Desde el sábado primero —hasta el tres— de octubre Bonn acoge el hipocentro de la Alemania. De las alemanias, de sus estados, de su gente, de sus maneras y de sus modos de ser, todo en tres y medio kilómetros de exposición repartidos a lo largo y ancho del entrañable Bonn.

En estos tres días tiene lugar una demostración particular: un sector público de distintas caras (Estado, Gobierno, Federalismo, Sociedad Civil y ONGs). Gobierno y Estado es lo que ha llamado más que nada mi atención; pocas veces he tenido la oportunidad de asistir a tales eventos. (Pues no son en realidad tantos; Berlín, por supuesto, está más acostumbrado a todo ello mientras que la Renania suele distribuirse en sus tantos pueblos y ciudades, y solo en días como estos despliega toda la artillería.) Es algo muy bienvenido. He podido ver, de primera mano, por ejemplo, lo que 14 ministerios federales hacen, cómo y por qué. Dentro de una gran carpa el visitante puede hacerse de información e inquirir la naturaleza de cada ministerio; también, si hay tiempo, resolver un cuestionario y ganar, por qué no, algún premio (e.g., un viaje a Berlín para dos personas). Ello con música (que la hay por doquier en este festival ciudadano) y un ambiente en realidad de celebración alemana —una muy merecida.

Durante estos tres días se celebran dos eventos en uno: el Día de la Unidad Alemana (3 de octubre) y el Día de la Renania del Norte-Westfalia (de la que forma parte Bonn). Este 2011 es además especial por cumplirse veinte años de celebración de la reunificación alemana (ocurrida en 1990 pero celebrada oficialmente un año después). Hoy lunes tres es, según el programa, el principal en cuanto a eventos (e.g., un desfile) y discursos, pero sábado y domingo han ya pagado con creces la naturaleza del evento.

Calles, parque y plazas se han llenado de gente que han salido a disfrutar no solo del excelente clima —que ha premiado sin duda estos días— sino también de sus logros como sociedad organizada. Además de aquella carpa con ministerios abiertos y prestos, hay también una recreación del Parlamento Federal donde los visitantes hacen de diputados (con todo y partido) y votan, con la ayuda de entretenidos actores, iniciativas de ley (e.g., si se debe comer más pescado); por supuesto, hay lugar también para la foto del recuerdo y el espectador puede transportarse —por medio de una pantalla azul— al estrado (e imaginar su particular discurso). Por otro lado, a unos metros, a lo largo de una avenida, se puede entrar a cada uno de los 16 estados alemanes y, amén de degustar, sobre todo cerveza y salchichas, conocer un poco su geografía y algún punto de particular interés. Por allá, en otros metros, la Renania hace lo propio con una abanico de ofertas culturales, turísticas y recreativas, así como políticas: cada partido tiene su lugar para ofrecer información.

Este sector público es también ONGs e institutos de investigación. Así, encontramos en calles (todo es en calles) la «Milla Internacional», que es donde tienen presencia distintas organizaciones no gubernamentales (e.g., Deutschland Hilft) e institutos o centros de investigación como la Universidad de las Naciones Unidas. De regreso al centro —es que hemos caminado ya hacia el sur— se pasa cerca del parque principal de la ciudad (el Rheinaue) donde a metros se instaló un «Alemania se mueve», donde la iniciativa —pública hecha por tres empresas privadas— ofrece incluso clases abiertas de aerobics. En el camino hay también, a lo largo del Rin, espacio para los grupos de rescate donde puede uno, por unos minutos, tomar parte de ellos y patrullar en su compañía el ancho río.

Sin duda los tres días apenas y rinden para darse una vuelta por este Bonn tan él, tan alemán y tan abierto. En tres zonas, pues, dividieron la geografía de la ciudad: «De la ciudad al Rin», «Corazón del festival ciudadano» y «Bonn internacional». He contado un poco de cada una, me ha faltado hablar con detalles de las demostraciones varias de la utilidad de la ciencia, de los programas de cuidado a la naturaleza, de los juegos y actividades para los niños, de las diez tribunas para conciertos, de la atinada logística, en fin, de tanto que sigue haciendo posible que Bonn y Alemania tengan por delante un camino por demás prometedor.

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