Alemania depositada en colores

No sé a ustedes, pero a mí dentro de las tantas cosas que acaparan mi atención —por no decir que me hacen tirar la baba— es la cultura ecológica de Alemania. Me atrevo a decir que a cualquier extranjero llama su atención las iniciativas en pro de la ecología y del cuidado del medio ambiente que se cumplen en este país. Son varias y en distintos niveles. De las que uno se percata de inmediato son dos en particular. Dos medidas que hacen de Alemania, si me permiten la expresión, un depósito en colores.

Depósito Reembolso en Bebidas Embotelladas: Lo Tomas o lo Dejas

No es una medida del todo sacada de la manga y producto del desvelo o sueño guajiro de algún funcionario de los niños “verdes” en su versión teutona (mucho mejor, dicho sea de paso, que la versión tenochca-mexicana). Es una idea poco novedosa como tal, es decir, aplicar un importe extra (depósito) al envase de la bebida para que después el consumidor entregue el envase (vacío, claro está) y recupere (le reembolsen) ese importe extra, no es cosa muy alejada a lo que todo consumidor, por ejemplo, mexicano hacía otrora en las clásicas tienditas de la esquina: comprar la gaseosa, disfrutarla, y guardar el envase para la próxima visita a la tiendita, y ahorrarse así el pago del importe del envase per se. Lo que se tiene al final, con uno u otro sistema, es el desecho controlado del envase y por tanto un mejor manejo de éste. En dos palabras: menos contaminación. ¿Cuál es entonces la diferencia entre lo que se hace ahora en países como México y Alemania? En México se dio paso a los envases desechables (fabricados con PET) e incluso a la casi desaparición del envase de vidrio; el llamado PET como envase se vendió muy bien y distintos productores lo asumieron como producto ideal para la venta de sus bebidas en presentación ‘beber y tirar’. El resultado es tema aparte; el impacto ecológico que tiene el uso y, sobre todo, la disposición final no adecuada de este tipo de envases pone los pelos de punta a ecologistas y, lo más importante, merma de manera significativa las posibilidades de desarrollo de generaciones futuras. Así de sencillo.

Alemania no fue la excepción al desarrollo e innovaciones tecnológicas de la industria; sin embargo, a su debido tiempo desarrolló e innovó también en lo que se refiere al manejo de desechos. Precisamente porque los efectos del uso y disposición inadecuados de envases pueden y llegan a ser parte importante de la vida diaria de la sociedad (de hoy y de mañana), se tomó en cuenta al envase como tal, es decir, como producto de consumo, y se le asignó un precio. ¿Paga más el consumidor en Alemania? No del todo. Independientemente de lo que la bebida pueda costar, en Alemania se paga un monto extra en la compra de casi todas las bebidas en envase (sea de plástico, vidrio o lata). El llamado pfand o depósito es el monto extra y con él, aquí lo importante, se espera que el consumidor le dé un uso adecuado y disponga del envase de forma ambientalmente amigable, que no es otra cosa que regresarlo al lugar de compra (o bien a cualquier tienda o negocio donde se recolecten dichos envases con depósito); de otro modo, ahora sí, se le estará haciendo efectivo ese depósito y entonces el consumidor habrá pagado por su bebida y por su contaminación derivada del desecho inadecuado del envase. Cosa justa, pero sobre todo lógica.

Zapatito Verde, Zapatito Azul, Dime Cuántos Botes Tienes Tú

Con la misma lógica se pone en marcha la separación de basura en toda Alemania. La idea sigue siendo la misma: disminuir al máximo posible los impactos al medio ambiente derivados del uso (en toda la extensión de la palabra, esto es, hasta la disposición final) de los productos que una sociedad como la alemana hace y tiene. Facilitar el reciclaje es parte pues de la idea. Tema otra vez aparte es lo mucho que se tiene como impacto positivo de aquél y de la separación de basura; Alemania toma en cuenta ello y pone en marcha un programa que pareciera un ejercicio todavía más ocioso que fijar depósitos a botellas. Asignar colores, botes y bolsas especiales, contratar empresas, implementar logotipos, elaborar calendarios con días específicos para la recolección, etcétera: todo en conjunto una labor titánica y con costos asombrosos. Esto último puede ser el caso, empero, los alemanes, con toda esa precisión y sapiencia características para hacer las cosas lo más resistentes y exactas posibles, saben y toman en cuenta también los costos que significa no hacer e implementar un programa de tales magnitudes. Es decir, están convencidos que los beneficios (tanto económicos como ecológicos) son mucho mayores que los costos. Yo les creo.

Así las cosas, más allá de seguir con las comparaciones, lo importante a notar es la disposición que puede haber en distintas sociedades para aceptar y cumplir un programa. Ello es la segunda parte de mi asombro con los alemanes y sus programas del medio ambiente. Claro, se dirá, no era para menos, si son cuadrados y nada mejor que unos botes y depósitos que les digan hasta el último movimiento de su ser qué hacer con su basura. Se puede decir también que con todo y sus cuatro ángulos rectos, sus muecas (que las hay por supuesto) para regresar el envase y sus valiosos segundos perdidos en pensar dónde poner la basura, los alemanes están logrando unos avances considerables en lo que a cuidado ambiental se refiere. Que si los costos son altos y, argumento de algunos, no pueden ser pagados por las sociedades en desarrollo, puede ser cierto, pero también lo es que por esa misma magnitud, y más todavía, los beneficios presentes y futuros están teniendo lugar.

A fin de cuentas, tomar o dejar la opción de no contaminar y poder tener más y mejores verdes y azules es cosa, como tantas otras, que exclusivamente está en nuestras manos. En este sentido, la disposición y posibilidad para la aplicación de los programas ambientales que las autoridades puedan encontrar en la sociedad es acaso el elemento clave de sus programas. Depositar en colores a Alemania si bien pudo no ser idea directa de los ciudadanos “comunes” alemanes, son ellos los que la llevan a cabo y, a final de cuentas, disfrutan de sus beneficios. Nosotros también.

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