Una revolución en la revolución

Con esas palabras describe Mónika Krause a la circulación del libro «¿Piensas ya en el amor?», de Heinrich Brückner, en los hogares de La Habana, Cuba. Libro que por ella, Mónika, comenzó a leerse y consultarse. Eran los años 70 de una Cuba que se empeñaba en hacer valer su revolución pero que, sin embargo, mantenía intactos los papeles tradicionales del hombre y la mujer. Si bien se pugnaba por una emancipación de la mujer, hacía falta algo más que asambleas y discursos donde ésta tuviera más asientos y micrófonos disponibles. Hacía falta, sí, una revolución en la revolución, y Mónika la comenzó.

Pocas veces en la televisión abierta uno se topa con agradables sorpresas del calibre del documental «La Reina del Condón» (2007), de los suizos Silvana Ceschi y Reto Stamm. Galardonado en festivales de cine de este año que corre, lo dicho, anteayer pude verlo en la televisión y si bien era ya la medianoche, de principo a fin valió cada pestañeo. El documental toma el título de aquél que la alemana Krause se granjeó en sus años en Cuba: fue ciertamente la reina que imperaba el terreno de la educación sexual de los años 70 y 80 en aquella isla. Además de dar fe de ello en el documental, éste va más allá y nos muestra, ayudados de las historias personales de Krause y su entonces esposo e hijos, otras caras de la sociedad cubana de aquellos años y, ciertamente, de la propia revolución cubana. Temas como homosexualidad, cúpulas de poder y control de medios son tocados a la luz de la propia experiencia personal. Si en películas como «Fresa y Chocolate», por ejemplo, se habló de la homosexualidad a través de una historia ficticia (la peli en sí se basó en un cuento de Senel Paz), en la Reina uno se topa de frente con la historia real de Dictys, hijo de Mónika. Así pues se documenta esa revolución sexual en la revolución cubana: de forma directa y de la propia voz de sus más íntimos protagonistas.

Sin caer en la monotonía del relato, ayudados de dos distintos escenarios (Alemania y Cuba), los cuatro protagonistas narran a su manera los mismos hechos. Atinadamente los cubanos, la gente de a pie (es decir, se evita alguna voz oficial), se hacen presente también con sus memorias y sus otrora voz y opiniones (mostrados con grabaciones de la época). Fue Mónika quién inició tal revolución con sus ideas llevadas a cabo (sea un programa de tv o radio, la puesta en circulación de un libro, la mención sin tapujos de la palabra condón, la creación de un centro de educación sexual, etc.); se hizo reina y encabezó una particular apertura de la sociedad cubana: hacia ellos mismos.

La Reina muestra cómo la emancipación no sólo fue de la mujer, sino de ambos sexos frente a la cerrazón de sus tabues. También, se narra cómo a cada paso dado en pos de la libertad sexual y de expresión, se daba uno también hacia la salida de Cuba por parte de la guía de aquellos pasos libertarios. Mónika salió de Cuba y con ella sus hijos; hoy todos ellos desde Alemania siguen estando, de alguna manera, en Cuba. La revolución les pasó factura. Tanto la una como la otra. Como a tantos otros… para bien y para mal.

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