Sorprenderte

Tuve la suerte de contar con ella, una desconocida. Me ayudó y tuvo la paciencia de seguir todas mis instrucciones, incluso puso de su parte para hacer todavía más creíble mi ficticia historia. Bastaron unas cuantas líneas y después una llamada telefónica para contar con ella. Tuve suerte, sin duda, pues todo esto ocurrió en pocos días y al final todo fue un éxito. Han pasado ya siete febreros de aquello y sigue siendo único. Lo seguirá siendo, ni duda cabe, y más con la ayuda de desconocidos que lo único que sabrán después de todo es que: quiero sorprenderte.

En un año donde se espera que haya todo menos prosperidad, recién se echa a andar un proyecto. Es decir, que sigue habiendo emprendedores. Su idea es ser como aquella muchacha que tuvo a bien ayudarme a preparar, a hacer, mi sorpresa. Su proyecto está basado, técnicamente, como era de esperarse en estos tiempos, en la Internet (aquí la página); sin embargo, su trabajo será más bien de tipo 100% humano. Ofrecer lo inesperado, literalmente (según la segunda acepción en el diccionario de la RAE): «Conmover, suspender o maravillar con algo imprevisto, raro o incomprensible». Este último adjetivo ciertamente será el gran reto de la empresa. Hacer entender el motivo de la sorpresa. De ahí que su eslogan me parezca atinado: ¿Estás listo para sorprenderte? O sea, que garantizado está lo imprevisto y raro del cometido, el resto será cosa de uno, de aquél o aquella.

Más que publicitar, lo que intento, pues, es aplaudir la idea. Una que, ya se ve, me recordó aquél día donde mi regalo en sí no tuvo precio (de hecho los únicos gastos fueron mi pasaje y la llamada). Creo que de alguna manera la gente del mentado proyecto persigue ese fin último y, dicho sea, más genuino, que es el de dar un sobresalto a base no de monedas sino de emociones removidas. Hay dinero, sí, de por medio, pero sobre todo, y al final, hay un(os) desconocido(os) que hará(n) que se conozca y reconozca nuestro sentir de manera tal que el mejor pago y lo único que reste decirle(s) sea: gracias.

Así las cosas, ya se viene un San Valentín más y al margen del mercantilismo que lo rodea, parecer ser que uno tiene todavía opciones para hacerlo único. No por el gasto o, parafraseando a Jorge Ibargüengoitia, por lo grandote del regalo, sino por lo grandioso de éste. Enhorabuena por la gente de Sorprenderte; mis mejores deseos y desde ya mis felicitaciones.

Brindis: Por la nostalgia de aquél nuestro inolvidable encuentro rodeado de osos.

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2 comentarios en “Sorprenderte

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