En aquellas tierras lejanas llenas de borregos, cerdos, cabras, gallinas, gallos, hombres y mujeres, había una vaca especial: la Vaca Sagrada. Había naturalmente otras vacas, pero sólo una era, tal cual, sagrada. Esta vaca era intocable y, a su vez, querida y cuidada por todos. Sobre todo por algunos como los Cuidadores de la Vaca Sagrada que —como es natural— al cuidarla día y noche desarrollaban un gran cariño por Ella. También era particularmente adorada por aquellos pobladores que vivían en las cercanías de la Vaca Sagrada (que no gustaba de caminar) o bien, que tenían algo que ver con Ella. Por ejemplo, mucho era vista por los Pastores de Río Arriba, lugar donde estaba el Templo de la Vaca Sagrada, dedicados a abastecer de ovejas para la actividad preferida de la deidad, a saber: contemplación de ovejas por la tarde. Lo dicho, era una vaca sumamente especial.
Un día a uno de los Cuidadores de la Vaca Sagrada se le ocurrió, digamos, jugar con la pata de la vaca. Fue fácil. Sentado estaba cuidando de la Vaca Sagrada —es decir, observándola una y otra vez—, cuando de pronto sintió el deseo de tomarle la pata para hacerse de unos cuantos pelos. Los pelos de vaca, aclaro, eran la materia prima de las actividades culturales de aquellas tierras; básicamente se arrancaban —o cortaban— pelos de vaca y se hacía con ellos infinidad de cosas, desde minúsculas trenzas hasta esculturas al aire libre, pasando por rupestres pinceles o sesudos cálculos de hileras con pelos de mayor a menor tamaño (esto último era en realidad casi una ciencia). También era posible hacer cuerdas, cuerdas de pelos de vaca, y ésta al parecer fue la idea en mente de aquel cuidador que arrancó, jugando, los pelos de la pata de la Vaca Sagrada. Lo hizo en realidad de un tirón y a los minutos, o quizá horas después, tenía ya una, dijo orgulloso, cuerda cuadrada de pelos de vaca.
Por supuesto, esa cuerda cuadrada contaba no sólo con los pelos de la pata de la Vaca Sagrada, sino también con pelos de otras vacas. En ese sentido, era usual que en cada cuerda se detallara, si era el caso (pues algunas cuerdas eran «puras de una sola vaca»), el origen de los distintos tipos de pelos de vaca; con esta cuadrada del Cuidador, no obstante, él optó por no aclarar la fuente de aquellos peculiares pelos de pata de vaca y decir que era, simplemente, una cuerda cuadrada de pelos de vaca.
Sin embargo, los pelos de la Vaca Sagrada eran a ojos de todos, amén de sacros e inarrancables, inconfundibles; así, días después de lo sucedido con la Vaca Sagrada, su pata, sus pelos y el Cuidador, un pastor fijó su atención en la cuerda cuadrada. «Estos pelos», dijo sabihondo, «son de la pata de la Vaca Sagrada». El pastor, ha de decirse, tenía fama de bilioso y caprichoso, siempre gustaba de señalar y criticar y, peor aún, era parte principal de la Gente de Río Abajo, un lugar que, explico, no era querido por los Pastores de Río Arriba ni por los Cuidadores de la Vaca Sagrada, quienes siempre gustaban de recordar lo especial de su labor y, por si las dudas, la importancia de Ella. El pastor, pues, no era del todo bienvenido entre todo aquel cercano adorador de la Vaca Sagrada, y sus opiniones o dichos tampoco.
El escándalo se desató. «¡Cómo es posible que señale los pelos de la pata de la Vaca Sagrada!», gritaban unos; «¡hasta dónde ha llegado la envidia de los de Río Abajo!», se quejaban otros; «¡quién hablará por la Vaca Sagrada!», opinaban los del Templo;«pobre de nuestra Vaca Sagrada», concluyeron los Cuidadores, mientras que aquel que agarró la pata y los pelos de la Vaca Sagrada ignoraba el señalamiento del pastor de Río Abajo, y por unos días siguió mostrando sin problema sus tantas cuerdas cuadradas (premiadas, incluso, por los propios Hacedores de Cuerdas). Los pelos, por su parte, seguían siendo señalados —pues además de bilioso, caprichoso y criticón, era testarudo— por el mentado pastor. «Estos pelos», insistía, «son de la pata de la Vaca Sagrada». Tal fue la insistencia que otros más de Río Abajo vieron los pelos y repitieron lo dicho por el pastor: «Estos pelos son de la pata de la Vaca Sagrada».
En Río Arriba y en los derredores del Templo de la Vaca Sagrada se vió con recelo el señalamiento. «Le están hacienda daño a la Vaca Sagrada», se escuchaba, «y si creen que el Cuidador es un arrancapelos: denúncienlo, pero no señalen ni hablen de la Vaca Sagrada».
A días de que el pastor señalara los pelos de la pata de la Vaca Sagrada —que era, recordemos, intocable—, el Cuidador decidió renunciar a su oficio. Por su lado, los Pastores de Río Arriba y el resto de Cuidadores de la Vaca Sagrada unieron fuerzas y voz para dejar en claro la importancia de Ella, y el cómo la saña de los de Río Abajo era por demás evidente (al criticar y señalar pelos de vaca), y demostraban así sin pudor la envidia para con ellos, los de Río Arriba, que siempre estaban tan al tanto de pelos, patas, carnes y rabo de la Vaca Sagrada.
Otros pastores, como los de Río Hondo, que sólo contaban con vacas pero ninguna sagrada, voltearon a ver las patas de sus vacas y encontraron que también sus cuidadores de vez en vez se dedicaban a arrancar pelos de patas de vacas varias, y a hacer cuerdas diciendo que eran de pelo de una sola vaca. Los de Río Hondo, dijeron, entendieron más o menos qué se traían la gente de Río Abajo y Río Arriba. Una tarde de aquellos días se escuchó este diálogo entre un pastor de Río Hondo y otro de Río Arriba:
—¿Entonces dices que los de Río Abajo le encontraron al Cuidador los pelos de la pata de la Vaca Sagrada en una cuerda?
—Eso dicen, una cuerda con pelo de pata de vaca sagrada, ¡de la Vaca Sagrada!
—Caramba, de la dichosa Vaca Sagrada…
—Y claro, como los de Río Abajo están tan lejos de la Vaca Sagrada…
—Que es intocable, por cierto.
—Exacto, y entonces quieren aprovecharse para señalarla y en una de esas hasta ganar más poder aquí en Río Arriba ¡o hasta tocar a la Vaca Sagrada!
—Ya, ¿ entonces sí eran los pelos de la pata de la Vaca Sagrada?
—Era una cuerda cuadrada, fea si quieres, con algunos pelos de pata de vaca… ¡de la Vaca Sagrada que es intocable! ¿Qué ganas de molestar, no?
—Aquí también se señalan mezclas de pelos de vaca en cuerdas que dicen ser de una sola vaca.
—Ah, pero ninguna como la Vaca Sagrada.
—No, ninguna. La Vaca Sagrada es única e intocable, ¿cómo es que el Cuidador le arrancó los pelos?
—Exacto, es lo que dicen los de Río Abajo, ¡están mancillando el Honor de la Vaca Sagrada!
Al pastor de Río Hondo le quedó claro el gran respeto y cariño que le tienen a la Vaca Sagrada. Nunca supo, desafortunadamente, si hubo castigo al Cuidador que arrancó los pelos de la pata de la Vaca Sagrada.