Los mostros del marco

Una cosa llevó a la otra y esta a los mostros del marco. En esta página se puede ver lo que seguramente será una exposición divertida. Entretenida e interesante también, pues estos monstruos dibujados por Colín son aquellos mostros que solían poblar la imaginación de niños y adultos. Marco los dibuja, enmarca y expone. Hay de todo, desde los huevones hasta los muy cabrones, pasando por los juguetones y soñadores. Todos a mano y aderezados con textos (algunos de Colín y otros recopilados por él) al centavo. Digo que solían porque, y hasta el DRAE lo sabe, hoy lo que hay son monstruos; Colín, claro, tiene un dibujo de un monstruo y un monstro. Yo sigo viendo mostros. Los imagino también mas no consigo dibujarlos: he ahí la gracia de Marco. Del marco que ahora, tras ser pergeñados con lápices, colores e ingenio, los atrapa por un instante. Los mostros del marco se venderán y, como dice su autor, embellecerán las paredes del refinado cliente. Los mostros, por el contrario, seguirán saliendo a comprar, cazar, espantar, en fin, alterar el orden de paredes, techos, puertas y ventanas de clientes varios. Son legión y Colín lo sabe. Nosotros también, sólo que a veces nos olvidamos y, por supuesto, tememos dibujarlos. Afortunadamente, ya se ve, hay un marco para cada uno de nuestros mostros. O monstruos, si se quiere. Desde que nacen hasta que se jubilan (¿los mostros mueren?), el dibujante nos enseña vida y obra de tan extraordinarios seres. Están en todas partes y se meten por donde salgan. Los mostros del marco son los de todos pero, atención, en un momento determinado a cada cual le corresponde uno y sólo uno de los tantos mostros habidos y por haber. Escoja —es un decir— su mostro y lléveselo a casa, y no se sorprenda si al día siguiente ya no es el mismo… el mostro o, seguramente, Usted.

 

Yo no sé matar

Se dobla mi orgullo
se dobla y se quiebra
porque yo quisiera
aunque sea un minuto
cambiarme por él
JAJ

Casi como en medio de una multitud es que te vi. Digo casi porque ambos sabemos que era más bien tan sólo un grupo de gente: el tuyo. Yo estaba pues en las afueras de ese círculo y desde ahí te vi. No sólo eso, te observé, te contemplé, te recordé. Todo al mismo tiempo. Lo que hubo y lo que quise que hubiera.

Así, tú estabas en lo tuyo, ignorando casi totalmente que alguien te pudiera observar. Digo casi porque ambos sabemos que en ese instante tu mirada y sonrisa coincidieron en un sólo punto. Yo estaba ajeno a todo ello… hasta el momento en que viví ese afortunado segundo que minutos después el registro de horas y días me transportaría a otra vida en un acaso Universo paralelo.

El resto no te lo diré. Sólo guardaré tu retrato, éste que sin querer me has regalado.

Virginal perversión

Ayer terminé de ver la película Sexo, amor y otras perversiones (Carrera et al., 2006). No hablaré de ella, simplemente diré que me recordó una idea (si me dejan llamarla así): las ventajas de las mujeres en cuanto a menesteres del sexo, tabúes y perversiones. Es así.

En su momento estaba viendo un vídeo de sexo, de los llamados porno (o eróticos, según el gusto del cliente). Básicamente, además de la penetración y etcétera, hubo un diálogo entre la mujer y el entrevistador (no sé si el cámara o el que más tarde tuvo sexo con ella), en el que ella aclaraba que estaba ahí para tener únicamente penetración anal, pues la vaginal estaba no sólo reservada para su novio-pareja-principal relación sentimental, sino también que en sí ella era virgen por ese lado. Pero profesional, pues también aclaró que lo del anal era algo que ya tenía más que probado y que, bueno, ahora estaba ahí para otro show más.

Así las cosas, qué maravilla, pensé, los hombres homosexuales no tienen esa opción de brindar tales primicias a sus parejas. Los hombres heterosexuales tampoco. Pero las mujeres sí. Ellas bien pueden regalar no una sino dos veces ese curioso placer de ser el primero (o la primera) en penetrar. Es decir, pueden elegir, si así les place, qué parte han de reservar para un momento particular. Por ejemplo, vaginal para la primer relación sexual (y las que le sigan) y anal para, digamos, una primer noche de bodas… o viceversa, que nunca faltará aquella que quiera seguir y cumplir ciertos conocidos estándares (pero mientras disfrutar de alguna manera su sexualidad).

Lo dicho, creo que es una ventaja. Sobre todo en estas lides de, precisamente, sexo, amor y perversiones. Es más, ya puestos en esto, si se le suma el hecho de hacerlo con o sin condón, pues se tienen ya 4 virginales opciones, ¿o no?

En fin, sin duda alguna la primera vez no deja de tener su pervertido encanto.

Sorprenderte

Tuve la suerte de contar con ella, una desconocida. Me ayudó y tuvo la paciencia de seguir todas mis instrucciones, incluso puso de su parte para hacer todavía más creíble mi ficticia historia. Bastaron unas cuantas líneas y después una llamada telefónica para contar con ella. Tuve suerte, sin duda, pues todo esto ocurrió en pocos días y al final todo fue un éxito. Han pasado ya siete febreros de aquello y sigue siendo único. Lo seguirá siendo, ni duda cabe, y más con la ayuda de desconocidos que lo único que sabrán después de todo es que: quiero sorprenderte. Sigue leyendo

¡No queda sino batirse!

Desde 1996 tomó vida. Desde esa fecha pudimos dar cuenta de sus aventuras y acercarnos a su vida, que no es sólo de él sino la de todo un siglo, el XVII. Se pudo además constatar que éste lenguaje nuestro es algo más que un simple ir y venir de palabras, que es más bien un enunciado grande y riquísimo con su sujeto, verbo y predicado: nosotros, nuestras acciones y sus consecuencias. Es así la vida de Diego Alatriste y Tenorio, veterano de los Tercios de Flandes, mejor conocido como el capitán Alatriste. Es así la prosa de Arturo Pérez-Reverte.

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Al revés

Cuando niño solía tumbarme en la cama y mirar al techo y preguntarme cómo se viviría en la casa si estuviera al revés. Esa ventana me queda a las rodillas; la manija de la puerta está muy alta, tendré que alzarme de puntas para alcanzarla. Además, en cada puerta tenemos que librar el marco, que ciertamente son altos. Con el piso tiroleado* andar descalzo duele. Al salir de mi habitación necesito una escalera para bajar al profundo piso, y entonces volver a subir otra escalera para entrar al cuarto de mis padres. No, esta casa no está bien diseñada para la vida al revés. Es cansado andar en ella.

Ayer, después de años de no hacer ese curioso ejercicio mental lo hice de nueva cuenta recostado en la cama. Fue espontáneo, sin premeditación. Andar por el pasillo resultó bastante más cómodo que cuando niño pues no hay tirol que pisar. Eso sí, la ventana queda al ras de piso, pero fuera de ello al parecer esta casa sí está diseñada para habitarla de revés. Sin embargo, tanto ayer como ahora mejor es no salir de casa y evitar el profundo suelo, que vaya que nos complicaría el reingreso a la casa: fatiga total… como cuando uno se tumba en la cama.

*En México, tirol es el recubrimiento que se pone (i.e., tirolear) en paredes y techo como acabado; suele ser rugoso al tacto y grumoso a la vista.