Robert Walser imagina a John Lennon

En tiempos de la Primera Guerra Robert Walser hace llegar el siguiente texto a la redacción de un número dedicado al conflicto bélico; según la nota al pie de página del libro Träumen (1985), donde a la postre se incluyó la pieza, el escritor (les) agradece la consideración dado que, “como dicen, quieren incluir en sus páginas la declaración de un abstraído o soñador”. Del texto hay dos versiones, ésta de Träumen y otra editada en Poetenleben (1917, 1985) como parte, a su vez, de un texto intitulado “El trabajador”, en donde, en la narración, se compusieron dos pequeñas prosas, y una de ellas es esta que nos ocupa en una versión sin título, dividida en párrafos y con sutiles variantes. No se sabe cuál es la primera versión, algunos opinan que es la del trabajador. La incluída en Träumen se supone entonces la versión final, es la que Walser titula “Fantasear”, y la que bien podría considerarse, amén de terrenal y práctica (?), la primera versión de una canción como “Imagine” de John Lennon. En español se recoge en las respectivas traducciones de la editorial Siruela, Sueños (2012) y Vida de poeta (2010); aquí publico mi versión.

Fantasear (1915) de Robert Walser

Ahí las personas son amables. Tienen la gentil necesidad de preguntarse mutuamente si en algo pueden ayudarse. No pasan entre sí con indiferencia, como tampoco se molestan unos a otros. Afectuosos son, pero no demasiado curiosos. Se toman en cuenta, pero no se fastidian entre sí. Quien es infeliz ahí no lo es por mucho tiempo, y quien se siente bien no es por ello arrogante. Las personas que ahí viven, ahí donde las ideas, están muy alejados de encontrar placer en el malestar de otros, y de sentir execrable alegría cuando el otro se encuentra en aprietos. Se avergüenzan ahí del gusto por el mal ajeno; prefieren ver en ellos el daño que verlo gustosamente en otros. Esta gente tiene tal necesidad de la belleza porque no soporta ver los estragos del prójimo. Ahí toda la gente se desea lo mejor. Nadie vive ahí que desee lo bueno sólo para sí, y quiera saber sólo a su pareja e hijos en buen recaudo. Se quiere también que la pareja e hijos del prójimo se sientan felices. Cuando una persona de alguna manera ve a un infeliz, también su propia felicidad es estropeada, porque ahí, donde el amor al prójimo habita, la humanidad es una familia y no puede haber nadie feliz si no lo son todos también. Envidia y celos son ahí desconocidos, y la venganza es algo imposible. Ahí nadie se interpone en el camino del otro, nadie triunfa sobre nadie. Donde uno descubre sus debilidades, no hay nadie que quiera aprovecharse, pues todos se tienen en gran consideración. El fuerte y poderoso no puede recibir ahí admiración, porque todos poseen igual fuerza y ejercen igual poder. Las personas dan y reciben en un intercambio elegante sin ofender a la razón y al entendimiento. Amor es ahí la ley más importante; amistad, la primera regla. Pobreza y riqueza no las hay. Reyes y emperadores ahí, donde la gente sana vive, nunca se han dado. La mujer no domina sobre el hombre, pero el hombre tampoco sobre la mujer. No domina nadie, mas que cada cual sobre sí mismo. Ahí todos sirven a todos, y el sentido del mundo es claramente eliminar el dolor. Nadie quiere disfrutar; la consecuencia es que todos lo hacen. Todos quieren ser pobres;  de ello resulta que nadie lo sea. Ahí, ahí todo es bello, ahí quisiera vivir. Entre personas que se sienten libres porque se limitan, ahí quisiera vivir. Entre personas que se respetan, ahí quisiera vivir. Entre personas que no conocen el miedo, ahí quisiera vivir. Me doy cuenta que fantaseo.~

Robert Walser de Pablo Gallo, 2009

“Robert Walser” de Pablo Gallo, 2009

Los mostros del marco

Una cosa llevó a la otra y esta a los mostros del marco. En esta página se puede ver lo que seguramente será una exposición divertida. Entretenida e interesante también, pues estos monstruos dibujados por Colín son aquellos mostros que solían poblar la imaginación de niños y adultos. Marco los dibuja, enmarca y expone. Hay de todo, desde los huevones hasta los muy cabrones, pasando por los juguetones y soñadores. Todos a mano y aderezados con textos (algunos de Colín y otros recopilados por él) al centavo. Digo que solían porque, y hasta el DRAE lo sabe, hoy lo que hay son monstruos; Colín, claro, tiene un dibujo de un monstruo y un monstro. Yo sigo viendo mostros. Los imagino también mas no consigo dibujarlos: he ahí la gracia de Marco. Del marco que ahora, tras ser pergeñados con lápices, colores e ingenio, los atrapa por un instante. Los mostros del marco se venderán y, como dice su autor, embellecerán las paredes del refinado cliente. Los mostros, por el contrario, seguirán saliendo a comprar, cazar, espantar, en fin, alterar el orden de paredes, techos, puertas y ventanas de clientes varios. Son legión y Colín lo sabe. Nosotros también, sólo que a veces nos olvidamos y, por supuesto, tememos dibujarlos. Afortunadamente, ya se ve, hay un marco para cada uno de nuestros mostros. O monstruos, si se quiere. Desde que nacen hasta que se jubilan (¿los mostros mueren?), el dibujante nos enseña vida y obra de tan extraordinarios seres. Están en todas partes y se meten por donde salgan. Los mostros del marco son los de todos pero, atención, en un momento determinado a cada cual le corresponde uno y sólo uno de los tantos mostros habidos y por haber. Escoja —es un decir— su mostro y lléveselo a casa, y no se sorprenda si al día siguiente ya no es el mismo… el mostro o, seguramente, Usted.

 

Yo no sé matar

Se dobla mi orgullo
se dobla y se quiebra
porque yo quisiera
aunque sea un minuto
cambiarme por él
JAJ

Casi como en medio de una multitud es que te vi. Digo casi porque ambos sabemos que era más bien tan sólo un grupo de gente: el tuyo. Yo estaba pues en las afueras de ese círculo y desde ahí te vi. No sólo eso, te observé, te contemplé, te recordé. Todo al mismo tiempo. Lo que hubo y lo que quise que hubiera.

Así, tú estabas en lo tuyo, ignorando casi totalmente que alguien te pudiera observar. Digo casi porque ambos sabemos que en ese instante tu mirada y sonrisa coincidieron en un sólo punto. Yo estaba ajeno a todo ello… hasta el momento en que viví ese afortunado segundo que minutos después el registro de horas y días me transportaría a otra vida en un acaso Universo paralelo.

El resto no te lo diré. Sólo guardaré tu retrato, éste que sin querer me has regalado.

Virginal perversión

Ayer terminé de ver la película Sexo, amor y otras perversiones (Carrera et al., 2006). No hablaré de ella, simplemente diré que me recordó una idea (si me dejan llamarla así): las ventajas de las mujeres en cuanto a menesteres del sexo, tabúes y perversiones. Es así.

En su momento estaba viendo un vídeo de sexo, de los llamados porno (o eróticos, según el gusto del cliente). Básicamente, además de la penetración y etcétera, hubo un diálogo entre la mujer y el entrevistador (no sé si el cámara o el que más tarde tuvo sexo con ella), en el que ella aclaraba que estaba ahí para tener únicamente penetración anal, pues la vaginal estaba no sólo reservada para su novio-pareja-principal relación sentimental, sino también que en sí ella era virgen por ese lado. Pero profesional, pues también aclaró que lo del anal era algo que ya tenía más que probado y que, bueno, ahora estaba ahí para otro show más.

Así las cosas, qué maravilla, pensé, los hombres homosexuales no tienen esa opción de brindar tales primicias a sus parejas. Los hombres heterosexuales tampoco. Pero las mujeres sí. Ellas bien pueden regalar no una sino dos veces ese curioso placer de ser el primero (o la primera) en penetrar. Es decir, pueden elegir, si así les place, qué parte han de reservar para un momento particular. Por ejemplo, vaginal para la primer relación sexual (y las que le sigan) y anal para, digamos, una primer noche de bodas… o viceversa, que nunca faltará aquella que quiera seguir y cumplir ciertos conocidos estándares (pero mientras disfrutar de alguna manera su sexualidad).

Lo dicho, creo que es una ventaja. Sobre todo en estas lides de, precisamente, sexo, amor y perversiones. Es más, ya puestos en esto, si se le suma el hecho de hacerlo con o sin condón, pues se tienen ya 4 virginales opciones, ¿o no?

En fin, sin duda alguna la primera vez no deja de tener su pervertido encanto.

Sorprenderte

Tuve la suerte de contar con ella, una desconocida. Me ayudó y tuvo la paciencia de seguir todas mis instrucciones, incluso puso de su parte para hacer todavía más creíble mi ficticia historia. Bastaron unas cuantas líneas y después una llamada telefónica para contar con ella. Tuve suerte, sin duda, pues todo esto ocurrió en pocos días y al final todo fue un éxito. Han pasado ya siete febreros de aquello y sigue siendo único. Lo seguirá siendo, ni duda cabe, y más con la ayuda de desconocidos que lo único que sabrán después de todo es que: quiero sorprenderte. Sigue leyendo

¡No queda sino batirse!

Desde 1996 tomó vida. Desde esa fecha pudimos dar cuenta de sus aventuras y acercarnos a su vida, que no es sólo de él sino la de todo un siglo, el XVII. Se pudo además constatar que éste lenguaje nuestro es algo más que un simple ir y venir de palabras, que es más bien un enunciado grande y riquísimo con su sujeto, verbo y predicado: nosotros, nuestras acciones y sus consecuencias. Es así la vida de Diego Alatriste y Tenorio, veterano de los Tercios de Flandes, mejor conocido como el capitán Alatriste. Es así la prosa de Arturo Pérez-Reverte.

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La belleza de las palabras

Por sí solas las palabras, esas uniones de letras, tienen belleza. Y es ahora a través de wordle.net que uno puede darse a la tarea de crear imágenes varias a través de, sí, ¡palabras! Agua Clara estrena imagen (con la ayuda de las definiciones de agua y clara):