Una hipótesis de ala triste

Se lo mandó por correo. El texto que tiempo después sería señalado como copia, como plagio, en realidad no fue un cuento, es decir, no es que alguien se lo contara al escritor indiciado. Qué va, entre escritores se refirieron por escrito el texto: «Mira, aquí te mando esto, seguro te gustará, si quieres cuéntaselo a tus lectores… publícalo». Dicho de otro modo, fue ese alguien quien copió el original y entonces mandó la copia al amigo escritor, quien después, al ser descubierto el plagio, no tuvo más remedio que decir «así me lo contaron» en lugar de un acusador «así me lo pasó por escrito, yo sólo le cambié unas cosas».~

Algunas precisiones de las imprecisiones

“Cogió cinco panes y dos pescados, miró hacia el cielo, dijo la bendición, partió los panes y los dio a sus discípulos […] Fueron unos cinco mil hombres quienes tomaron parte de la comida.”
Mt.14:19-21

Después de que el presidente Enrique Peña Nieto anunciara la publicación de su declaración patrimonial en el Registro de Servidores Públicos de la Secretaría de la Función Pública, consulté un rubro en particular: los ingresos netos totales. Al momento hay tres declaraciones con fecha 15/01/2013, 28/05/2013 y 14/05/2014, y son de tipo ‘inicial’, ‘modificación’ y ‘modificación’, respectivamente. La primera es la única que reporta ingresos mensuales netos, las otras dos presentan ingresos anuales netos. Estas son las cifras del ingreso total en pesos mexicanos:
238205 (mensual)
452713 (anual)
3370796 (anual)

Así, los ingresos anuales se sextuplicaron (exactamente es un incremento del 644.57%) en ese año entre mayo 2013 y mayo 2014. Lo del reportado ingreso mensual en enero 2013 es curioso, pues si se lo multiplica por 12 se tiene un ingreso anual mucho mayor al de mayo del mismo año: como si para esa fecha se tuviera un decremento del 84%. Ahora bien, si se compara ese supuesto y calculado ingreso anual de enero 2013 con el reportado en mayo 2014, entonces Peña Nieto habría tenido, en un año y cinco meses, un incremento del 17.9% en sus ingresos anuales netos totales.

¿Qué hay con los pasados presidentes (en ese mismo rubro)? Curiosidades también. En el mentado Registro se puede consultar las declaraciones patrimoniales de Felipe Calderón y Vicente Fox. Las diferencias de cifras entre años, como con Peña Nieto, son notables. También, dicho sea, el ingreso mensual es la excepción: sólo en enero de 2007 se reportan para la declaraciones inicial y final, respectivamente, de Calderón Hinojosa y Fox Quesada. Los periodos cubren de mayo 2002 a enero 2007 con Fox, y enero 2007 a enero 2013 con Calderón; del primero se observa lo siguiente: disminución del ingreso en 23% de mayo 2002 a mayo 2003, incremento del 94% entre mayo 2003 y mayo 2004, y decrementos del 12 y 16% para mayo2004-mayo2005 y mayo2005-mayo2006, respectivamente. Todavía más, al calcular el ingreso anual con ese reporte de enero 2007, y compararlo con la cifra anual de mayo 2006, Fox tendría una disminución del 39% en su ingreso total neto.

El caso de Calderón es similar al de Peña Nieto en esas tres primeras declaraciones patrimoniales: enero, mayo, mayo. La primera, lo dicho, reporta una cifra mensual, las otras dos tienen ya cifras anuales. Pues bien, esto fue lo reportado como ingreso total neto (del declarante Calderón Hinojosa) en pesos mexicanos:
147134 (mensual)
340435 (anual)
2486048 (anual)

Efectivamente, los ingresos anuales entre mayo 2008 y mayo 2007 tuvieron un incremento de 630.25%. Asimismo, si se hace el mismo ejercicio del cálculo anual para enero 2007 y su comparación con mayo de ese mismo año, Calderón habría tenido una disminución del 80.71%; luego, entre enero 2007 y mayo 2008 el ingreso total neto habría visto un 40% de incremento. Para el resto de periodos, Calderón tiene estas cifras: incremento de 23.69% de mayo 2008 a mayo 2009; disminución de 6% de mayo 2009 a mayo 2010; incremento de 0.75% de mayo 2010 a mayo 2011; incremento de 3.4% de mayo 2011 a mayo 2012; y, finalmente, un decremento de 0.39% entre mayo 2012 y enero 2013.

En general, y tomando en cuenta sólo las cifras “consolidadas” de estas declaraciones patrimoniales, en cuatro años (mayo 2008-mayo 2012) Calderón Hinojosa incrementó sus ingresos anuales netos en un 20%; Fox, por su parte, en cuatro años (mayo 2002-mayo2006) los incrementó en 7.86%. ¿Qué será con Peña Nieto? Panes y peces.

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“The Miracles of the Loaves and Fish” Tintoretto, 1547. The Met, NY.

El asesino que respetaba los semáforos

No hay furia más honesta que la del pecador acusado del pecado equivocado.
—Don Paterson

Desde las primeras noticias de los normalistas de Ayotzinapa, la responsabilidad individual ha sido subrayada, recalcada y confundida con la pública. Entre protestas y vacilaciones no son pocos los que ven en el individuo al meollo del asunto. «Él se lo buscó», piensan y dicen, al tiempo que extienden su razonamiento para concluir que cada cual recibe lo que da, que por eso el país está como está, «porque así somos», que si no respetan un semáforo, autobús o puerta, cómo es que quieren paz. La tragedia de los comunes cual suma de dramas individuales. El orden social, entonces, resulta de mantener cerradas las ventanas de la casa, y ay de aquél que “invite” al ladrón; la violencia, pues, se mantiene a raya con el pago puntual de impuestos y poniendo la basura en su lugar.

Cosa curiosa este individualismo: cuando uno deja de hacer lo que le toca, todo —y todos— se va al garete. ¿Quién dejó de hacer cuando lo de Ayotzinapa? ¿Quién se pasó el alto? ¿Quién compró piratería? ¿Quién de los normalistas olvidó cerrar la puerta con seguro? ¿Quién sí puede protestar? Todavía más, y en aras de la claridad, ¿cuál de todos los funcionarios públicos no echó llave al arca en la que, abierta, se sabe, hasta el más santo tuvo la mala idea de pecar? Porque si bien todo, y todos, se va al garete, sólo unos cuantos tienen clara responsabilidad. «El Estado», piensan acaso, «no tiene vela en este entierro». Cosa curiosa, sin duda, esto de los individuos y sus masas.

La autoridad, al igual que un criminal y su víctima, tiene nombre y apellido, pero ante la violencia como la de Ayotzinapa sólo hay una manera de hacerse cargo: en nombre de la autoridad en sí. Quien padece dicha violencia lo sabe; quien la practica, también. La autoridad, sin embargo, no responde a ningún nombre en Ayotzinapa. ¿De quién es responsabilidad? Los criminales están a salvo siempre y cuando me cedan el paso.~

Una vida de película

Durante doce años se filmó la película Boyhood (Linklater, 2014), el mismo tiempo que el Partido Accion Nacional (PAN) estuvo al frente del poder ejecutivo en México. La película de Linklater tiene un ingrediente principal: los mismos actores durante doce años, en especial, los niños, y la historia gira sobre uno de ellos: Mason (Ellar Coltrane): su historia desde los seis hasta los dieciocho años, edad en la que ingresa a la universidad. En poco más de dos horas vemos los avatares de Mason y su familia en Texas. Una historia que puede ser como la de cualquier chico promedio estadounidense, pero no la de un mexicano.

Con todo y sus crisis familiares (padres divorciados, padrastros alcohólicos, promesas incumplidas, etcétera), el niño Mason crece con oportunidades a la vista (si no de él, al menos de quien lo rodea). Su infancia, sin duda, es de colores. En doce años, pues, se lo prepara para la edad adulta, una que seguramente será igual de promedio que la de otro chico o chica de su generación y comunidad. ¿Cómo sería un Boyhood en México?

Si pensamos en un Mason de Guerrero, México, en esos doce años veríamos el paso de un niño a las filas del narcotráfico, ejército, guerrilla o la muerte. Esta última ocasionada por una elección incómoda al resto de las opciones, ser alumno normalista, por ejemplo. En doce años, pues, no se vería más que la preparación de este Mason mexicano para la estadística de ejecutados, desempleados, sicarios, heridos, desaparecidos, en fin, números que llenarían las excusas del partido en el poder, estatal o federal, en turno.

Doce años después de una presidencia a cargo del PAN, el PRI vuelve al poder. Los cambios para seguir igual, diría Tancredi Falconeri. Cambios que incluyen a la militancia del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y similares. Cambios que en doce años no le han modificado al Mason mexicano el final de su película: la suya no es de colores, qué va, es en blanco y negro. Blanco o negro. Sobre todo, negro.~

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©Matt Lankes/IFC Films via NYT

La rumba sin rumbo del ruletero

Si queremos que todo quede igual, todo tiene que cambiar.
—Tancredi Falconeri

Una vez más los taxis de la ciudad de México cambian de color. En casi medio siglo han tenido seis cambios significativos, es decir, se han tenido que repintar casi cada diez años, aunque no por ello se hayan vuelto más eficientes. El tipo de auto, a diferencia de otras ciudades de igual escala (Nueva York o Londres), no se ha logrado estandarizar, y así se ha tenido que echar mano del color para la diferenciación.

El Volkswagen Beetle estuvo a punto de lograr ser el emblema del servicio con todo y sus dos (o tres) cambios de color; otros modelos, sobre todo el Nissan Tsuru, lo desplazaron. El color, sin embargo, ha sido el protagonista. El verde ecológico, por ejemplo, fue parte importante del giro ambientalista de las políticas públicas en la ciudad de México de los 90. Esta segunda década del siglo verá pasar al menos hasta tres tipos de combinación de colores en los taxis de la ciudad: verde y blanco (de vuelta en coches eléctricos), dorado y rojo, y rosa con blanco. ¿Qué puede ser entonces el emblema de los taxis en la ciudad de México?

Más que medidas efectivas contra la corrupción e inseguridad en el servicio de taxis, al usuario se le ha ofrecido un cambio de color según el gusto del gobierno en turno. Ni siquiera los concesionarios han tenido oportunidad de organizarse y entre ellos, y los fabricantes de autos, ofrecer un mejor servicio. El taxi, a diferencia del bus o metro, no es un transporte público; la única diferencia con el transporte privado es que la unidad (y el conductor) no pertenecen al usuario final. Así, en los taxis se tiene incluso la mejor oportunidad para dar cuenta del costo de transporte: tanto viaja uno (y sólo uno), tanto cuesta el uso (y sólo el uso) del auto y el espacio. El concesionario, entonces, tiene la responsabilidad de llevar esta cuenta lo mejor posible, y el gobierno de vigilar cualquier abuso. El color básicamente es una ayuda para diferenciar entre autos privados y autos-taxi, pues la gran diferencia está más bien en el interior del taxi y en el cobro al centavo del trayecto. Uno toma un taxi no por su color sino por su comodidad y por su costo (es decir, porque se pueda o no pagar). ¿Por qué insistir en el color como medida pública para la regulación? Porque literalmente es algo que se ve, y qué mejor para la política que ser vista a todo color.

El lugar común hace de los taxistas los más conocedores de la ciudad, ¿cómo aprovechar ese conocimiento? Hasta ahora no hay premio para el taxista, el pago depende únicamente de la tarifa; entre taxis de sitio y los llamados libres median diferencias de tarifas, colores, placas y organización interna que el usuario final resume, simplemente, en seguridad y comodidad. Así, no es de sorprender que surjan herramientas tecnológicas que busquen prescindir de esas redes de complicados intereses (taxistas, concesionarios, gobierno, uniones, fabricantes, etcétera) y quieran aprovechar la necesidad toral del uso de este tipo de servicio de alquiler. Las llamadas aplicaciones móviles (apps como Uber) entran a escena y hoy día cobran tal fuerza que incluso en países como Alemania, recientemente, se enfrentan a procedimientos legales que buscan mantenerlas al margen. Ese conocimiento —es decir, pericia— de los taxistas se ve entonces opacado por una tecnología que hace las veces de conexión entre cualquier automovilista que quiera alquilarse de taxi y un usuario dispuesto a pagar por su servicio. Todo mundo, al parecer, sin importar el nombre y apellido, con licencia para ruletear.

En Alemania el color ha sido una constante, los modelos hasta cierto punto también: la Mercedes-Benz sigue siendo, a pesar de la participación de cada vez más marcas, el ícono del taxi alemán. El taxi de sitio es el eje del sistema, los sitios están regulados y calculados; los taxistas son cada vez más gente de origen migrante, y empieza a haber más mujeres choferes de un par de años para acá. Las tarifas dependen de la ciudad, en Berlín, por ejemplo, el banderazo es casi el doble de uno en Bonn, pero en general el taxi alemán es de los más caros de Europa (y el mundo). Una app “facilitadora de transporte de alquiler” como Uber, lo dicho, quiso —y quiere— aprovecharse sobre todo de esos precios altos de los taxis y éstos han protestado: el dos de septiembre de este año se anunció en Fráncfort que tal servicio está prohibido. La compañía (de San Francisco, California) apelará e insistirá y al tiempo se sabrá en qué terminan estos dimes y diretes. Por lo pronto, los taxistas alemanes seguirán sin esas competencias, dicen, desleales.

Pero lo más importante sigue sin ver recompensa. Entre cambios cromáticos y tecnologías móviles, la pericia del taxista no es la protagonista; todo pareciera quedarse en un mambo sin rumbo. Quizá valiera, por un lado, competir con la tecnología y no contra ella, y por otro, sin importar el color, hacer del taxista y su taxi un santo y seña de un servicio que, como en sus mejores años, sea merecedor de no pocos himnos musicales. No todo tiene que cambiar.~

Taxis en Bonn

Brendel en entrevista con Paz

Hoy viernes 12 de septiembre la Süddeutsche Zeitung Magazin publica una entrevista con Alfred Brendel. El entrevistador, Malte Herwig, saca a colación a Octavio Paz; aquí esa parte del diálogo.

¿Hace más ruido el mundo de hoy que el de hace cincuenta años?

Nuestro oídos están hoy día expuestos a niveles de ruido, contaminación auditiva, vulgarización y brutalidad sin iguales. Así, el oído es el primer órgano sensorial que ya desde el seno materno se lo pone en agitación; es un órgano maravilloso y valioso, uno tiene que tratarlo con cuidado.

¿Ayuda en algo oír durante el embarazo las sonatas para piano de Mozart con Brendel?

Eso no podría decirlo. Pero si la madre, por ejemplo, canta bien, entonces eso puede ayudar en algo.

Octavio Paz escribió alguna vez que la música se extiende hasta en el silencio como la arquitectura en el espacio.

La música viene del silencio y conduce al silencio. Eso es un factor muy importante. Y destaca en las salas de concierto, cuando el silencio del público es inexistente y hay dos o tres nerviosos tosedores que en nada saben lo que hacen. El círculo se rompe, ése que va del escenario al auditorio y que vuelve de ahí hacia los intérpretes.

Usted alguna vez ha interrumpido sus conciertos y pedido amablemente a la gente callar la tos.

Yo creo que esta gente ni siquiera se da cuenta que molesta. Hay muchas personas que hoy en día están acostumbrados a sentarse frente a la televisión, donde algo sale pero nada va de regreso. Ellos creen que en un concierto es igual y no se enteran que molestan a la gente que está sentada a su alrededor… ¡y al pianista en el escenario que a veces lo escucha sobre todo!

Alfred Brendel (Barbara Klemm) y Octavio Paz (Juan Rodrigo Llaguno)

Alfred Brendel (Barbara Klemm) y Octavio Paz (Juan Rodrigo Llaguno)

*Traducción y edición: maag; fotos de Brendel y Paz tomadas sin permiso y sin ánimo de lucro de http://www.colbertartists.com y http://oralapluma.blogspot.mx, respectivamente.

Al mercado lo que sea del mercado

Aprovecho los recientes dimes y diretes de Leo Zuckermann y Jesús Silva-Herzog Márquez sobre la razón de ser del Fondo de Cultura Económica, para traer unas líneas de Hilaire Belloc que, a su vez, Simon Leys aprovechó en citar —e incitar— en un breve artículo titulado “Escritores y dinero” (incluído en The Hall of Uselessness, 2011); son tres párrafos (que traduzco a vuelo de pájaro).

Para aquellos que han tenido que procurar las letras como una forma de comercio (y en esto yo he estado condenado toda mi vida desde mis veinticinco años), ésta es ciertamente la más dura, la más caprichosa y, en verdad, la más abominable forma del comercio, por la simple razón de que nunca tuvo el propósito de serlo.

Un hombre no tiene por qué vivir de escribir como no lo tiene de conversar, vestir o caminar y contemplar al mundo. Así como no hay relación entre la función de las letras y el efecto económico de éstas, así también no la hay entre lo bueno y lo malo del trabajo, o su magnitud, y la suma de los pagos por él. No sería natural que tuviera que haber tal relación, y de hecho no la hay.

La verdad se pierde por la gente que dice que la buena escritura no tienen mercado. Ese no es el punto. La buena escritura a veces tiene un mercado y la muy mala a veces tiene un mercado… Escribir verdades importantes a veces tiene un mercado; escribir los errores más ridículos y falsos juicios a veces tiene un mercado. El punto es que el mercado no tiene nada que ver con las cualidades adjudicadas a lo escrito… La relación entre la excelencia o utilidad de una pedazo de literatura y el número de aquellos que la comprarán en una forma particular no es una relación causal: es simplemente una caprichosa. —Hilaire Belloc