¿Por qué el Hoy No Circula no funciona?

“Los hombres recuerdan más vívidamente sus desgracias que las cosas buenas que les vienen.”
—Livio

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Sin importar el número de actualizaciones, el programa Hoy No Circula (HNC) de la zona metropolitana de la ciudad de México seguirá sin funcionar como remedio al problema de la contaminación atmosférica. La confusión está en la restricción: ésta pesa sobre los medios y no sobre la contaminación en sí. A diferencia de las fábricas, por ejemplo, cuya contaminación es tasada y/o regulada directamente, la regularización en los autos no recae en su cantidad neta de contaminantes que emiten, sino en su cantidad bruta.

Las ganancias se conocen en términos netos; las pérdidas, en brutos. Para que funcione un programa regulador del uso del auto (y de cualquier transporte), el usuario debe estar al tanto de lo que gana, pues con base en ello hace uso del medio de transporte. Restringir la circulación por días, prescindiendo de los patrones de uso y sujetos al modelo de la fuente de contaminación (y no a ésta en sí), sólo impacta a la percepción de las pérdidas por usar el auto. Es decir, “en total, no hay pierde”, vale la pena seguir usando el auto: las ganancias siguen “intactas”: lo que no se pudo circular hoy, se circulará mañana.

Otros programas de restricción al auto son más bien geográficos. Sin importar el día, y el modelo de auto (o sus contaminantes), la restricción permanente es sobre el uso en ciertas zonas de la ciudad (acaso las más contaminadas o las más sensibles). El automovilista deja de ganar por subirse a su auto hoy y mañana: no puede ni podrá circular en esa zona, sólo seguirá ganando en su movilidad si se baja del auto y usa otro medio de transporte. Es neto, ahí sólo hay pierde.

En general, hasta ahora no hay modo directo y práctico de pasar factura por el uso del auto, y que así se vaya pagando constante, contante y sonante por la contaminación generada. En la cara, no hay modo de disminuirle al automovilista su ganancia; el precio de la gasolina es apenas una parte, y si bien impacta las ganancias posibles del uso, en su demanda se involucran otros factores (incluidos los tecnológicos) que la vuelven inestable como instrumento regulador. En ese sentido lo único que queda es dejar que la demanda responda lo más y mejor posible al mercado y, sobre todo, asociarle en términos monetarios la potencial contaminación.

El punto, como sea, sigue siendo el uso del auto y el objetivo final: moverse. El habitante de una ciudad se mueve según pueda ganarle al tiempo y a la distancia. El tráfico es sin duda una pérdida para el transporte motorizado, pero se la ve en términos brutos y por tanto el automovilista sigue siendo parte (i.e., generando) del tráfico: la ganancia mayor está aún en el interior (y comodidad) de su auto. ¿Cómo hacerla menor frente a otras opciones de transporte? ¿Cómo aumentar las ganancias por moverse a pie, en bicicleta o en transporte público?

No mejores mañana lo que puedas mejorar hoy. Una calle atrae según sus características y posibles ganancias; si llana y pavimentada, los autos serán los primeros en ver y aumentar sus ganancias (“vamos más rápido”); si con aceras arboladas, los peatones pueden ser los primeros ganadores (“vámonos por la sombrita”). Las restricciones, si permanentes, generan también ganancias ulteriores al usuario final, uno que puede ser peatón, ciclista, automovilista, etc., según gane netamente más, no a lo bruto. Un mayor límite de velocidad, por ejemplo, es sobre todo una ganancia para el peatón, mientras que una disminución del ancho de acera es más bien una ganancia para el automovilista: en ambos casos la pérdida (del disfrute de andar en auto o a pie, respectivamente) importa menos que la ganancia generada. Ésta, por cierto, no guarda una relación proporcional en esos ejemplos, es decir, manejar sin límite es del todo una ganancia para el automovilista y tener el doble de acera tiene como gran ganador al peatón.

Calles de un solo sentido, incluso, son parte de la “ecuación”: si en el barrio se puede circular libremente en cualquier sentido con cualquier medio de transporte, la primera opción para ir de A a B será simplemente la más cómoda; si la dirección vehicular importa, la opción será la más cómoda y la menos restringida (en todo momento, ojo, pues si hoy no puedo pasar, mañana sí). Las calles de un solo sentido ayudan en buena medida a, valga la expresión, orientar el uso del auto, lo mismo que restricciones permanentes de estacionamiento (aunque sea con horarios), o, por otro lado, las facilidades que se den para llegar en auto a un restorán o centro social (cf. los valet parking).

El programa HNC no atiende pues la naturaleza ni del medio de transporte, ni de su contaminación, mucho menos del usuario. Más que niveles de contaminantes, precio de combustibles, horas pico de tráfico, costos de estacionamiento, etcétera, la primera opción de transporte depende de lo que ganamos al momento del movimiento, y en esa medida trazamos nuestras rutas (usos y hasta costumbres). Dejar de circular un día no disminuye en realidad el uso del auto (y sus emisiones contaminantes), puede incluso hasta aumentar las veces de uso, pues las ganancias siguen siendo las más frente a otras opciones de transporte: he ahí las francas calles, avenidas, segundos pisos, estacionamientos, financiamientos, cabildeos, en fin, toda la infraestructura y parafernalia que tiene como gran ganador al auto. Todo lo privilegia, incluso un programa que cree restringirlo.~

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Un carnaval de hueso colorado

Colonia es para muchos la capital del carnaval alemán. Cuando Bonn dejó de ser la capital, no pocos dijeron que en Berlín se echaría de menos sobre todo al carnaval. No les faltaba razón, pues sin duda en Colonia hay una quinta estación en los días de carnaval.

(Un paréntesis para un chiste local que alude a la “rivalidad” de la zona: el carnaval renano se divide en tres (tomando en cuenta el curso, río abajo, del Rin): la cabeza es Bonn, el corazón es Colonia y el culo es Düsseldorf.)

Hace cuatro años escribí unas líneas alusivas al carnaval; en ellas esbocé apenas detalles de tan mentada celebración, y no me detuve en lo que quizá es lo más valioso: el corazón del carnaval. La música de carnaval, escribí, es con letras bobas y ritmos monótonos: gran error. Es decir, lo es sólo en fechas recientes, cuando cada vez más el carnaval se extiende por factores externos (v.gr., la cobertura en los medios, el turismo), y no porque desde su interior se pretenda el eco artificial de su voz original. Ésta, dicho sea, no es precisamente en alemán, sino en Kölsch. Mi lectura, pues, resultó más bien superficial.

Acaso como con las relaciones interpersonales de los alemanes, el carnaval renano (quiero decir, coloniense) exige también que uno llegue a su interior para entonces sí darse del todo y hacerse querer. Si uno se queda, por ejemplo, con esa música boba y esas celebraciones callejeras rebosantes de alcohol, no sorprenderá que algunos (locales o foráneos) eviten incluso la celebración. Pero apenas entren, literalmente, al corazón del carnaval, dudo mucho que lo sigan teniendo como una fiesta más.

Durante carnaval, desde el once de noviembre hasta el lunes previo al Miércoles de Ceniza, no hay fiestas en sí para los “locos renanos” (que es una traducción cercana a lo que sería un Jeck), lo que hay son reuniones (Sitzung). Uno va pues a juntas de personas que con mesas de por medio y un estrado celebran la época. Ahí se cuentan historias humorísticas (que cada vez más, digámoslo, degeneran en llanos chistoretes); se presentan grupos de baile (vestidos a la usanza militar decimonónica, cuando la ocupación napoleónica en Renania); y se escucha música… en kölsch. El idioma es protagonista del carnaval, éste incluso ha sido el mejor medio para el reconocimiento de tal lengua. Quizá también supervivencia: hoy día se disputa más y más su lugar en las “canciones de carnaval”. La fiesta gana terreno y de ahí que los conservadores de carnaval, que los hay, año con año busquen la reivindicación de la originalidad del carnaval en Colonia: su idioma, su música y su naturaleza como punto de reunión.

Porque lo cierto es que las canciones clásicas de carnaval son aquellas que apelan a un canto, uno grupal (y si se puede hasta coral). No se busca entonar la canción de moda (algo que cada vez más invade la escena), Volksmusik (“música vernácula”) o Schlager (“baladas poperas”); en carnaval se pretende la unidad desde la originalidad de una lengua y un “espíritu” local. Lo que se ve en la calle, en los desfiles, es ya sólo el producto final, y a veces residual, de lo que se procura en aquellas reuniones privadas (pero abiertas): forjar una identidad común que, si bien temporal, sea piedra de toque para los avatares del resto del año. Es en serio, los renanos tienen una quinta estación.

Los bares y tabernas son sin duda lugar de encuentro en los días de carnaval, pero no es ahí, ojo, donde se dan aquellas Sitzung. Como sea, la música, y baile, tiene lugar y uno puede, con suerte, escuchar alguna canción en kölsch que haga olvidar la monotonía de la jornada. Lo dicho, las hay ya clásicas y seguramente para algunos, metidos ya en estas lides, resultarán también choteadas, repetitivas o cansinas, pero afortunadamente hay también otras que no pierden su valor sin importar cuánto se escuchen: “Ich ben ene kölsche Jung” es una de ellas.

La historia de “Soy un joven coloniense” se cuenta con endecasílabos (nada raro toda vez que la métrica no es ajena en algunos números humorísticos de antaño). Fritz Weber la escribió en 1963, cuando ya sus composiciones estaban de lleno dedicadas al carnaval; Willy Millowitsch fue el intérprete que la popularizó. El estribillo es así:

Ich ben ene kölsche Jung, wat willste maache?
Ich ben ene kölsche Jung un dun jään laache.
Ich ben och söns nit schlääch, nä ich ben brav,
Ming Lieblingswöötsche, heiss »Kölle Alaaf!«

Una traducción (sin rimas) podría ser:

Soy joven coloniense, ¿qué le hacemos?
Soy joven coloniense y me río.
Pero malo no soy, me porto bien,
mi mejor frase es “Kölle, Alaaf!”.

Esa frase es el santo y seña de estos días. El grito de guerra, si se quiere. No es nueva: data del siglo XVI; su uso en carnaval viene desde el XIX. El significado, dicen, bien podría ser el llamado (a la gente de Colonia) a acabar con todo (all af!) antes de la vigilia de la Cuaresma, esto es, comida y bebida y disponible. Como fuere, aquí cierro con una entrañable versión de la canción en voz (y mandolina) de Hans Süper Jr.:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=iSW-hDVY24c]

Alaaf!

Rectificaciones

Recién me topé con unas palabras de Kurt Vonnegut: “If you can’t write clearly, you probably don’t think nearly as well as you think you do.”, que me llevaron a otras de Confucio, unas que años atrás —recuerdo— escribí en una hoja y por un par de años fueron cual póster en mis lugares de trabajo. Son estas:

«Si el lenguaje carece de precisión, lo que se dice no es lo que se piensa.
Si lo que se dice no es lo que se piensa, entonces no hay obras verdaderas.
Y si no hay obras verdaderas, entonces no florecen el arte ni la moral.
Si no florecen el arte y la moral, entonces no existe la justicia.
Si no existe la justicia, entonces la nación no sabrá cuál es la ruta:
será una nave en llamas y a la deriva.»

Vuelvo a ellas e intento precisar su origen. Me ayudo de Paz, quien en El arco y la lira —y acaso de ahí llegué en su momento a la cita en sí— menciona que,
«En el libro XIII de las Analectas, Tzu—Lu pregunta a Confucio: “Si el Duque de Wei te llamase para administrar su país, ¿cuál sería tu primera medida? Él Maestro dijo: “La reforma del lenguaje”».

Así, busco en la red por el documento y encuentro versiones varias de lo que sigue de aquél diálogo entre el discípulo y el maestro; básicamente, el discípulo se sorprende por la respuesta del maestro y éste le reprende y, lo mejor, da paso a la explicación. Entonces, en inglés por ejemplo, encontré este par de versiones (de tales palabras):

1.
What is necessary is to rectify names.
[…] If names be not correct, language is not in accordance with the truth of things.
If language be not in accordance with the truth of things, affairs cannot be carried on to success.
When affairs cannot be carried on to success, proprieties and music do not flourish.
When proprieties and music do not flourish, punishments will not be properly awarded.
When punishments are not properly awarded, the people do not know how to move hand or foot.
(de James R. Ware)

2.
The most important thing is to use the correct words.
[…] If we don’t use the correct words, we live public lies.
If we live public lies, the political system is a sham.
When the political system is a sham, civil order and refinement deteriorate.
When civil order and refinement deteriorate, injustice multiplies.
As injustice multiplies, eventually the electorate is paralyzed by public lawlessness.
(por Jimmer Endres)

Luego, en español encuentro una de Joaquín Pérez Arroyo (en Confucio Los Cuatro Libros):

Lo que hace falta es rectificar los nombres.
[…] Si los nombres no son correctos, las palabras no se ajustarán a lo que representan y,
si las palabras no se ajustan a lo que representan, los asuntos no se realizarán.
Si los asuntos no se terminan, no prosperarán ni los ritos ni la música;
si la música y los ritos no se desarrollan, no se aplicarán con justicia penas y castigos y,
si no se aplican penas y castigos con justicia, el pueblo no sabrá cómo obrar.

Hay por aquí otra versión en español (y en otros idiomas); como fuere, no logro dar con la fuente de aquella mi primera cita que, sea pues, me parece aún la mejor —y supera a lo dicho por Vonnegut.

Apuntes al Favstar

En las últimas semanas el portal Favstar ha tenido contratiempos técnicos. Básicamente, la colecta de tuits marcados como favoritos (en, se entiende, Twitter) no ha ocurrido y, como consecuencia, uno no ha podido dar debida cuenta de ese gran agregado de tuits que es Favstar. Es decir, que la principal herramienta para leer el conglomerado de tuits sobresalientes (en español, alemán, inglés y japonés) se ha visto, digamos, congelada.

Vale entonces hablar sobre la utilidad de Favstar como herramienta de lectura.

A diferencia del Twitter (TW), en Favstar (FS) uno tiene como tarea principal: leer (y subrayar). En TW, se sabe, uno sobre todo escribe y comparte información, y en menor medida lee. Digo en menor medida porque por supuesto que hay quienes además leen y —al usar, por cierto, guiño para los distraídos, una función disponible en TW— generan la selección de tuits que FS, como su función principal, recolecta. Es decir, hay una edición de tuits que, he ahí un valor, FS presenta de una manera hasta ahora ideal (y relevante). Basta, por ejemplo, con ir a la página principal de FS y, según el idioma, leer los tuits que han sido subrayados —resaltados— en las últimas horas; eso es, mal que bien, una selección (en ese caso meramente cuantitativa) de «mejores» tuits.

Ahora bien, al hablar de «subrayar» me refiero a lo que en TW se conoce como estrellar un tuit, i.e., marcar el tuit con una estrella y, ojo, guardarlo así en la sección de ‘favoritos’ de nuestro perfil en TW (y también, segundos, minutos u horas después, en la del generado en FS). Por otro lado, hablando de presentación, es en FS donde, e.g., un verso puede ser siempre visto en el formato adecuado (y no a renglón seguido como pasa en algunos navegadores cuando estamos leyendo desde el portal TW).

Decía entonces que en FS se puede leer aquella edición conjunta de tuits. Una edición, claro, que podrá tener distintas, valga la palabra, lecturas. La usual es la más vacua: un portal de la popularidad de un usuario en TW (i.e., cantidad sobre calidad sin más). Otra, un poco más elaborada, es que en FS se puede medir la incidencia de un tuit (toda vez que en FS se toman en cuenta estrellas y RTs). También, ya cada vez más finos, el perfil de preferencias y afinidades de un usuario (dado que es posible ver a quién y de quién hay estrellas por usuario). Etcétera. Como fuere, con la que me quedo es con la de FS como una herramienta que permite, una vez hecha la edición ad hoc (i.e., uno puede generar su particular lista de usuarios de quien FS despliegue sus tuits sobresalientes), leer (y subrayar: ahí también se da lugar al estrellado) los tuits que otros usuarios ya han leído y que por alguna razón han decidido «guardar».

Las comillas anteriores a guardar las retiro ahora pues es eso lo que precisamente FS cumple a cabalidad. Si en TW hay un aire, dicen unos, efímero, FS logra darle mayor permanencia a aquel apunte sobresaliente que, dada la naturaleza de la plataforma de la publicación (en TW), sólo unos cuantos logran leer: con FS ése tuit seguirá ahí (más tiempo) a la vista del lector. Sí, del que quiera leer aquello que por alguna razón ha pasado ya por ojos varios y que ha recibido ese subrayado en forma de estrella. Es pues ya una sección que está más al alcance de la lectura. Se ha logrado guardar.

Dicho lo anterior, todo indica que los recientes problemas técnicos de FS son precisamente para poder darle mayor y mejor alcance a ese respaldo de tuits. Sea pues, a por ello y más. Sí, FS tiene otras características dignas de mención, mas por ahora quedémonos con ésta de la cómoda lectura. Eso: Favstar, un cómodo modo de atestiguar la escritura; uno que no se limita a un simple ver pasar y dejar ir así letras y palabras; Favstar como una manera de quedarse con lo mejor que pasa ante nuestros ojos y tenerlo ahí —en mejor lugar— para nuestra, o de otros, consecutiva lectura.

 

NB. Para información técnica y demás anuncios, vale la pena seguir (y leer) a Favstar en su cuenta de TW y, ojo, en su blog hecho tumblr.

A propósito de Japón

A bote pronto, me aventuro con esta traducción de, primero, una predicción de Richard Wilson, profesor emérito de la Universidad de Harvard, y, segundo, seis puntos del profesor Matthew Bunn, también de la Universidad de Harvard, al respecto de la crisis en la planta nuclear de Japón (hechas ambas en el transcurso de esta semana y publicadas por el Belfer Center for Science and International Affairs).
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La predicción de R. Wilson (por acá in extenso):

Nadie de la población tendrá enfermades graves por la radiación y probablemente no más de una o dos personas del staff del reactor.
Nadie tendrá problemas por la ingestión de yodo.
Habrá liberaciones mínimas de cesio y no muchos casos de cáncer mortal serán «calculados» (usando la pesimista fórmula estándar) de las dosis para el público. (Mi cálculo es que serán cero.)
Esto dará una medida de 1000-10000 muertes directas, medibles y definitivas, comparable con otros terremotos.
Espero estar en lo correcto.
—Richard Wilson (publicado en original el 15 de marzo del 2011)

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La crisis de la planta nuclear de Japón: un contexto (texto original en inglés), por Matthew Bunn

1. No como Chernóbil
Malo como es, este accidente es dramáticamente menos catastrófico que Chernóbil. Aquél accidente dispersó millones de curios de radiactividad (3-4% de toda la radiactividad en el núcleo del reactor) alrededor de sus inmediaciones, exponiendo así a millones de personas en muchos países. Grandes extensiones de tierra son aún hoy día inhabitables. En el caso japonés no hay posiblidad real de un escape para una reacción en cadena como la ocurrida en Chernóbil. En lugar de ello, lo que ha pasado es fundición de combustible en el núcleo del reactor, ocasionando la liberación de modestas cantidades de cesio y otros productos de fisión. Hay aún una posibilidad de una liberación más grande si el combustible fundido cae al inferior del reactor y logra calentar a través de la contención, tocando el agua y creando vapor radiactivo. A la fecha, parece que es probable (aunque la situación sigue cambiando) de que mucha de la gente evacuada pueda regresar a sus hogares y vivir como antes.

2. Lo peor desde Chernóbil
Al mismo tiempo, éste es el peor accidente nuclear desde lo ocurrido en Chernóbil [1986], y en algunos aspectos peor que lo de Three Mile Island [TMI, 1979]. En TMI se logró evitar la explosión de hidrógeno; en el caso japonés el hidrógeno ha explotado y destruido muchas de las partes de los dos reactores (aunque no el acero de los recipientes a presión alrededor de los reactores mismos). En TMI hubo sólo una modesta liberación de radiación; ahora en Japón hay reportado al menos un trabajador sufriendo de enfermedades por radiación y decenas de personas cuya exposición está siendo cuidadosamente evaluada, así como claros signos de que ha habido alguna liberación significativa de radiactividad, incluyendo cesio y yodo (aunque los reportes parecen estar en conflicto respecto a qué tanto). En TMI un núcleo del reactor fue destruido: en Japón parece que al menos dos han sufrido de derretimiento de combustible y un tercero reporta combustible expuesto, y otros enfrentan serios problemas de enfriamiento.

3. «Defensa a profundidad» es crucial —aunque a veces no tan profunda como se espera
Esto es claramente un ejemplo de la gran importancia de tomar en serio medidas redundantes de seguridad, y de considerar cuidadosamente toda la gama de eventos que puedan ocurrir. Dada la magnitud del sismo, creo que es impresionante que al principio todos los reactores afectados lograran apagarse automáticamente como lo planeado. Ninguno de los reactores, por ejemplo, sufrió daños que impidieran la inserción de las barras de control. Cuando Fukushima-1 perdió poder los generadores-diesel de respaldo empezaron como lo planeado, mas fueron eliminados una hora más tarde, aparentemente por el tsunami. Los reactores sufrieron, en efecto, un doble golpe que no había sido en verdad esperado. Claramente, dado que un sismo puede causar un tsunami, los generadores-diesel debieron haber sido diseñados de tal manera que no fueran afectados por las olas del tsunami. Esto es probablemente un asunto más amplio, el que la gente no haya pensado adecuadamente la posibilidad de daños múltiples que pudieran ser causados por un mismo evento inicial (por ejemplo, un apagón y un objeto grande estrellándose en el generador-diesel como resultado de un tornado—uno puede imaginar tantos eventos conjuntos). Esto refuerza la consideración de que cada vez que alguien dice que hay una posibilidad de menos de uno en un millón de que un sistema falle, hay la posibilidad de más de uno en un millón de que se han hecho suposiciones injustificadas en su estimación.

4. Estamos menos preparados para incidentes de seguridad
La razón por la que el desastre de Japón no ha sido peor es que el sistema japonés tuvo muchas, muchas, medidas de prevención al momento. Los reactores japoneses son diseñados y construidos para sobrevivir importantes aceleraciones sísmicas, están obligados a tener sistemas de respaldo de energía en su lugar, etcétera. Cada persona en la industria nuclear está entrenada para pensar en medidas de protección desde el primer día. La seguridad, en contraste, es algo que la mayoría de personas en la industria puede obtener apenas en una conferencia de media hora una vez al año. Si se tienen adversarios inteligentes, no sorprendería que se tuviera un fallo tanto en los sistemas de enfriamiento como en el respaldo de la energía—los adversarios planearían para que así sucediera. Esto transforma todas las posibilidades de que estemos en un lugar seguro. El orden mundial de protección nuclear necesita un fortalecimiento, pero es por mucho todavía más fuerte que el orden de seguridad nuclear, y ello aplica al robo de material nuclear así como al sabotaje de las instalaciones.
Por otro lado, sólo el poder de la madre naturaleza es capaz de causar la dimensión del daño que hemos visto en varios reactores a la vez.

5. Impactos psicológicos probablemente más extendidos
Puede haber probablemente mucha gente que muera o que esté gravemente enferma por este accidente nuclear —aunque esto debe ser visto en el contexto de más de 10000 personas que se teme han muerto como resultado del terremoto y tsunamis en sí—, pero el impacto mayor es probablemente psicológico —dado el estrés y miedo que decenas, cientos o miles de personas están padeciendo. Yo diría que en Chernóbil los mayores impactos en la salud, a pesar de las importantes dosis de radiación que algunas personas recibieron, fueron el estrés, depresión y alcoholismo que siguieron. El gran temor de una persona promedio a la radiación tiene consecuencias reales en la salud.

6. Potencialmente un impacto severo en el papel de nucleares como respuesta al cambio climático
Queda por ver qué impactos habrá en el futuro de la energía nuclear en Japón y en el resto del mundo. China continuará probablemente sus ambiciosos planes, por ejemplo. Pero si tengo que adivinar, diría que la opinión (sobre seguridad nuclear alrededor del mundo) del público en general y de inversionistas ha recibido un largo y duro golpe. Lo ocurrido no fue en un país en desarrollo que apenas construyó su primer planta nuclear y que no tuvo tiempo para desarrollar una adecuada cultura de protección, esto fue en Japón, uno de los países más ricos, con más experiencia y más conciencia de seguridad del mundo (aunque uno que también ha tenido su historial de problemas de seguridad encubiertos y que no fueron a tiempo reportados al regulador). Es cierto que se trató de reactores de viejo diseño y que los nuevos que se están pensando construir son mucho más seguros, mas si la lógica atenderá o no a la opinión pública está por verse. Creo que si bien hemos de ver un crecimiento de la energía nuclear en algunos lugares, las perspectivas de crecimiento a una escala requerida, para que lo nuclear sea incluso una parte importante de la respuesta a la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero, se han reducido sustancialmente.
—Matthew Bunn (publicado en original el 14 de marzo del 2011)

«¡Ay, miren nomás qué retechula es nuestra escuela!»

«Con respecto al problema de la educación en México conviene decir lo siguiente: la falta de aulas no es más que una de tantas cabezas de la hidra, y la que aparece con más frecuencia. O, mejor dicho, la única que aparece. […] La razón de que esto suceda es, creo yo, que vivimos en un medio esencialmente monumentalista. La educación es la escuela… el edificio de la escuela. […] Creo que por este camino lo más que se puede lograr es que el país se llene de edificios, por lo general, horribles, en cuyo interior no sucede casi nada de provecho. Tengo la impresión de que el problema es de tal índole que no tiene solución dentro de los medios tradicionales, aunque éstos se multipliquen.» ~Jorge Ibargüengoitia

El título de esta nota es la exclamación que escuchó Ibargüengoitia en voz de una directora de escuela al contemplar a —en palabras de Jorge— «la educación como edificio», esto es, «creer que los edificios mismos son el fin que se persiguió al construirlos». Luego, lo citado arriba es parte también del artículo de 1971 donde Ibargüengoitia discierne sobre, ya se ve, el problema de la educación en México: «Déficit educativo. No hagan aulas» (en Instrucciones para vivir en México, Joaquin Mortiz, 1990).

Por supuesto, a más de uno les debe sonar esta manera «monumentalista» de hacer las cosas y, lo peor, creer que con ello se resuelven conflictos, atrasos o déficits. Luego, es aquí donde uno bien puede sustituir escuela por avenida (puente, supervía, segundo piso, etcétera), y educación por transporte para llegar a la misma conclusión: no hagan avenidas.

Todavía más de Jorge y su puntual mirada, en 1972 escribe, «la doctrina gubernamental en materia de transporte ha sido constante y puede resumirse en la siguiente frase: “nosotros ponemos la carretera, ustedes el coche y después cada quien se rasca con sus uñas”» (¿La última curva? En defensa del tren, en op. cit.).

Han pasado cuarenta años y seguimos en las mismas, creyendo que por obras (de benefactores espíritus acaso) nuestros problemas con el transporte se verán paliados. Se multiplican avenidas y, por si no bastara, se elevan al cuadrado; todo sea, nos dicen, por hacer más viable a la ciudad, confundiendo así lo más con lo mejor (o como diría Jorge, lo grandote con lo grandioso).

En corto, en México nos llenamos de edificios y avenidas sin atender los medios y fines ulteriores de, inter alia, la educación y el transporte.

Orden 1 Sentido Común 0

Es una hipótesis que sostengo desde no hace mucho tiempo: que hay una relación unidireccional e inversamente proporcional entre orden y sentido común. De esto, me parece, hay suficiente evidencia empírica en Alemania. En la brevedad de este espacio lo que sigue parecerá más bien un anecdotario, sin embargo, seguro estoy que es parte de dicha evidencia que refuerza la hipótesis.

Resulta que, como ya lo he relatado aquí mismo, parte de las medidas para reducir el impacto ambiental de la disposición de residuos en hogares, los alemanes tienen un sistema organizado y, sí, eficiente para lidiar con tal tarea. Separan metódicamente sus residuos y los llevan a su destino final de la misma forma, ie, la recolecta está religiosamente calendarizada. Así las cosas, uno debe seguir el esquema si es que quiere a bien librarse de la basura en casa, esto es, la única opción es mantener el orden y, por ejemplo, no pretender que un día fuera de calendario alguien se lleve la basura (mucho menos buscar deshacerse de ella a escondidas). Dicho esto, me ví en la necesidad de sacar mi basura “azul” (papeles y cartones) y, ojo, colocarla fuera del correspondiente contenedor (pues éste sencillamente estaba lleno: gracias a que sólo hay uno para las 6 viviendas de la casona y cada 4 semanas se vacía, ergo siempre termina rebosante). Procuré entonces que si bien me estaba saliendo literalmente del marco, al menos las cajas y papelería estuvieran ordenadas y dispuestas de tal modo que fuera fácil levantarlas y echarlas al camión de un solo golpe. Procuré pues guardar el orden y, craso error, aposté por el sentido común de los guardianes de la limpieza (“vale, es papel y está ya listo para llevar”). Exacto: no se llevaron aquella papelería que no estaba dentro del mentado contenedor. A pesar de que estaba ordenada y lista para llevar, el hecho de que estuviera fuera del contenedor la invalidaba totalmente de ser materia recolectable. Insisto: craso error el mío.

Por otro lado, y en otro orden de casos, sucede que al obtener un grado académico en alguna universidad alemana se tiene la posibilidad de trabajar en el ramo de la especialidad. A grandes rasgos la mayor limitante es precisamente que el empleo esté relacionado con lo que se estudió y para lo que el título académico acredita. Por ejemplo, si uno se graduó de abogado no ha lugar para ponerse a trabajar como asesor financiero, técnico electricista, chofer, etcétera. Así, me di a la tarea de buscar trabajo y cuando presenté mi solicitud en la oficina de extranjería me topé con una respuesta lacónica que, lo dicho, ejemplifica el alto grado de restricción al sentido común que una serie de normas (paladines del orden) puede llegar a crear en los mortales. Usted no puede tomar este trabajo, su título no reza “Investigador” y aquí (en la solicitud de empleo) dice que el puesto es como tal. Explicar que nadie estudia para graduarse de “investigador” fue esfuerzo inútil; hacer ver que al menos había una relación entre título y lugar de trabajo también fue un sinsentido para los burócratas en turno. El meollo era que puesto y título no tenían relación alguna y por tanto mi estancia en Alemania no tenía, literalmente, lugar.

Logré, ya se ve, obtener el permiso de trabajo (gracias a la intermediación directa de mi empleador); no estoy seguro si consiga librarme de mi papelería y cartones. Por supuesto una opción es estar a las vivas y monopolizar el contenedor y hacer retazos las cajas para así presentar todo en forma y orden a la siguiente recolecta. Ya se verá hasta dónde logro llegar; por el momento el pretendido orden asfixia al sentido común, y acaba con mi paciencia.