Teca Huiini’

—Dígale que con cada parte de cada canción mi corazón se ha llenado todo, que he recibido el de ella.

Así fue como aquél hombre de, calculo, ochenta años resumió y agradeció aquella velada. No hablaba el mismo idioma y sin embargo, ya se ve, entendió acaso mejor que nadie lo que la música de aquella noche pretendió. Lo que pasó aquella noche; lo que pasó con él y su sentidos: no sólo el del oído sino, sobre todo, los restantes cuatro. Palpó la tierra caliente, vió el colorido de los trajes, olió las viandas de sus fiestas y las saboreó, y así escuchó a Juchitán. Estuvo en Oaxaca. Viajó a México. Conoció a Martha Toledo.

Después de haber participado en el proyecto «Lluvia de sueños» (CNCA, 2005), Martha Toledo (San Miguel Chimalapa, Oaxaca, México, 1966) graba en el 2006 su producción en solitario «Teca Huiini’», y a lo largo de trece temas Toledo nos regala un precioso medio para escuchar al Istmo de Tehuantepec y a su gente. Canta pues en español y en zapoteco. Hecha mujer, como ella misma afirma, en Juchitán de Zaragoza, Martha hace de su voz un crisol de mujeres. Hay en ella la niña que juega con sus pies y se mueve con ellos al compás de la música; la adolescente que descubre el poder de la sonrisa y la muestra con dientes blanquísimos; la joven enamorada sabedora del lenguaje de unos ojos grandes; la mujer señora con el temperamento que sólo los hijos pueden dar; la vieja, portadora de la sabiduría de los que nos precedieron y guardiana de tradiciones. Su voz habla por cada una de ellas; tiene la fuerza de todas y cada una. La voz de Martha es la de muchas. A tantas, ella les da voz.

Sólo así se entiende que, después de haber escuchado a Martha acompañada por un par de guitarras, aquél hombre se acercara y pidiera ayuda para poder hacer llegar su personal felicitación. Minutos antes había batallado para entender lo que su paisano alemán, sin micrófono en mano, iba traduciendo de lo que Martha decía a lo largo del concierto entre tema y tema; no le quedaba más que, supongo, ignorar los comentarios y quedarse únicamente con lo que salía del sistema de audio del lugar. Con todo, o a pesar de todo, ese hombre esperó pacientemente por Martha y una vez en persona, aprovechando que había un hispanoparlante de por medio —yo—, le hizo llegar su mensaje. Ella ya había cumplido con creces y él hacía lo propio. Toledo había prometido cantarnos con el corazón. La audiencia sí que lo recibió y aquél buen hombre lo confirmaba.

A estas alturas no nos queda, a aquél hombre y al resto de los que recibimos el corazón de Martha, que seguir prendidos de Martha como lo hacen, de alguna manera, en su tierra. Es decir, que si allá en Juchitán, el hombre en su declaración de amor promete a la mujer que nunca alimento le faltará, de igual forma podemos prometerle a Martha que con sus grabaciones, con su voz, nunca alimento nos faltará. Gracias, Martha Toledo.

418tom1uxdl_ss500_

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s