Retratos

Xavier Velasco (1964), escritor, parte de un retrato de su niñez para su novela Éste que ves (Alfaguara, 2007). Los retratos hablan y cuentan sus propias historias. Son de hecho textos escritos a pinceladas; sus autores interpretan al protagonista (sean ellos mismos o terceros) y el resto de la tarea será a cargo del espectador: misión cumplida. Velasco, por ejemplo, termina la tarea (del retratista) con sus reflexiones alrededor de lo que ve, le pasa un nuevo filtro al retrato—de ése que ve— y escribe al respecto.

Cosa muy distinta pasa con las fotografías donde uno puede ver al verdadero sujeto. Ciertamente podrá uno también hacer su interpretación o reflexión a partir de la observación, pero ésta ya será por fuerza muy distinta a aquella basada en un lienzo. Seguramente aquellas biografías o novelas de/sobre personajes como Napoleón, Cleopatra, Alejandro Magno, Mozart, y otros más donde no hay posibilidad de cotejar acaso alguna característica de su personalidad con rasgos físicos, dada la ausencia de imágenes fotográficas, en tales textos hay un algo (o un mucho, e.g., la legendaria belleza ahora puesta en duda de Nefertiti) de imaginación del autor que, para bien o para mal, el lector no tiene más remedio que aceptar.

Digo todo esto porque la tecnología de hoy puede ya darnos “verdaderos” retratos de personajes que hasta ahora sólo contaban con pinturas para verlos. Johann Sebastian Bach es uno de ellos. El siguiente es quizá el retrato más conocido de Bach:

retrato Bach

Y ésta es la fotografía que recientemente se ha obtenido por la científica escocesa Caroline Wilkinson, a partir del cráneo del compositor:

foto Bach

La técnica cumple con su papel: más de un interesado habrá en estos menesteres visuales. En este sentido yo me quedo con ése que veo con la partitura en mano, ése que, parafraseando a Velasco, de la pintura necesita salir y sabe muy bien cómo: escribiendo… música.

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Un comentario en “Retratos

  1. En efecto. De las imágenes que puedan surgir (producto de nuestra imaginación interpretativa) a lo que pudiera ser la realidad, hay un abismo ineludible en el cual habita el enemigo llamado incertidumbre. Por medio de una narrativa llevada a buen fin, podemos imaginarnos, por ejemplo, al príncipe Aldo Contí de Spota; o a Remedios la Bella, de García Márquez, ambos personajes pertenecen a un plano imaginativo al que los autores introducen para construirles a sazón del lector. Sin embargo, existen algunos a quienes sólo les conocemos a través de retratos que parten de la imaginación de terceros, ejemplo claro de ello es Jesús de Nazareth, a quien imaginamos con la beldad heredada por las corrientes pictóricas. Dicho personaje ha corrido la misma suerte que lo que comentas de Bach, pues ha sido sometido a un examen de computadora, cuyos resultados han hecho poner el grito en el cielo a las autoridades eclesiásticas, pues el rostro del verdadero Jesús (según Discovery Chanel), nada tiene que ver con la iconografía conocida, pues la computadora muestra un rostro recio, consumido por el sol, de frente y quijadas amplias, labios gruesos, nariz un tanto pronunciada y cejas muy pobladas. Sin embargo, como tú, más de uno se quedaría con el rostro delgado y apacible que nos muestran la mayoría de las pinturas del Maestro Jesús. Esto quiere decir que nos es más agradable, tanto a la vista como al intelecto, una imagen estilizada de nuestros personajes preferidos, aun cuando dicha imagen no pertenezca a la realidad.

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