En el estudio de un pintor o los pelillos de un pincel

Recién cuelga Asiain en su blog El misterio de Picasso, una película que hipnotiza; recién, también, leo las siguientes líneas de Lezama Lima, incluídas en La Habana: JLL interpreta su ciudad (Verbum 1991).

¡Qué hondura de luz creadora y derivada visitar estudios de pintores modernos cubanos! ¡Qué seguridad de pulso el saber que la historia de artística creación continúa su acarreo y sus asibles y preferentes aclaraciones! La ya de por sí alegre búsqueda de los colores, sus comprobaciones sobre la asimilación de la tela, su empaste de apretura o sus gemidos indetenibles cuando el cuarteado con lento crujido hace su aparición y restriega apresuramientos y caídas o mano conducida por la lentitud hasta el rendimiento de la materia. Las telas o los papeles, vueltos expresivos por la otra materia que van a recibir y a entregar de nuevo aumentada por los rasguños, las manchas, la geometría que busca encarnar por la figura y el cuerpo. Los pelillos de un pincel, punto final de una energía brotada de una sutilísima polaridad, sus primeras pruebas mantenidas por la ligereza grave del aceite, avanzando después con su pulpa de festival y dominio.

Así nuestra pintura va haciendo de su paisaje un paisaje de cultura, es decir, mundo exterior con el cual ya el hombre ha dialogado, haciéndolo suyo por definición y subrayado sensible. Al ir penetrando en nuestra expresión, al ir alcanzando forma artizada parece como si fuéramos penetrando en nuestro paisaje, rindiendo así la naturaleza a la cultura y haciendo de la cultura la segunda naturaleza, que parece ser lo propio del hombre.

El sueco que irrumpe un día por los estudios de nuestros pintores, el inglés que estudia la sutileza o violencia de nuestra luz; la norteamericana doncella que muestra curiosidades por nuestros estilos de expresión, cifras son de esa universalidad que rodea a las mejores expresiones de nuestros artistas.

Se va así ganando un estilo, se va haciendo de la diversidad una impulsión hacia lo que de veras tendremos que alcanzar y hacer nuestro. Hay allí un estado, una permanencia a través de generaciones que marchan serenas y lúcidas hacia su dignidad y la ejecución de sus formas.

JOSÉ LEZAMA LIMA, 27 de enero de 1950

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