20+C+M+B+10

Por fin tuve la oportunidad de ser testigo de tan curiosa tradición. Si bien tenía entendido el significado de la inscripción (que titula esta nota), no había sido partícipe de su (en)canto.

Resulta entonces que cada seis de enero los niños católicos alemanes (y austriacos), vestidos cual Reyes Magos y portando la estrella de Belén, se dan a la tarea de cantar de puerta en puerta y dejar escrito en ella el C+M+B más el año correspondiente (eg, 20+…+10), signo de que ahí estuvieron los Reyes Magos (ie, Caspar, Melchor y Baltazar), o bien, según otra explicación, que “Cristo bendiga la casa” (ie, Christus mansionem benedicat). Como fuere, lo bello del asunto es tener a un grupo de niños cantando a tu puerta; a cambio, además de la inscripción en la puerta (que hoy en día es más bien una pegatina o calcomanía en lugar de la tradicional tiza o gis), hay una pequeña donación para algún proyecto altruista (generalmente algo que ver con niños en África, Asia o América Latina).

Así, la tarea es cantar y colectar dinero (para el particular proyecto) con el marco de la Epifanía. Ciertamente ello podría darse sin el trasfondo religioso, sin embargo, no deja de ser curiosa la diferencia germana con la niñez hispanoamericana, es decir, que mientras en ésta a los Reyes se les espera con regalos, con aquella la tarea es más bien personificarlos e ir de puerta en puerta llevando sólo canto, y esperando a cambio unas monedas (o billetes) para a su vez hacer algo por otros niños (necesitados de juguetes y algo más).

Ahora bien, los peques germanos un mes antes (ie, 6 de diciembre, San Nicolás) les toca estar en ese papel digamos “consumista”, esto es, pidiendo y esperando por regalos (también en sus zapatos). Con todo, la diferencia de tal celebración es peculiar y es lo que finalmente llama más mi atención. Insisto, el marco bien puede ser otro y no necesariamente religioso, pero por el momento (y por mucho tiempo pasado) ha sido guiado por lo sagrado; vale entonces observar su valía y subrayar la utilidad laica: una debida ayuda y un bienvenido canto, ambos infantiles y acaso por ello una bellísima manifestación del año.

NB. Actualización 2012

Es así como se ve la puerta (que este año me volvieron a cantar):

 

NB. Actualización 2014

Un par de fotos de este año: los niños Reyes a la distancia y la marca de cerca:

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Contribuciones de Pascua

Así podemos llamar a tales manifestaciones, a aquellas que indirectamente quedan como resultado del tiempo litúrgico de Pascua. Pienso en tres. Una que ya es parte intrínseca de la Pascua —entre otras— alemana (y que gracias a ésta logra su llegada hasta nuestros días); otra que en este espacio propongo verla también de este particular modo, y una más que prevengo puede (o debiera) fortalecerse.

Empiezo entonces con el final: el lunes de Pascua. Sucede que si bien después del Domingo de Resurrección solía seguir toda una semana de celebración, es a partir del siglo XIX cuando se acota a un sólo día: el lunes. Aquellas fiestas paganas que celebraban el advenimiento de la primavera y el correspondiente florecimiento de los campos —tan evidente en las latitudes de Europa septentrional—, fueron, primero, sincretizadas con la celebración cristiana y, después, ordenadas o destinadas a días particulares, i.e., lunes. Así las cosas, por ejemplo, aquellos huevos paganos símbolo de renacimiento y fecundidad pasaron a ser símbolo del fin de la Cuaresma (y de la propia Resurrección) y, sobre todo, protagonistas de dos días en particular: el Domingo y el Lunes de Pascua: en el primero comparten el protagonismo con la mencionada Resurrección y en el segundo son totalmente los reyes de la fiesta. En síntesis, que gracias a la Pascua como celebración religiosa per se, se tiene pues un subsecuente lunes como símbolo (recuerdo) del origen pagano de la fiesta. (Un lunes alemán, dicho sea, feriado.)

Por otro lado, y como segundo punto, celebraciones eran también las que se organizaban después de la Cuaresma en tierras del oeste mexicano, en particular, Nayarit y Jalisco. Tales fiestas se relatan en documentos de mediados del siglo XIX (antes, por cierto, de la Invasión Francesa del 62) y en ellas, además, se menciona ya la palabra mariachi (o sea, que lo del origen francés del vocablo es tan sólo mito o leyenda). Estas celebraciones, como las arriba mencionadas, podían durar toda una semana —iniciando el día Domingo de Resurrección— y en ellas se tenía como elemento primordial al baile, amén de música y bebida. Todo ello girando, literalmente, alrededor de un entarimado conocido entonces como mariachi (voz, se dice, de origen coca). Así, en las crónicas de aquellas fiestas en sí seculares, aunque con motivos religiosos, se hace mención de aquellas diversiones —fiestas— conocidas como mariachi, donde efectivamente la música corría a cargo de un grupo de músicos (cuarteto, originalmente) que a la postre terminaría siendo conocido —ya entrado el siglo XX— como el mariachi. Las fiestas eran acaso las de mayor proporción en el año, si tomamos en cuenta el papel preponderante de la religión, por lo que la mayor celebración eucarística dio pie a semejantes manifestaciones de fiesta y alegría donde precisamente ahí seguramente tomó mayor fuerza la presencia de música y baile hechos mariachi. En corto, que si bien mariachi había a lo largo de todo el año, no era sino hasta Pascua el protagonista total de los fandangos que motivaba tal celebración.

Cierro esto con el principio: el Domingo de Ramos, el primer día de la Semana Santa. Sucede que desde hace un par de años aquí en Bonn la respectiva procesión se hace no por las calles de la ciudad (como otrora solía ser: de una iglesia a otra) sino en el claustro de la iglesia principal. Ahí, entre paredes, toma lugar la procesión: una vuelta al claustro. Bien se puede decir entonces, en argot económico, que las externalidades se han internalizado: no se cierran calles, no se hace uso de la seguridad pública y, lo más, no se muestran públicamente elementos de un particular credo a personas que no necesariamente lo comparten e incluso pudieran encontrarlo ofensivo (e.g., ¿por qué tengo yo que escuchar/ver los rezos/plegarias cuando éstos no me importan ni atañen?). La vida (o fe) privada se limita pues a ese espacio y se deja que lo público permanezca sin invasión o mezcla alguna. Esto, concluyo, bien puede ser una de las mejores contribuciones de una celebración —tan significante — en tantas y diversas culturas donde lo público y privado requieren de una mejor y más clara separación.

Lecciones de maestros

A Marías no le conozco. A Peréz Reverte y a Vargas Llosa, sí. Ambos son por mucho mis maestros. No sólo en sus artes sino, sobre todo, en su forma de pensar y ver la vida. No es que me enseñen el cómo, sino que con ellos, con sus letras, logro de mucho mejor manera observar y, más importante, asumir la realidad. Es decir, a través de sus ficciones, de sus mentiras, es que logro, como lector, alcanzar verdades varias de esta vida loca.
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13 virtudes 13

A través del blog de Andrew Keen llego a un lista que desconocía hasta entonces. Es perfecta. Necesaria. Como tantas otras cosas que hoy día nos vendrían mejor que nunca pues, más bien, son las personas en cuya mente se idearon tales cosas quienes nos hacen tanta falta. Benjamín Franklin, en sus mozos veintes, se propuso (a él mismo) seguir y cumplir una lista de 13 virtudes. Trece. Tan así que un buen tiempo llevó una bitácora en la que, digamos, medía el cumplimiento de su lista. De lunes a domingo.

Así las cosas, desde entonces, me imagino, la lista ha ido de allá para acá y de arriba a abajo, y seguramente nunca observada a cabalidad (ni por Franklin mismo: en papel todo puede ser pefecto, no así en su ejercicio). Hoy me topé con ella y, ojalá, muchos de los que pasen por este espacio la encuentren no solamente útil sino, sobre todo, imperativa. Si antes, en tiempos de Franklin, una lista así servía para tener hombres como el buen Benjamín, no estaría de más que en estos nuestros tiempos un buen número (uno muy grande) de Benjamines pulularen.

Andrew le da a la lista una interpretación de “virtudes anticonsumismo”. Se vale. También podría tener, se me ocurre, alguna interpretación ambientalista (¿cómo quedaría aquello de la castidad?). Luego, en un rincón de la red, dividen la lista según su dimensión personal y social. Como fuere, lo medular es que, lo dicho, un mayor número de individuos se den a la tarea de seguir, procurar, este reducido número de virtudes. Cantidad por calidad: operación sin pérdida alguna.

Sea pues, aquí la lista en inglés y en castellano (traducción mía que espero haga justicia al original).

  1. TEMPERANCE. Eat not to dullness; drink not to elevation.
  2. SILENCE. Speak not but what may benefit others or yourself; avoid trifling conversation.
  3. ORDER. Let all your things have their places; let each part of your business have its time.
  4. RESOLUTION. Resolve to perform what you ought; perform without fail what you resolve.
  5. FRUGALITY. Make no expense but to do good to others or yourself; i.e., waste nothing.
  6. INDUSTRY. Lose no time; be always employed in something useful; cut off all unnecessary actions.
  7. SINCERITY. Use no hurtful deceit; think innocently and justly, and, if you speak, speak accordingly.
  8. JUSTICE. Wrong none by doing injuries, or omitting the benefits that are your duty.
  9. MODERATION. Avoid extremes; forbear resenting injuries so much as you think they deserve.
  10. CLEANLINESS. Tolerate no uncleanness in body, clothes, or habitation.
  11. TRANQUILLITY. Be not disturbed at trifles, or at accidents common or unavoidable.
  12. CHASTITY. Rarely use venery but for health or offspring, never to dullness, weakness, or the injury of your own or another’s peace or reputation.
  13. HUMILITY. Imitate Jesus and Socrates.

(en español)

  1. TEMPLANZA. Come sin hartazgo; bebe sin embriagarte;
  2. SILENCIO. Habla sólo cuando sea para bien tuyo o de terceros; evita lo trivial;
  3. ORDEN. Permite que todo tenga su lugar y tiempo;
  4. RESOLUCIÓN. Resuelve hacer lo que debes; haz sin falta lo que hayas resuelto;
  5. FRUGALIDAD. Gasta sólo en beneficio tuyo o de terceros, es decir, sin desperdicios;
  6. INDUSTRIA. No pierdas el tiempo; ocúpate siempre en algo útil y elimina tareas innecesarias;
  7. SINCERIDAD. No times; piensa justa e inocentemente y, si hablas, hazlo consecuentemente;
  8. JUSTICIA. No hagas el mal por obra, u omisión de beneficios a los que estés obligado;
  9. MODERACIÓN. Evita los extremos; toma las ofensas tanto como las creas merecidas;
  10. LIMPIEZA. No toleres suciedad alguna en cuerpo, ropa y casa;
  11. TRANQUILIDAD. Que no te disturben nimiedades, trivialidades o accidentes inevitables;
  12. CASTIDAD. Sexo por motivos de salud o descendencia, nunca por monotonía, debilidad o en detrimento de tu paz y reputación, o de terceros;
  13. HUMILDAD. Imita a Jesús y a Sócrates.

¿Qué me pongo?

Por fin doy con un diálogo (discurso, más bien) que llamó poderosamente mi atención en la película The Devil Wears Prada (2006). Es un resumen de la industria de la moda. Un ejemplo que bien pudo haber sido dado en algún curso universitario de Economía; una explicación breve y concisa de lo que hay detrás de una simple decisión de compra/uso, en este caso, de una prenda de vestir. Una simple prenda de vestir. Además, la escena es realmente una muestra fiel de lo que suele ocurrir en los momentos de compra/decisión con la mayoría de los compradores que ven a la Moda como un capricho de algunos sectores de la población preocupados más bien, se piensa y dice, en aspectos superfluos de la vida (como decidirse entre algún particular color o diseño de una prenda, y su posible uso/consumo).

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