¿Un huevito en el arroz?

Este domingo El País publica un reportaje sobre la compra de seguidores en Twitter. No puedo evitar sonreír pensando en aquellos usuarios que, quizá sin los recursos de las grandes y medianas empresas, hacen también su lucha por conseguir popularidad. A veces son ellos mismos quienes a pala y pico se inventan las cuentas (o las estrategias), e incansables van engrosando ese anhelado número de seguidores. Son sin duda entusiastas de la tecla, pues así les tome un poco más de tiempo, el esfuerzo —según ellos— es recompensado.

Hay uno en particular que me ha tocado ver de cerca. Dejaré hasta el final, en imágenes —que dicen y consiguen más de mil seguidores(?)—, el nombre del usuario, y resumo a continuación la historia.

Todo empezó con el tablero de popularidad de Favstar en español (uno que, dicho sea, ya no existe dadas las constantes controversias y dimes y diretes para con el administrador del sitio). Ahí, fama al fin, el usuario en cuestión buscó a toda costa aparecer y ser parte de la constelación de tuiteros consentidos. Lo logró. Gracias a que sus conocidos, previa instrucción, marcaban como favoritos los tuits del peculiar usuario, este consiguió respaldar así su popularidad y, si bien contaba con mucho menor número de seguidores que el resto de participantes en el tablero, logró hacerse de estrellas suficientes y estar ahí tan campante en el preciado lugar. Sin embargo, bastaba una ojeada y unos cuantos clicks para descubrir y señalar la argucia; reporté el asunto en el entendido que, según el propio administrador de Favstar, tal lugar era para el genuino aplauso y reconocimiento. El usuario, no sin aspavientos de su parte,  fue removido del tablero. Siguió adelante y optó por otra estrategia: encargar a un par de terceros su promoción (ver Imagen 1). Lo curioso es que en ningún momento el usuario buscaba verse implicado directamente en esta búsqueda de reconocimiento, siempre son otros —¿admiradores, amigos, conocidos, empleados?— quienes le hacen el trabajo. Señalé de nuevo el detalle y la cuenta cómplice optó por el bloqueo y el cese de la promoción a dicho usuario… pero no a otra cuenta, pues por ingenio no paramos: otra estrategia que ha venido utilizando el usuario es hacer uso de una cuenta que, en su perfil, no sigue a nadie y es un homenaje (?) a destacados juristas de la UNAM; tiene miles de seguidores (pues amén del uso del nombre de la universidad, su campaña de promoción es similar al de la Imagen 1) y de vez en vez aprovecha para retuitear sobre todo a, claro, el usuario en cuestión (aunque después deshace el RT para que no quede grabado en el TL). Finalmente, y ello en febrero de este año, una estrategia similar a la señalada en el reportaje de El País entró en acción (ver Imagen 2 e Imagen 3); al parecer ya no la usa pero sí que echó mano de ella para conseguir más seguidores (y llegar a los seis mil: pues hasta hubo felicitación al respecto). Ahí, otra vez, al señalarla, las cuentas implicadas (cada una con más de nueve mil seguidores) se hicieron por un momento privadas, me bloquearon y borraron aquellos tuits como el de las imágenes. Hoy día funcionan con normalidad.

Así las cosas, aquí las imagenes:

Imagen 1.

Imagen 2.

Imagen 3.

¿Compras de seguidores? Si nada como el amor al arte.

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