Los 25 libros en alemán que todo alemán debería haber leído

En un número especial (de regalo) del tabloide Bild por los 25 años de la Reunificación Alemana, el crítico literario (recién fallecido) Hellmuth Karasek enlista “25 libros en alemán que todo mundo debería haber leído”. Aquí la lista (con el título en español según Wikipedia) de obras, autores y año de publicación.

  1. Die Blechtrommel (El tambor de hojalata), Günther Grass, 1959
  2. Der Prozess (El proceso), Franz Kafka, 1925
  3. Effie Briest, Theodor Fontane, 1896
  4. Deutschstunde (Lección de alemán), Siegfried Lenz, 1968
  5. Weiter leben (Seguir viviendo), Ruth Klüger, 1992
  6. Tschick (Goodbye Berlin), Wolfgang Herrndorf, 2010
  7. Der Steppenwolf (El lobo estepario), Herman Hesse, 1927
  8. Im Westen nichts Neues (Sin novedad en el frente), Erich Maria Remarque, 1929
  9. Die Verwirrungen des Zöglings Törless (Las tribulaciones del estudiante Törless), Robert Musil, 1906
  10. Der Zauberberg (La montaña mágica), Thomas Mann, 1924
  11. Frau Jenny Treibel (La señora Jenny Treibel), Theodor Fontane, 1892
  12. Die Klavierspielerin (La pianista), Elfriede Jelinek, 1983
  13. Die Strudlhofstiege (Las escaleras de Strudlhof), Heimito von Doderer, 1951
  14. Berlin Alexanderplatz, Alfred Döblin, 1929
  15. Holzfällen (Tala), Thomas Bernhard, 1984
  16. Buddenbrooks (Los Buddenbrooks), Thomas Mann, 1901
  17. Professor Unrat (El profesor Unrat), Heinrich Mann, 1904
  18. Herr Lehmann (Cómo ser el señor Lehmann), Sven Regener, 2001
  19. Radetzkymarsch (La marcha Radetzky), Joseph Roth, 1932
  20. Der Vorleser (El lector), Bernhard Schlink, 1995
  21. Der Turm (La torre), Uwe Tellkamp, 2008
  22. Erfolg, Lion Feuchtwanger, 1930
  23. Jeder stirbt für sich allein (Solo en Berlín), Hans Fallada, 1947
  24. Schloss Gripsholm (El castillo de Gripsholm), Kurt Tucholsky, 1931
  25. Wunschloses Unglück (Desgracia indeseable), Peter Handke, 1972

Adenda
Por cierto, aquí el recién fallecido Karasek y su crítica… al catálogo de IKEA:

La rumba sin rumbo del ruletero

Si queremos que todo quede igual, todo tiene que cambiar.
—Tancredi Falconeri

Una vez más los taxis de la ciudad de México cambian de color. En casi medio siglo han tenido seis cambios significativos, es decir, se han tenido que repintar casi cada diez años, aunque no por ello se hayan vuelto más eficientes. El tipo de auto, a diferencia de otras ciudades de igual escala (Nueva York o Londres), no se ha logrado estandarizar, y así se ha tenido que echar mano del color para la diferenciación.

El Volkswagen Beetle estuvo a punto de lograr ser el emblema del servicio con todo y sus dos (o tres) cambios de color; otros modelos, sobre todo el Nissan Tsuru, lo desplazaron. El color, sin embargo, ha sido el protagonista. El verde ecológico, por ejemplo, fue parte importante del giro ambientalista de las políticas públicas en la ciudad de México de los 90. Esta segunda década del siglo verá pasar al menos hasta tres tipos de combinación de colores en los taxis de la ciudad: verde y blanco (de vuelta en coches eléctricos), dorado y rojo, y rosa con blanco. ¿Qué puede ser entonces el emblema de los taxis en la ciudad de México?

Más que medidas efectivas contra la corrupción e inseguridad en el servicio de taxis, al usuario se le ha ofrecido un cambio de color según el gusto del gobierno en turno. Ni siquiera los concesionarios han tenido oportunidad de organizarse y entre ellos, y los fabricantes de autos, ofrecer un mejor servicio. El taxi, a diferencia del bus o metro, no es un transporte público; la única diferencia con el transporte privado es que la unidad (y el conductor) no pertenecen al usuario final. Así, en los taxis se tiene incluso la mejor oportunidad para dar cuenta del costo de transporte: tanto viaja uno (y sólo uno), tanto cuesta el uso (y sólo el uso) del auto y el espacio. El concesionario, entonces, tiene la responsabilidad de llevar esta cuenta lo mejor posible, y el gobierno de vigilar cualquier abuso. El color básicamente es una ayuda para diferenciar entre autos privados y autos-taxi, pues la gran diferencia está más bien en el interior del taxi y en el cobro al centavo del trayecto. Uno toma un taxi no por su color sino por su comodidad y por su costo (es decir, porque se pueda o no pagar). ¿Por qué insistir en el color como medida pública para la regulación? Porque literalmente es algo que se ve, y qué mejor para la política que ser vista a todo color.

El lugar común hace de los taxistas los más conocedores de la ciudad, ¿cómo aprovechar ese conocimiento? Hasta ahora no hay premio para el taxista, el pago depende únicamente de la tarifa; entre taxis de sitio y los llamados libres median diferencias de tarifas, colores, placas y organización interna que el usuario final resume, simplemente, en seguridad y comodidad. Así, no es de sorprender que surjan herramientas tecnológicas que busquen prescindir de esas redes de complicados intereses (taxistas, concesionarios, gobierno, uniones, fabricantes, etcétera) y quieran aprovechar la necesidad toral del uso de este tipo de servicio de alquiler. Las llamadas aplicaciones móviles (apps como Uber) entran a escena y hoy día cobran tal fuerza que incluso en países como Alemania, recientemente, se enfrentan a procedimientos legales que buscan mantenerlas al margen. Ese conocimiento —es decir, pericia— de los taxistas se ve entonces opacado por una tecnología que hace las veces de conexión entre cualquier automovilista que quiera alquilarse de taxi y un usuario dispuesto a pagar por su servicio. Todo mundo, al parecer, sin importar el nombre y apellido, con licencia para ruletear.

En Alemania el color ha sido una constante, los modelos hasta cierto punto también: la Mercedes-Benz sigue siendo, a pesar de la participación de cada vez más marcas, el ícono del taxi alemán. El taxi de sitio es el eje del sistema, los sitios están regulados y calculados; los taxistas son cada vez más gente de origen migrante, y empieza a haber más mujeres choferes de un par de años para acá. Las tarifas dependen de la ciudad, en Berlín, por ejemplo, el banderazo es casi el doble de uno en Bonn, pero en general el taxi alemán es de los más caros de Europa (y el mundo). Una app “facilitadora de transporte de alquiler” como Uber, lo dicho, quiso —y quiere— aprovecharse sobre todo de esos precios altos de los taxis y éstos han protestado: el dos de septiembre de este año se anunció en Fráncfort que tal servicio está prohibido. La compañía (de San Francisco, California) apelará e insistirá y al tiempo se sabrá en qué terminan estos dimes y diretes. Por lo pronto, los taxistas alemanes seguirán sin esas competencias, dicen, desleales.

Pero lo más importante sigue sin ver recompensa. Entre cambios cromáticos y tecnologías móviles, la pericia del taxista no es la protagonista; todo pareciera quedarse en un mambo sin rumbo. Quizá valiera, por un lado, competir con la tecnología y no contra ella, y por otro, sin importar el color, hacer del taxista y su taxi un santo y seña de un servicio que, como en sus mejores años, sea merecedor de no pocos himnos musicales. No todo tiene que cambiar.~

Taxis en Bonn

Un nido por un balón

Aquellos estribillos de vez en cuando me vienen a la cabeza: la de un niño es quizá su mejor nido. “México ochenta y seis, México ochenta y seis, el mundo unido por un balón” y “El equipo tricolor tiene mucho corazón y en la cancha lo demostrará” siguen ahí dando vueltas. México ’86 fue mi primer Mundial y el único que seguí puntualmente, incluso hasta con algún producto oficial: los shorts del equipo tricolor (pues la playera, a saber por qué, nunca me interesó). Desde entonces mi atención a los mundiales ha sido más bien tangencial, sobre todo por mis gustos deportivos. A veces apoyaba al equipo de México y a veces me daba igual. Emigré a Alemania unos años antes del 2006 y la situación con “mis equipos de casa” no cambió: a veces hinchaba y a veces no: me era sólo pambol. Este año, por los jugadores y el entrenador, la selección alemana me fue más simpática; la de México, dicho sea, también.

Pero vuelvo a los estribillos. Esta vez son en alemán: “Ein Hoch auf uns, auf dieses Leben, auf den Moment, der immer bleibt!”, se oye en la radio y en cada transmisión mundialista de la televisión pública alemana. La canción se titula “Auf uns” (Por nosotros) y el intérprete es Andreas Bourani, un chico bávaro de ascendencia egipcia que tenía tres años cuando el México ’86, y que vive desde 2008 en Berlín. Su carrera profesional apenas cumplirá cinco años, el éxito mundialista se incluye en su segundo disco, Hey (Universal Music, 2014), y el canal ARD fue el que escogió la canción para sus transmisiones del Mundial Brasil 2014. Bourani cuenta que con un brindis entre amigos nació la canción: “Estuvo tan bien ese momento que tenía que escribir algo; la vida es así, lo bueno nunca es un estado permanente: son momentos que se encadenan.” Esta es la canción [con mi traducción]:

Auf uns – Andreas Bourani
Wer friert uns diesen Moment ein, [quién congela de nosotros este momento]
besser kann es nicht sein. [no puede haber nada mejor]
Denkt an die Tage, die hinter uns liegen, [piensen en los días pasados]
wie lang wir Freude und Tränen schon teilen. [cuánta alegría y lágrimas hemos compartido]
Hier geht jeder für jeden durchs Feuer, [aquí ponen todos las manos al fuego por todos]
im Regen stehn wir niemals allein. [nadie se queda solo bajo la lluvia]
Und solange unsre Herzen uns steuern, [y mientras nuestro corazón nos lleve]
wird das auch immer so sein. [así siempre será]

Ein Hoch auf das was vor uns liegt, [un brindis por todo esto]
Dass es das Beste für uns gibt; [es lo mejor que hay para nosotros]
Ein Hoch auf das was uns vereint [un brindis por lo que nos une]
auf diese Zeit. [en estos tiempos]
Ein Hoch auf uns, [un brindis por nosotros]
auf dieses Leben, [por esta vida]
auf den Moment, [por el momento]
der immer bleibt! [que siempre queda]
Ein Hoch auf uns, [un brindis por nosotros]
auf jetzt und ewig [ahora y para siempre]
auf einen Tag Unendlichkeit! [por un día interminable]

Wir haben Flügel, schwören uns ewige Treue [tenemos alas, juremos lealtad eterna]
Vergolden uns diesen Tag; [dorémosnos este día]
Ein Leben lang ohne Reue, [una vida sin remordimientos]
vom ersten Schritt bis ins Grab. [desde la cuna hasta la tumba]

Ein Feuerwerk aus Endorphinen [unos fuegos artificiales de endorfinas]
Ein Feuerwerk zieht durch die Nacht [unos fuegos artificiales transcurren por la noche]
So viele Lichter sind geblieben [tantas luces permanecen]
Ein Augenblick, der uns unsterblich macht [un momento que nos hace inmortales]

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=pg9k-lAM7M8]

La canción, sin duda, celebra. El video oficial es además una celebración por y para la Alemania de hoy, incluyendo a la mundialista; aquí un par de ligas: 1) en youtube y 2) en myvideo. A mí se me ha metido la canción en la cabeza y, acaso por estar como niño en este Mundial, ya hace nido el estribillo. Dice Bourani que le daría mucho gusto que este 13 de julio se celebrara el campeonato también con la canción. Ya se verá. Un día así, por cierto, se jugó el primer partido en la historia de los mundiales: Francia contra México en Uruguay 1930; este domingo, se sabe, juegan el último partido de Brasil 2014 los equipos de Alemania y Argentina. ¿Auf uns ya se oirá?~

Eso lo sé

Trina el pardillo
del cerezo —de pronto
él está en flor.

~Imma von Bodmershof (1895-1982)
*versión de maag

ver en instagram

(c)donmaag

Vuelven a florecer los cerezos de las calles de Bonn. En especial los de dos calles, ambas en la parte vieja de la ciudad, al norte: Heerstrasse y Breite Strasse, cuya disposición hace de estas el atajo entre el Rin y el centro de la ciudad. La primera, por cierto, sería en español la “calle del ejército (o las huestes)” —y así lo fue en tiempos romanos—, pero en alemán se presta más para lo que hoy es: eine herrliche Heerstrasse; la segunda es sencillamente una calle ancha, y que da la bienvenida a la parte vieja de la ciudad (con un gran letrero en uno de sus extremos: Altstadt). Los cerezos no son de toda la vida: llegaron en los 80 gracias a una mujer, la entonces planificadora de la ciudad, Brigitte Denkel.

Antes de los cerezos en ese par de calles abundaban los coches y el gris. Había en promedio anual tres muertos por accidente automovilístico, las fachadas eran deslavadas y además de paso, las calles solo servían de estacionamiento. Más nada. A la luz de tales sombras se propuso, para reducir el tránsito vehicular, modificar las calles con pequeñas glorietas y mojones à la romana, y a las aceras volverlas peatonales, iluminarlas con faroles y sembrarlas de cerezos. En 1984 empezaron los trabajos no sin aspavientos de los vecinos: no querían árboles a las puertas de su casa, ni perder sus preciados estacionamientos. La señora Denkel echó pa’lante y son ya treinta años en que cada inicio de primavera se inaugura con el florecimiento de los cerezos.

heerstrasse bonn 02

(c)donmaag

Los turistas de estas primeras fechas primaverales preguntan tal cual dónde están las calles rosas. Y ahí se los ve con cámara en mano. No son pocos los de oriente, ¿de Japón?, que incluso con trípodes van tomando lugar a lo largo de la calle. El resto de calles toman parte del festín: cada año hay todo un programa de primavera del Altstadt con eventos en interiores y, por supuesto, exteriores. El principal acaso es, claro, el Festival de los Cerezos y Mercado de Pulgas (o mercadillo), donde todo un sábado los locales salen a la calle y montan sus mesas para tener un bazar a la sombra de los cerezos. Qué mejor luz.

heerstrasse bonn 03

(c)donmaag

Un carnaval de hueso colorado

Colonia es para muchos la capital del carnaval alemán. Cuando Bonn dejó de ser la capital, no pocos dijeron que en Berlín se echaría de menos sobre todo al carnaval. No les faltaba razón, pues sin duda en Colonia hay una quinta estación en los días de carnaval.

(Un paréntesis para un chiste local que alude a la “rivalidad” de la zona: el carnaval renano se divide en tres (tomando en cuenta el curso, río abajo, del Rin): la cabeza es Bonn, el corazón es Colonia y el culo es Düsseldorf.)

Hace cuatro años escribí unas líneas alusivas al carnaval; en ellas esbocé apenas detalles de tan mentada celebración, y no me detuve en lo que quizá es lo más valioso: el corazón del carnaval. La música de carnaval, escribí, es con letras bobas y ritmos monótonos: gran error. Es decir, lo es sólo en fechas recientes, cuando cada vez más el carnaval se extiende por factores externos (v.gr., la cobertura en los medios, el turismo), y no porque desde su interior se pretenda el eco artificial de su voz original. Ésta, dicho sea, no es precisamente en alemán, sino en Kölsch. Mi lectura, pues, resultó más bien superficial.

Acaso como con las relaciones interpersonales de los alemanes, el carnaval renano (quiero decir, coloniense) exige también que uno llegue a su interior para entonces sí darse del todo y hacerse querer. Si uno se queda, por ejemplo, con esa música boba y esas celebraciones callejeras rebosantes de alcohol, no sorprenderá que algunos (locales o foráneos) eviten incluso la celebración. Pero apenas entren, literalmente, al corazón del carnaval, dudo mucho que lo sigan teniendo como una fiesta más.

Durante carnaval, desde el once de noviembre hasta el lunes previo al Miércoles de Ceniza, no hay fiestas en sí para los “locos renanos” (que es una traducción cercana a lo que sería un Jeck), lo que hay son reuniones (Sitzung). Uno va pues a juntas de personas que con mesas de por medio y un estrado celebran la época. Ahí se cuentan historias humorísticas (que cada vez más, digámoslo, degeneran en llanos chistoretes); se presentan grupos de baile (vestidos a la usanza militar decimonónica, cuando la ocupación napoleónica en Renania); y se escucha música… en kölsch. El idioma es protagonista del carnaval, éste incluso ha sido el mejor medio para el reconocimiento de tal lengua. Quizá también supervivencia: hoy día se disputa más y más su lugar en las “canciones de carnaval”. La fiesta gana terreno y de ahí que los conservadores de carnaval, que los hay, año con año busquen la reivindicación de la originalidad del carnaval en Colonia: su idioma, su música y su naturaleza como punto de reunión.

Porque lo cierto es que las canciones clásicas de carnaval son aquellas que apelan a un canto, uno grupal (y si se puede hasta coral). No se busca entonar la canción de moda (algo que cada vez más invade la escena), Volksmusik (“música vernácula”) o Schlager (“baladas poperas”); en carnaval se pretende la unidad desde la originalidad de una lengua y un “espíritu” local. Lo que se ve en la calle, en los desfiles, es ya sólo el producto final, y a veces residual, de lo que se procura en aquellas reuniones privadas (pero abiertas): forjar una identidad común que, si bien temporal, sea piedra de toque para los avatares del resto del año. Es en serio, los renanos tienen una quinta estación.

Los bares y tabernas son sin duda lugar de encuentro en los días de carnaval, pero no es ahí, ojo, donde se dan aquellas Sitzung. Como sea, la música, y baile, tiene lugar y uno puede, con suerte, escuchar alguna canción en kölsch que haga olvidar la monotonía de la jornada. Lo dicho, las hay ya clásicas y seguramente para algunos, metidos ya en estas lides, resultarán también choteadas, repetitivas o cansinas, pero afortunadamente hay también otras que no pierden su valor sin importar cuánto se escuchen: “Ich ben ene kölsche Jung” es una de ellas.

La historia de “Soy un joven coloniense” se cuenta con endecasílabos (nada raro toda vez que la métrica no es ajena en algunos números humorísticos de antaño). Fritz Weber la escribió en 1963, cuando ya sus composiciones estaban de lleno dedicadas al carnaval; Willy Millowitsch fue el intérprete que la popularizó. El estribillo es así:

Ich ben ene kölsche Jung, wat willste maache?
Ich ben ene kölsche Jung un dun jään laache.
Ich ben och söns nit schlääch, nä ich ben brav,
Ming Lieblingswöötsche, heiss »Kölle Alaaf!«

Una traducción (sin rimas) podría ser:

Soy joven coloniense, ¿qué le hacemos?
Soy joven coloniense y me río.
Pero malo no soy, me porto bien,
mi mejor frase es “Kölle, Alaaf!”.

Esa frase es el santo y seña de estos días. El grito de guerra, si se quiere. No es nueva: data del siglo XVI; su uso en carnaval viene desde el XIX. El significado, dicen, bien podría ser el llamado (a la gente de Colonia) a acabar con todo (all af!) antes de la vigilia de la Cuaresma, esto es, comida y bebida y disponible. Como fuere, aquí cierro con una entrañable versión de la canción en voz (y mandolina) de Hans Süper Jr.:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=iSW-hDVY24c]

Alaaf!

Anécdota (de Heinrich von Kleist)

Arroyo, cuando murió su mujer, tuvo que ocuparse de los preparativos del funeral. El pobre hombre estaba empero acostumbrado a dejar todo en manos de la mujer; así, cuando un viejo empleado llegó a pedirle el dinero para el crespón que quería comprar, él, con lágrimas en los ojos y la cabeza apoyada en la mesa, respondió: «dígale a mi mujer».

[~1810-1811]

*ver. de MAAG

Insultos y similares

  • viejo pendenciero
  • viejo remendado
  • inmundo
  • pellejero
  • manchón
  • impostor
  • carademono
  • necio
  • vieja puta
  • espurio
  • bruto
  • granuja
  • torpe
  • bocafloja
  • bellaco
  • canalla
  • burro
  • bribón
  • jetadechango
  • zoquete
  • estúpido
  • malandrín
  • pillo
  • ladrón
  • golfa
  • tarado
  • güey
  • cabrón
  • guarra
  • tipejo
  • saco de pulgas
  • pedazo de tonto
  • carne de horca
  • hatajo de puercos
  • patán
  • sinvergüenza
  • mequetrefe
  • pícaro
  • mocoso
  • pico de pájaro
  • cachorro
  • haragán
  • pilluelo
  • desperdicio de pan
  • colilla
  • cobarde
  • bruja
  • chusma
  • carroñero
  • prostituta de regimiento
  • fanfarrón
  • irse al diablo
  • que te viole el diablo
  • que te parta un rayo
  • verselas mil veces negras
  • rayos y centellas
  • pasar apuros
  • ¡santos cielos!
  • ¡demonios!

@GC_Lichtenberg (1775)

NB. El original en alemán (con * sin traducción en la lista):

Schimpfwörter und dergleichen

alter Krachwedel; alter Hosenhuster; Dreck auf den Bart (Araber); Bärnhäuter; Schandbalg; Betrüger; Lork*; Affengesicht; Narre; Matz*; alte Hure; Bankert; Flegel; Rekel*; Bengel; Tölpel; Gelbschnabel; Schuft; Hundsfott; Esel; Schlingel; Maul-Affe; Klotzkopf; Dummkopf; Schurke; Spitzbube; Dieb; Hure; Nickel; Mensch; Drecksau; Schlampe; Vettel*; Luder; Lausewenzel*; Flöhbeutel; Galgenschwengel; Galgenvogel; Sauwedel; Lümmel; Saulümmel; Laffe; Schelm; Rotzlöffel; Schnauzhahn; Hundejunge; Poltron; Lausebalg; Schandbalg*; Scheißmatz; Knasterbart; Memme; Hexe; Canaille; Trulle*; Schind-Aas; Regiments-Hure; ————Nickel; hol dich der Teufel; daß dich tausend Teufel zerreißen; daß dich der Donner und das Wetter erschlüge; daß du tausend Schwere Not hättest; daß du die Kränke hättest*; Blitz, Hagel, und alle Wetter; Schwere Not!; Himmel Sakrament!; Potz Donner, und der Teufel*; Tausend Sakrament*; Beim Teufel.  [D 661]