada rato—. Llegamos a Ciudad del Maíz a las tres de la tarde de un Viernes Santo. Las mujeres andaban de luto y los burros, de veras, estaban silenciosos.

Hacía un calorón. Quisimos comprar tortillas Ciudad del Maíz y no había.

Otro año, en Viernes Santo, también, a las tres de la tarde, me tocó la mala suerte de tener que cambiar de autobús en Dolores Hidalgo. Iba yo con mi madre. Mientras llegaba el otro autobús, ella se sentó en la banca de la plaza de armas y me dijo:

—Veme a comprar unas carnitas.

Se olvidaba de que era pecado mortal comerlas. Pecado imposible de cometer, porque carnitas no había en todo el pueblo. Acabamos comiendo unos chiles rellenos muy oreados que encontré en el mercado.

En otra ocasión, en Jueves Santo, tuve un pleito con un torero irapuatense. Estábamos en el velatorio de un tío mío y los dolientes empezaron a tener mucha hambre. Salí yo con la encomienda de que trajera tortas para todos, y me encontré con que el torero, que creía como muchos del rumbo, que el Jueves Santo también es vigilia, no las tenía más que de queso descremado.

—¿Qué no tiene de jamón? —le pregunté.

Entonces, el torero beato, levantó un dedo bastante mugroso para llamar mi atención a los campanazos del Santuario de Guadalupe, que estaban en ese momento retumbando, para llamar a la quinta o a la queda, o a lo que haya sido a esas horas. Como diciendo, “No hay tortas de jamón, porque este es un día muy sagrado”.

Yo me puse furioso.

—Hoy no es vigilia, viejo… —Aquí dije una palabrota que escandalizó a todos los que la oyeron y los dejó convencidos de que yo era apóstata.

Para contrarrestar estas que van de arena, otra Semana Santa la pasé, con amigos, en Chachalacas. ¡Si el maestro Luna nos hubiera visto! Jugamos a la ruleta, a la lotería y al burro entripado, bailamos, y el Viernes Santo, nuestra hotelera, doña Petra, que era retrasada mental, mató un guajolote y lo hizo en mole colorado.

—¿Qué no será día de vigilia, doña Petra —preguntó, con mucho tacto, el más religioso de los que estábamos sentados a la mesa.

Doña Petra se encrespó.

—¿Cómo va a ser día de vigilia? ¿Qué no sabe usted que esta es la fiesta religiosa más importante del año?

Como nadie estaba de humor para meterse en discusiones litúrgicas, nos comimos el mole.

Otro día memorable, fue un Domingo de Resurrección que pasé en el rancho. Fui a misa y me senté en una silla que había en el presbiterio —era la parte de la capilla donde olía menos feo—. Allí estaba yo muy devoto, cuando llegó Cleto, el sacristán, con un vaso de agua sucia en la mano, a preguntarme si me la quería beber. Era el agua del lavatorio, en la que se habían lavado los pies los representantes de los Apóstoles. Le dije que no, muchas gracias y lo ofendí brutalmente.

Gracias a Montserrat Vega (administradora y autora del sitio arriba referido) por la transcripción. Y sí, sus últimas páginas pueden ser referencia primera para saber un poco más ya no sólo de los libros sino de los autores. Además, asigna sucintas notas que, con todo, invitan más a la lectura.