Herbert

Su nombre es bastante común en estas tierras, no así su apellido: Grönemeyer. Para llegar a él por fuerza se debe pasar por una inmersión en la Alemania de hoy día. Es decir, que su extensa obra se acota al mundo sajón y muy pocas veces se le puede escuchar —y apreciar— fuera de él. Recién en la Copa FIFA 2006 saltó, de nueva cuenta (antes lo hizo en Atenas 2004 junto con Youssou N’Dour), a la tarima mundial al componer e interpretar (junto con Amadou & Marjam) el himno oficial del evento: «Celebrate the day». También, en estos menesteres de representatividad, fue el primer artista de lengua alemana en participar (en 1995) en un MTV Unplugged. Sin embargo, su peculiar estilo pocas veces encuentra un marco ideal que ayude a que su voz sea todavía más reconocida. La leyenda Charles Aznavour entra en escena.

Sin duda es una caja de sorpresas ese doble disco Duos (EMI 2009) que Aznavour recién nos regala. Dos cedés y 28 temas en total. En el cedé uno están sólo versiones en francés (13) y en el dos (con 15 pistas) es donde se da paso a las versiones en inglés, español, italiano y alemán. Ahora bien, para el caso que nos interesa —y en sí la mejor de las sorpresas— son dos los temas donde Herbert Grönemeyer logra lo que nadie del resto de artistas que aparecen en ambos discos (que son, de hecho, casi todos los del disco uno; las excepciones son Edith Piaf y, por suerte, Julio Iglesias) pudo: ofrecer dos versiones de igual calibre y, ojo, a la altura de las circunstancias (es decir, cantar en dos idiomas junto con la inconfundible y mismísima voz de Aznavour).

O sea, que en francés y en alemán Grönemeyer se da vuelo y entiende perfectamente el cometido de ambas versiones de la traviesa y gustada «Mes emmerdes» (curiosamente, hay que decirlo, el resultado no es tan claro con la contraparte alemana «Als es mir beschissen ging», aunque finalmente, ya se ve, nos acaba conquistando). En ambas se mantiene el espíritu de las respectivas versiones originales que Aznavour en su momento grabó, y, aquí el gran detalle, gracias al talento y cabal entendimiento de Grönemeyer se logran unas que ahora, bien podemos afirmar, las superan por mucho. Es decir, además de saber el qué se canta, se tiene muy en cuenta el con quién. Aznavour tiene así un dueto que se le comporta. Grönemeyer encuentra pues una oportunidad perfecta para dejar un par de muy buenas muestras de su arte.

Así las cosas, lo dicho, si la versión original francesa parecía difícil de batir, sobre todo con ese jugueteo de voces del propio Aznavour, ahora con Grönemeyer se tiene una que no le pide nada a su antecesora e incluso le da, sencillamente, el necesario y bienvenido toque [paciencia en los primeros diez segundos del video]:

Luego, si bien en la versión alemana el dueto no alcanza el nivel dado a la francesa (como otrora tampoco lo logró Aznavour), sí se mantiene la calidad de la colaboración y se logra finalmente que el idioma alemán tenga una participación sobresaliente, esta es:

En resumen, mientras seguimos escuchando a Aznavour, que se escuche más y mejor a Herbert Grönemeyer, que como aquél es ya garantía.

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