Preludios en extinción

Cuando niño hubo algo que ocupó la mayor parte de mi tiempo: repasar libros y discos en algún respectivo rincón de la casa. Una escena común sin duda: mirar y tomarlos para —antes de decidirme por alguno en particular— estar con ellos algo más que un instante. Observarlos por delante y por detrás; hojear, comparar, en fin, tareas que hoy día, y cada vez más, las veo en camino a la desaparición.

El punto es sencillo: ¿cómo la era digital podrá satisfacer aquella necesidad sensorial del primer contacto con un libro o disco? Lo que es más, ¿cómo, si es posible, se podrá sustituir el placer de sencillamente dar repaso a una biblioteca o audioteca casera? ¿Cuál será aquel nuestro otrora preludio a la literatura y música en casa?

Por supuesto, el fin último no está a discusión, sin duda se podrá cumplir a cabalidad la tarea en sí: leer o escuchar. Pero, ¿qué hay del medio en particular, i.e., rodearse —sumergirse— de libros y música antes de poner manos (y ojos y oídos) a la obra? No estoy seguro que una pantalla electrónica (e.g., iPod, iPad, Kindle, etc.) logre ofrecer aquel, digamos, metro cuadrado de alfombra en donde junto a un librero pueda uno estirar el brazo para alcanzar uno o más libros, y entonces disponernos a dar breves y sentidos repasos de lo que podrá o no ser finalmente nuestra lectura.

El tiempo, nos dicen, pasa volando, por lo que es mejor ir a su paso y hacer así cada vez más instantáneo el acceso a un libro o a un disco. Craso error. Al tiempo se le conoce, no se le gana o pierde, y lo mismo ocurre con los libros o discos (o cedés): uno debe sentarse y hacerlos pasar para que entre todos nos animen a decidirnos por alguno(s) en particular. Ello, insisto, aún no logro verlo en la era digital y es lo que temo. Sobre todo por los niños (de hoy y mañana), ¿una pantalla —multimedia, si se quiere— podrá hacerles desear la lectura y la música?, ¿cómo tal pantalla podrá tomar vida y ser, v.gr., filas o pilas de lomos (que no fotos de portadas) al acecho de unos curiosos ojos? ¿Cómo, pues, además de saciar la curiosidad de la búsqueda, la pantalla logrará, ojo, generar y despertar tal curiosidad e interés?

Es la fecha que sigo pasando la vista a lo largo de estantes y decidiendo lecturas (o relecturas) a base de manos que juegan con hojas; también, sí, he aprendido a jugar con pantallas (e.g., iPod, Kindle) pero lo primero me sigue reportando mejores resultados que lo segundo: desde su principio… hasta el final de cada página.

©BlotoAngeles

Old Thoughts por BlotoAngeles

NB. Actualización al 5 de diciembre del 2011. Leo hoy día en la edición impresa del The New York Times para el Süddeutsche Zeitung un artículo que me da más razones para seguir pensando con preocupación algunos preludios. Un artículo publicado en línea el 20 de noviembre del 2011: aquí (en inglés), “For their children, many e-books fans insist on paper pages“.

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Guía mona y rápida para neófitos

Eso, rápida, sin mayores detalles y al grano: lidiar con archivos tan monos como los ape. O sea, que si ustedes, selectos lectores, tienen ante sí un (ojo, uno) archivo musical con formato ‘.ape’, y desean escuchar su contenido (usualmente varias pistas/tracks) como la gente normal y decente en formato ‘.mp3’, sirvan seguir estos sencillos pasos.

Uno: convierta ese archivo a formato ‘.wav’ con el programa dBpoweramp Music Converter, en calidad de uncompressed.

Dos: convierta el resultante archivo (usualmente colocado en la misma carpeta del original) a formato ‘.mp3’ con el programa Switch, en la mayor calidad posible (usualmente 320kbps, digo, si se quiere respetar aquello de que, por estar en formato ‘.ape’, el archivo viene con la mejor calidad posible de audio).

Tres: ‘abrir con…’ el Bloc de notas (o Notepad) el archivo ‘.cue’, correspondiente al ‘.ape’, y modifique el renglón donde indique el nombre original del archivo ‘.ape’, p.ej., ‘ “musica.ape” WAVE ‘ a ‘ “musica.mp3” MP3 ‘, guarde y cierre el archivo.

Cuatro: Abra el archivo ‘.cue’, esta vez con el programa CUE Splitter y ejecute la opción ‘split!’; seleccione la carpeta destino para las pistas/tracks, y espere.

Es todo; disfrute de su música. De nada.

NB. Se asume que se tienen las versiones gratis de los programas mencionados. También se asume paciencia, pues el proceso puede demorar algo más que un copiar y pegar.

NB2. En caso de que no funcione (por caducidad) el programa Switch, se recomienda el programa Free Audio Converter.

Aleatoriamente al chile

Como primera nota de bitácora tomaré un correo electrónico de doña PhB y responderé, en este espacio, el resultado del ejercicio propuesto. Sea pues.

¿Cuál sería la banda sonora de tu vida?… ¿Cuál sería si dejas que un aparato reproductor (e.g., el ínclito iPod) sea quien lo haga al chilazo, o sea, aleatoriamente? Aquí el resultado.

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