La claridad de Pellicer

Ciertamente hace casi un año publiqué en este espacio un poema de Pellicer, Si fueras tú lo que al pasar se queda, que sólo está disponible en la antología «Era mi corazón Piedra de Río» (Editorial Aldus, 1997).  La sombra del agua recién me deja (en los comentarios de dicho post) un verso más, parte también de esa antología, y yo busco entonces más de Carlos en la red y encuentro esta breve antología editada por Guillermo Fernández en la excelente página de la Coordinación de Difusión Cultural-Dirección de Literatura de la UNAM. Me quedo… atrapa por el momento Con este cielo y estos lagos.

Con este cielo y estos lagos
eres lo que deseo.
Me pienso en Luz y lo afilado acero.
Amo así tu belleza
y en mí las energías misteriosas
para poder amarte tanto.
A mil kilómetros tu mirada triste,
tu voz suena en las violas y en las ramas.
La ventana entreabierta de la tarde.
El horizonte en ti, el agua deshojada,
la flor entre las páginas del día.
La soledad que llevo siempre en flor.
Tú callas y me miras
con tu mirada triste y tu silencio.
Yo estoy hecho de cantos escondidos,
perdido entre las cosas,
oyendo el aria antigua de tu ausencia,
sin saber que decirle a los demás.

El cielo de los lagos está en mi corazón.
Y en la noche que llega,
ni tú ni yo.

Carlos Pellicer
Villahermosa, Tabasco, 13 de octubre de 1969

Quedo así, sin saber qué decir. Sin saber qué decirte.

Si fueras tú lo que al pasar se queda

Mirándote en mis ojos
con la ternura que mi carne puede,
destruyo el tiempo y encarezco intacto
y salgo a la ventana
como si fuera por primera vez.
Cuánto cielo y cuánto horizonte;
qué poder en las cosas;
qué esperanza tan blanca;
qué líquido el metal de la experiencia;
qué timbre en las cantantes arboledas;
qué soledad en todo lo pasado.
Si fueras tú lo que al pasar se queda;
si me escucharas sin oírme hablar,
si todo lo que tengo
te pareciera lo mejor; si el mundo
nos recibiera lleno de rocío.
Estoy con el diamante
de ti en la palma de la mano;
no me quiero mover dese momento,
ni esconderme de mí de tanto encanto.
24 de enero de 1971
Incluído en la antología Era mi corazón Piedra de Río (Editorial Aldus, 1997).
El poema es sin título, me permití titular la nota (el post) con esa mágica línea, una que desde que la leí no me soltó y no paré hasta dar con el resto del texto (gracias mil, A.). No queda más que leerlo y desear. Desearlo.
Sobre la antología, me sirvo de la introducción de Dionicio Morales (selección y prólogo):
Cuando en 1976 sale publicado su libro Cuerdas, persecución y alientos editado por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, el maestro Carlos Pellicer me comenta que le gustaría ver reunidos en un solo volumen sus poemas “sentimientosos” a los que nadie hacía caso, según él. Me entusiasmé con la idea y recogí sus poemas de amor, los cuales no pudo revisar por su campaña para senador de Tabasco. Después muere repentinamente el 16 de febrero de 1977. El libro permaneció guardado y la idea se mantuvo viva durante veinte años. Era mi corazón piedra de río es más que una antología y menos que una recopilación completa de su poesía amorosa, pero oscila entre estos dos puntos de partida, desde luego con el criterio personal del autor. En este libro por primera vez tenemos la oportunidad de leer la gran poesía amorosa de Carlos Pellicer de acuerdo con la cronología en la que los poemas fueron originalmente escritos —hasta donde es posible— siguiendo el curso natural de su creación.