Aquí no falta una diagonal

A veces nos pensamos tan cuadrados,
de QUIlates en oro, plata y cobre,
que ya NO nos conmueve ningún pobre
en el asFALto lleno de quebrados,
tras la reyerTA ávida de errados.
Así fuéramos Únicos, el mal
está en querer atar NAvíos cual
balsas cargadas de enviDIA finita
en la orilla, ¿será que el eGO cita
en su círculo sólo hasta el fiNAL?

~

En respuesta al Reto Poitevin™

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Mañanas de Carnaval

No pretendo descubrir el hilo negro del Carnaval en Colonia y rededores, mucho se ha escrito y es sin duda una celebración clave en la sociedad renana. Parto entonces de la premisa que de tal evento se tiene suficiente información al alcance (eg, Wikipedia) y mejor es detenerse en los detalles.

Sus mañanas, por ejemplo. De nueva cuenta las 11 horas y 11 minutos son campanazo para la fiesta. Este año el jueves lardero coincidió con ser el 11 del mes por lo que de alguna manera recordó —aunque ni falta que hace— la temporada que precisamente tres meses antes, el día 11 del mes 11 a las 11 horas con 11 minutos  y 11 segundos, se inauguró, y que a partir de dicho jueves entra en sus últimos días de vida.

Entonces, decía, en plena mañana, y con el  frío de cobija, gente variopinta toma calles, plazas e incluso interiores de oficinas como escenario de la esperada juerga. Todo se vale, principalmente, ojo: bailar y reír. Sí, lo que a lo largo del año parece tabú o cualidad inexistente en estas norteñas tierras, esta especial y calendarizada mañana es el marco para sonrisas, saltos y vueltas. Una mañana de entresemana se convierte así en un domingo de esparcimiento. Alemán, ciertamente, pero con genuina diversión sin duda. Música con letras bobas y ritmos monótonos —pero pegajosos—, comida insípida mas necesaria ante la cantidad de, eso sí, incomparable cerveza por beber, son los ingredientes básicos de una mañana maratónica. El disfraz por supuesto es elemento a tomar en cuenta, éste puede ser el catalizador o sencillamente un apéndice de la bulla. Lo toral, insisto, es el ánimo o aquello que los alemanes mejor describen con la palabra Stimmung. De eso se trata todo esto: obtener y ser parte de tan bienvenido Stimmung.

Incluso se decida no participar de los festejos, la mañana ya es otra por los otros,  aquellos que optan por el desborde y ser el eje de una mañana que no conoce después —como sugiere la canción— y cuya mejor repetición, ya sin hora cabalística, se tiene en el lunes de rosas (Rosenmontag) y su principal protagonista: el desfile. Antes, valga decirlo, el domingo incluye también desfiles matutinos toda vez que, dicen, los niños son los que tienen ese día el especial lugar. Como fuere, una mañana más que invita al convivio y el solaz, y que prepara a, lo dicho, el mayor evento de esos días en respectivo lunes.

Son las calles ahora el escenario principal para el desfogue. Desde temprana hora las familias y grupos de amigos se disponen a la vera del recorrido de carros alegóricos, bandas de música y grupos de baile para, además del merecido disfrute visual y sonoro, con gritos y locales hurras (eg, Alaaf!) atizar la verbena matinal. Sin importar el frío —este año aderezado con nieve— y el cansancio de soportarlo,  las tempranas horas discurren de la mano de risotadas, palmeos, brindis y un inesperado espíritu que acaso aguarda todo un año bajo esa dura careta estereotipada del alemán promedio.

La mañana se alarga y su contraparte llega tan sólo para recoger —alzar— los restos de lo mejor de estos días de Carnaval: sus mañanas. O mejor dicho, ayudándome y parafraseando a Tagore, aquí durante Carnaval las mañanas abren a los hombres y permiten a sus días y noches secretamente obtenerlos, quedando tan sólo agradecimiento. Sea pues.

Virginal perversión

Ayer terminé de ver la película Sexo, amor y otras perversiones (Carrera et al., 2006). No hablaré de ella, simplemente diré que me recordó una idea (si me dejan llamarla así): las ventajas de las mujeres en cuanto a menesteres del sexo, tabúes y perversiones. Es así.

En su momento estaba viendo un vídeo de sexo, de los llamados porno (o eróticos, según el gusto del cliente). Básicamente, además de la penetración y etcétera, hubo un diálogo entre la mujer y el entrevistador (no sé si el cámara o el que más tarde tuvo sexo con ella), en el que ella aclaraba que estaba ahí para tener únicamente penetración anal, pues la vaginal estaba no sólo reservada para su novio-pareja-principal relación sentimental, sino también que en sí ella era virgen por ese lado. Pero profesional, pues también aclaró que lo del anal era algo que ya tenía más que probado y que, bueno, ahora estaba ahí para otro show más.

Así las cosas, qué maravilla, pensé, los hombres homosexuales no tienen esa opción de brindar tales primicias a sus parejas. Los hombres heterosexuales tampoco. Pero las mujeres sí. Ellas bien pueden regalar no una sino dos veces ese curioso placer de ser el primero (o la primera) en penetrar. Es decir, pueden elegir, si así les place, qué parte han de reservar para un momento particular. Por ejemplo, vaginal para la primer relación sexual (y las que le sigan) y anal para, digamos, una primer noche de bodas… o viceversa, que nunca faltará aquella que quiera seguir y cumplir ciertos conocidos estándares (pero mientras disfrutar de alguna manera su sexualidad).

Lo dicho, creo que es una ventaja. Sobre todo en estas lides de, precisamente, sexo, amor y perversiones. Es más, ya puestos en esto, si se le suma el hecho de hacerlo con o sin condón, pues se tienen ya 4 virginales opciones, ¿o no?

En fin, sin duda alguna la primera vez no deja de tener su pervertido encanto.

Winslet

Si mal no recuerdo fue después de que la vieron en Titanic (1997) cuando J. y su comparsa resolvieron que así era como tenía que ser, en sus palabras, la del anillito, la que entraría por la puerta grande de su casa. De mi parte, dediqué al comentario el mismo bostezo que ella me provocaba. Hoy día, y seguro ya lo esperaban, avezados lectores, Kate Winslet me provoca todo menos bostezos.

Todo empezó con esa Hanna Schmitz en el juicio de The Reader (2008). O sea, que incluso aquellas primeras escenas con el joven Berg, donde Winslet se muestra desnuda y sensual, no lograron lo que aquél rostro férreo y atónito… Esa cara, esa actitud, esa pose, durante esas horas en que se condenaba toda una vida, fue lo que llamó poderosamente mi atención hacia Kate. Así, con ese marco, fue que admiré, ahora sí en toda la figura de ella, a una musa con el pelo recogido ajustándose la corbata minutos antes de recibir el veredicto.

La personificación que hizo Kate me reveló, dicho sea, a un mujerón. Ahora bien, si una década atrás Winslet hubiera interpretado a Hanna, no creo que el efecto hubiera sido el mismo pues, y aquí el siguiente punto, simple y llanamente no le hubiera ajustado aquél nudo de la corbata: una década es una década, y ni con efectos especiales se logran, en este caso, imponer. Sirva como ejemplo entonces esa estampa, en una versión ya más estilizada, y ganadora, en la recién entrega del Óscar.

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Ciertamente, como acotan los autores de cinécdoque en su crónica (de donde tomo la imagen), Kate se mira extraña en su perfección. En mi caso, no deja de ser extraño que por la figura de Hanna (en las citadas condiciones) quiera ahora secundar a J. y su comparsa. Pero es que simplemente se le ve, en escena y fuera de ella, perfecta.

Sorprenderte

Tuve la suerte de contar con ella, una desconocida. Me ayudó y tuvo la paciencia de seguir todas mis instrucciones, incluso puso de su parte para hacer todavía más creíble mi ficticia historia. Bastaron unas cuantas líneas y después una llamada telefónica para contar con ella. Tuve suerte, sin duda, pues todo esto ocurrió en pocos días y al final todo fue un éxito. Han pasado ya siete febreros de aquello y sigue siendo único. Lo seguirá siendo, ni duda cabe, y más con la ayuda de desconocidos que lo único que sabrán después de todo es que: quiero sorprenderte. Sigue leyendo

Bienvenido Willkommen

Todo esto necesita una explicación. ¿Cómo así que de buenas a primeras a uno le da por escribir? ¿Tres textos en una entrega y de corrido? ¿Y el principio? Pues bien, vayamos por partes, como el descuartizador. Los tres textos anteriores fueron parte de la competencia (por publicar y ser leído) «Esfera Pública», organizada por el periódico Reforma (sin link, pues la web es de paga y no ha lugar) en el año 2004 . Así, además de haber sido publicados (en línea) por dicho diario, los textos tomaron parte de un ejercicio (en línea) que otrora un grupo de estudiantes de postgrado echó a andar y que lamentablemente quedó en el intento (shame on us!). He aquí el cuarto texto que daba la bienvenida a los posibles lectores/participantes de ése ejercicio. Sirva pues el mismo (con algunas modificaciones) para darles la debida acogida a este espacio. Voy.

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