Ideas peregrinas para el transporte de la ciudad de México

En lo que se decide modernizar al transporte público de la ciudad de México, y de cara a las últimas situaciones de contingencia ambiental, yo habilitaría un transporte emergente: el ejército, la armada de México, de chafirete. Así, con marcial orden, los autobuses cubrirían las rutas principales, es decir, las zonas con mayor conflicto. Al mismo tiempo prohibiría, por no decir sacar de circulación, a toda unidad con niveles de contaminación no tolerables. Al fin y al cabo se está frente a una emergencia (cf. el temblor del 85)

Eso por el lado público, del privado no tomaría mayor medida que la de incrementar el precio del estacionamiento en zonas, otra vez, de mayor conflicto. Algunas calles, incluso, las cerraría al tráfico de particulares, con miras a un reordenamiento de circulación: menos acceso al transporte privado y mayor al público. Los taxis no serían la excepción y seguirían los lineamientos del auto privado. El programa Hoy No Circula funcionaría como siempre (es decir, sin funcionar realmente) y no distrairía la atención del problema principal: las faltas de opciones del transporte público.

De vuelta a lo público, intentaría por todos los medios hacer más eficiente al transporte público. La medida del ejército se justificaría, lo dicho, como una situación de emergencia en lo que se reglamenta y reordena al sistema actual de concesiones. Tanto las rutas como las unidades se someterían a un proceso que, a su vez, tenga como eje un plan maestro de transporte urbano. No todas las rutas son iguales y no todas las unidades tienen que ser de un solo tipo. El plan de emergencia bien podría iniciar esa diferenciación: aquí este tipo de transporte con este número de paradas; allá este otro tipo de transporte con ese otro esquema de paradas. El precio, dicho sea, se procuraría “único”: abonos para uso en todas las redes y tarifas más o menos homologadas entre los distintos tipos de transporte (metro, bus, metrobus, tranvía, etc.). El objetivo es que la(s) opción(es) final(es) de transporte sea(n) la(s) que se acomode(n) mejor a las zonas de salidad y destino, sin menoscabo de la comodidad del usuario durante todo el trayecto y, también, de la calidad de tránsito del resto de los habitantes de la ciudad.

[continuará]

Cómo hacer campaña política en bicicleta

No lo haga. Así sepa andar en bicicleta, se notará enseguida que Ud. no anda en bicicleta, que lo suyo son los autos y que las bicicletas son, si bien les va, asunto de los fines de semana o, lo más probable, del pasado. Será evidente su falta de pericia en las calles —porque quienes en realidad las usan lo hacen ahí todos los días— y, por supuesto, su mala postura al pedalear: nadie que ande en bicicleta aguantaría más de dos cuadras con el asiento a una altura incorrecta. Este es otro tema, ¿cuánto piensa pedalear, una, dos o tres cuadras? No lo haga, ni siquiera una cuadra, pues al terminar parecerá que su esfuerzo fue el de seis cuadras; su sudor e incomodidad serán, como la falta de familiaridad, evidentes. Estará haciendo campaña por algo que no conoce: subirse y hacer como si lo conociera sería igual a no reconocer la importancia de la bicicleta como medio de transporte. Las bicicletas no necesitan de campañas, sólo de políticas.~

Algunas precisiones de las imprecisiones

“Cogió cinco panes y dos pescados, miró hacia el cielo, dijo la bendición, partió los panes y los dio a sus discípulos […] Fueron unos cinco mil hombres quienes tomaron parte de la comida.”
Mt.14:19-21

Después de que el presidente Enrique Peña Nieto anunciara la publicación de su declaración patrimonial en el Registro de Servidores Públicos de la Secretaría de la Función Pública, consulté un rubro en particular: los ingresos netos totales. Al momento hay tres declaraciones con fecha 15/01/2013, 28/05/2013 y 14/05/2014, y son de tipo ‘inicial’, ‘modificación’ y ‘modificación’, respectivamente. La primera es la única que reporta ingresos mensuales netos, las otras dos presentan ingresos anuales netos. Estas son las cifras del ingreso total en pesos mexicanos:
238205 (mensual)
452713 (anual)
3370796 (anual)

Así, los ingresos anuales se sextuplicaron (exactamente es un incremento del 644.57%) en ese año entre mayo 2013 y mayo 2014. Lo del reportado ingreso mensual en enero 2013 es curioso, pues si se lo multiplica por 12 se tiene un ingreso anual mucho mayor al de mayo del mismo año: como si para esa fecha se tuviera un decremento del 84%. Ahora bien, si se compara ese supuesto y calculado ingreso anual de enero 2013 con el reportado en mayo 2014, entonces Peña Nieto habría tenido, en un año y cinco meses, un incremento del 17.9% en sus ingresos anuales netos totales.

¿Qué hay con los pasados presidentes (en ese mismo rubro)? Curiosidades también. En el mentado Registro se puede consultar las declaraciones patrimoniales de Felipe Calderón y Vicente Fox. Las diferencias de cifras entre años, como con Peña Nieto, son notables. También, dicho sea, el ingreso mensual es la excepción: sólo en enero de 2007 se reportan para la declaraciones inicial y final, respectivamente, de Calderón Hinojosa y Fox Quesada. Los periodos cubren de mayo 2002 a enero 2007 con Fox, y enero 2007 a enero 2013 con Calderón; del primero se observa lo siguiente: disminución del ingreso en 23% de mayo 2002 a mayo 2003, incremento del 94% entre mayo 2003 y mayo 2004, y decrementos del 12 y 16% para mayo2004-mayo2005 y mayo2005-mayo2006, respectivamente. Todavía más, al calcular el ingreso anual con ese reporte de enero 2007, y compararlo con la cifra anual de mayo 2006, Fox tendría una disminución del 39% en su ingreso total neto.

El caso de Calderón es similar al de Peña Nieto en esas tres primeras declaraciones patrimoniales: enero, mayo, mayo. La primera, lo dicho, reporta una cifra mensual, las otras dos tienen ya cifras anuales. Pues bien, esto fue lo reportado como ingreso total neto (del declarante Calderón Hinojosa) en pesos mexicanos:
147134 (mensual)
340435 (anual)
2486048 (anual)

Efectivamente, los ingresos anuales entre mayo 2008 y mayo 2007 tuvieron un incremento de 630.25%. Asimismo, si se hace el mismo ejercicio del cálculo anual para enero 2007 y su comparación con mayo de ese mismo año, Calderón habría tenido una disminución del 80.71%; luego, entre enero 2007 y mayo 2008 el ingreso total neto habría visto un 40% de incremento. Para el resto de periodos, Calderón tiene estas cifras: incremento de 23.69% de mayo 2008 a mayo 2009; disminución de 6% de mayo 2009 a mayo 2010; incremento de 0.75% de mayo 2010 a mayo 2011; incremento de 3.4% de mayo 2011 a mayo 2012; y, finalmente, un decremento de 0.39% entre mayo 2012 y enero 2013.

En general, y tomando en cuenta sólo las cifras “consolidadas” de estas declaraciones patrimoniales, en cuatro años (mayo 2008-mayo 2012) Calderón Hinojosa incrementó sus ingresos anuales netos en un 20%; Fox, por su parte, en cuatro años (mayo 2002-mayo2006) los incrementó en 7.86%. ¿Qué será con Peña Nieto? Panes y peces.

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“The Miracles of the Loaves and Fish” Tintoretto, 1547. The Met, NY.

Una vida de película

Durante doce años se filmó la película Boyhood (Linklater, 2014), el mismo tiempo que el Partido Accion Nacional (PAN) estuvo al frente del poder ejecutivo en México. La película de Linklater tiene un ingrediente principal: los mismos actores durante doce años, en especial, los niños, y la historia gira sobre uno de ellos: Mason (Ellar Coltrane): su historia desde los seis hasta los dieciocho años, edad en la que ingresa a la universidad. En poco más de dos horas vemos los avatares de Mason y su familia en Texas. Una historia que puede ser como la de cualquier chico promedio estadounidense, pero no la de un mexicano.

Con todo y sus crisis familiares (padres divorciados, padrastros alcohólicos, promesas incumplidas, etcétera), el niño Mason crece con oportunidades a la vista (si no de él, al menos de quien lo rodea). Su infancia, sin duda, es de colores. En doce años, pues, se lo prepara para la edad adulta, una que seguramente será igual de promedio que la de otro chico o chica de su generación y comunidad. ¿Cómo sería un Boyhood en México?

Si pensamos en un Mason de Guerrero, México, en esos doce años veríamos el paso de un niño a las filas del narcotráfico, ejército, guerrilla o la muerte. Esta última ocasionada por una elección incómoda al resto de las opciones, ser alumno normalista, por ejemplo. En doce años, pues, no se vería más que la preparación de este Mason mexicano para la estadística de ejecutados, desempleados, sicarios, heridos, desaparecidos, en fin, números que llenarían las excusas del partido en el poder, estatal o federal, en turno.

Doce años después de una presidencia a cargo del PAN, el PRI vuelve al poder. Los cambios para seguir igual, diría Tancredi Falconeri. Cambios que incluyen a la militancia del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y similares. Cambios que en doce años no le han modificado al Mason mexicano el final de su película: la suya no es de colores, qué va, es en blanco y negro. Blanco o negro. Sobre todo, negro.~

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©Matt Lankes/IFC Films via NYT

La rumba sin rumbo del ruletero

Si queremos que todo quede igual, todo tiene que cambiar.
—Tancredi Falconeri

Una vez más los taxis de la ciudad de México cambian de color. En casi medio siglo han tenido seis cambios significativos, es decir, se han tenido que repintar casi cada diez años, aunque no por ello se hayan vuelto más eficientes. El tipo de auto, a diferencia de otras ciudades de igual escala (Nueva York o Londres), no se ha logrado estandarizar, y así se ha tenido que echar mano del color para la diferenciación.

El Volkswagen Beetle estuvo a punto de lograr ser el emblema del servicio con todo y sus dos (o tres) cambios de color; otros modelos, sobre todo el Nissan Tsuru, lo desplazaron. El color, sin embargo, ha sido el protagonista. El verde ecológico, por ejemplo, fue parte importante del giro ambientalista de las políticas públicas en la ciudad de México de los 90. Esta segunda década del siglo verá pasar al menos hasta tres tipos de combinación de colores en los taxis de la ciudad: verde y blanco (de vuelta en coches eléctricos), dorado y rojo, y rosa con blanco. ¿Qué puede ser entonces el emblema de los taxis en la ciudad de México?

Más que medidas efectivas contra la corrupción e inseguridad en el servicio de taxis, al usuario se le ha ofrecido un cambio de color según el gusto del gobierno en turno. Ni siquiera los concesionarios han tenido oportunidad de organizarse y entre ellos, y los fabricantes de autos, ofrecer un mejor servicio. El taxi, a diferencia del bus o metro, no es un transporte público; la única diferencia con el transporte privado es que la unidad (y el conductor) no pertenecen al usuario final. Así, en los taxis se tiene incluso la mejor oportunidad para dar cuenta del costo de transporte: tanto viaja uno (y sólo uno), tanto cuesta el uso (y sólo el uso) del auto y el espacio. El concesionario, entonces, tiene la responsabilidad de llevar esta cuenta lo mejor posible, y el gobierno de vigilar cualquier abuso. El color básicamente es una ayuda para diferenciar entre autos privados y autos-taxi, pues la gran diferencia está más bien en el interior del taxi y en el cobro al centavo del trayecto. Uno toma un taxi no por su color sino por su comodidad y por su costo (es decir, porque se pueda o no pagar). ¿Por qué insistir en el color como medida pública para la regulación? Porque literalmente es algo que se ve, y qué mejor para la política que ser vista a todo color.

El lugar común hace de los taxistas los más conocedores de la ciudad, ¿cómo aprovechar ese conocimiento? Hasta ahora no hay premio para el taxista, el pago depende únicamente de la tarifa; entre taxis de sitio y los llamados libres median diferencias de tarifas, colores, placas y organización interna que el usuario final resume, simplemente, en seguridad y comodidad. Así, no es de sorprender que surjan herramientas tecnológicas que busquen prescindir de esas redes de complicados intereses (taxistas, concesionarios, gobierno, uniones, fabricantes, etcétera) y quieran aprovechar la necesidad toral del uso de este tipo de servicio de alquiler. Las llamadas aplicaciones móviles (apps como Uber) entran a escena y hoy día cobran tal fuerza que incluso en países como Alemania, recientemente, se enfrentan a procedimientos legales que buscan mantenerlas al margen. Ese conocimiento —es decir, pericia— de los taxistas se ve entonces opacado por una tecnología que hace las veces de conexión entre cualquier automovilista que quiera alquilarse de taxi y un usuario dispuesto a pagar por su servicio. Todo mundo, al parecer, sin importar el nombre y apellido, con licencia para ruletear.

En Alemania el color ha sido una constante, los modelos hasta cierto punto también: la Mercedes-Benz sigue siendo, a pesar de la participación de cada vez más marcas, el ícono del taxi alemán. El taxi de sitio es el eje del sistema, los sitios están regulados y calculados; los taxistas son cada vez más gente de origen migrante, y empieza a haber más mujeres choferes de un par de años para acá. Las tarifas dependen de la ciudad, en Berlín, por ejemplo, el banderazo es casi el doble de uno en Bonn, pero en general el taxi alemán es de los más caros de Europa (y el mundo). Una app “facilitadora de transporte de alquiler” como Uber, lo dicho, quiso —y quiere— aprovecharse sobre todo de esos precios altos de los taxis y éstos han protestado: el dos de septiembre de este año se anunció en Fráncfort que tal servicio está prohibido. La compañía (de San Francisco, California) apelará e insistirá y al tiempo se sabrá en qué terminan estos dimes y diretes. Por lo pronto, los taxistas alemanes seguirán sin esas competencias, dicen, desleales.

Pero lo más importante sigue sin ver recompensa. Entre cambios cromáticos y tecnologías móviles, la pericia del taxista no es la protagonista; todo pareciera quedarse en un mambo sin rumbo. Quizá valiera, por un lado, competir con la tecnología y no contra ella, y por otro, sin importar el color, hacer del taxista y su taxi un santo y seña de un servicio que, como en sus mejores años, sea merecedor de no pocos himnos musicales. No todo tiene que cambiar.~

Taxis en Bonn

Al mercado lo que sea del mercado

Aprovecho los recientes dimes y diretes de Leo Zuckermann y Jesús Silva-Herzog Márquez sobre la razón de ser del Fondo de Cultura Económica, para traer unas líneas de Hilaire Belloc que, a su vez, Simon Leys aprovechó en citar —e incitar— en un breve artículo titulado “Escritores y dinero” (incluído en The Hall of Uselessness, 2011); son tres párrafos (que traduzco a vuelo de pájaro).

Para aquellos que han tenido que procurar las letras como una forma de comercio (y en esto yo he estado condenado toda mi vida desde mis veinticinco años), ésta es ciertamente la más dura, la más caprichosa y, en verdad, la más abominable forma del comercio, por la simple razón de que nunca tuvo el propósito de serlo.

Un hombre no tiene por qué vivir de escribir como no lo tiene de conversar, vestir o caminar y contemplar al mundo. Así como no hay relación entre la función de las letras y el efecto económico de éstas, así también no la hay entre lo bueno y lo malo del trabajo, o su magnitud, y la suma de los pagos por él. No sería natural que tuviera que haber tal relación, y de hecho no la hay.

La verdad se pierde por la gente que dice que la buena escritura no tienen mercado. Ese no es el punto. La buena escritura a veces tiene un mercado y la muy mala a veces tiene un mercado… Escribir verdades importantes a veces tiene un mercado; escribir los errores más ridículos y falsos juicios a veces tiene un mercado. El punto es que el mercado no tiene nada que ver con las cualidades adjudicadas a lo escrito… La relación entre la excelencia o utilidad de una pedazo de literatura y el número de aquellos que la comprarán en una forma particular no es una relación causal: es simplemente una caprichosa. —Hilaire Belloc

El palacio de Zamora

Seguramente no pocos asiduos y avezados lectores de Jorge Ibargüengoitia pensaron que sólo él podría echarse al hombro la historia de Rosa del Carmen Verduzco y La Gran Familia de Zamora, Michoacán. Es posible. Así como con las Poquianchis y Las muertas (1977), el “albergue” zamorano tiene sin duda material para una ficción ibargüengoitiana; la diferencia, sin embargo, es que esta vez la tragedia no parece tener tintes de humor negro. ¿Qué se puede escribir cuando uno está rodeado de niños? A saber si el de Guanajuato hubiera firmado, por ejemplo, una carta pública de apoyo a la Sra. Verduzco y su labor; a saber si, al menos, una editorial hubiera escrito al respecto, ¿a favor o en contra?, ¿en broma o en serio?

Quien sí escribió al respecto fue Robert Walser (1878-1956). Con la misma edad de muchos de los “huéspedes” de Zamora, Robert Walser comenzó a escribir sus primeras líneas en Biel; en la foto al recibir la confirmación se lo ve de unos quince años, un niño adolescente: «la vida lo negaba», llegó a escribir el adulto Walser, y su madre siempre tenía prisa, «se ocuparía de él si pudiera permitírselo».

Sí, Robert Walser debió de escribir de algo como lo de Zamora. Y lo hizo, pero no en novela (o diario, mejor dicho), aquella de Jakob von Gunten (1909) y su Instituto Benjamenta, sino en “sueños”.

El escritor de “Schloss Sutz”, incluído en Träumen (Suhrkamp, 1985), en voz de alguno de sus habitantes cuenta, mutatis mutandis, lo que ocurría en aquel recinto mexicano dirigido por la señora Verduzco. El palacio Sutz, por cierto, es una invención; la localidad existe, pero no hay palacio alguno, es una utopía… Acaso como la que algunos, qué caray, describieron en sus columnas, peticiones, crónicas y reportajes. Walser se les adelantó, y de qué manera.

Traigo aquí un fragmento del texto (con mi traducción), y dejo que el lector curioso consulte por su cuenta el resto de la narración (disponible en español en Sueños [Siruela, 2012], o bien, si deja un comentario de solicitud, y me da tiempo, próximamente en este espacio); es la parte inicial, cinco párrafos, y la final, dos párrafos; quedan pendientes ocho:

“Palacio Sutz” de Robert Walser
noviembre 1920
(fragmento, ver. de maag)

Todos nosotros estábamos ahí bien resguardados, pues la Señora resultó ser la amabilidad misma. Ella era previsora, liberal y tan contemplativa como elegante. Qué encantadora se la veía en su traje de montar. Ninguno de nosotros la olvidará jamás. «Quien conmigo se aburre comete un pecado», solía decir.

Como un sueño era estar con ella. Todo el mundo era su puntual sirviente. Para ella no había diferencias. Todos éramos como sus hijos. Así como era de joven y bella, así también encontraba el gusto para cuidarnos como una madre. Lo hacía todo tan natural como si no tuviera otras preocupaciones.

«Señores míos», decía, «soy responsable de ustedes, pero sé que me facilitarán la tarea encomendada». Y sonreía bondadosa. Como fuere, el caso es que todos estábamos encantados con ella. Cada cual contaba al otro cuán maravillado y encantado estaba con esta mujer.

Nos constaba estar cautivos, pero no lo sentíamos. La comida era nutritiva. Había pastel, buena sopa, de vez en vez una salchicha, un tipo de papas fritas llamadas rösti, café y té, y buenos puros. No deseábamos nada mejor.

Nos exhortaban para trabajar, pero no nos obligaban. Cada quien hacía algo con alegría, pues comprendía que era por su propio bien. No habríamos podido tumbarnos al sol y soñar y fantasear como aquel inútil descrito por Eichendorff.

[…] Aquí vivían el amor, el arte, la naturaleza y el cariño mutuo.

También había enfermos; ellos encontraban cuidado médico. Para todo lo necesario había discreto cuidado; todo esmero, protección, se daba naturalmente.

Así más o menos era aquello. Podría contar un poco más, pero como tiene el mismo sentido, puedo saltármelo; porque quisiera mostrarme objetivo y parecer mejor lacónico que hablador.~

Robert Walser, ca. 1893, de RW: Una biografía literaria, J. Amann

Robert Walser, ca. 1893, de Robert Walser, R. Mächler, 1992