A propósito de Japón

A bote pronto, me aventuro con esta traducción de, primero, una predicción de Richard Wilson, profesor emérito de la Universidad de Harvard, y, segundo, seis puntos del profesor Matthew Bunn, también de la Universidad de Harvard, al respecto de la crisis en la planta nuclear de Japón (hechas ambas en el transcurso de esta semana y publicadas por el Belfer Center for Science and International Affairs).
maag

~•~
La predicción de R. Wilson (por acá in extenso):

Nadie de la población tendrá enfermades graves por la radiación y probablemente no más de una o dos personas del staff del reactor.
Nadie tendrá problemas por la ingestión de yodo.
Habrá liberaciones mínimas de cesio y no muchos casos de cáncer mortal serán «calculados» (usando la pesimista fórmula estándar) de las dosis para el público. (Mi cálculo es que serán cero.)
Esto dará una medida de 1000-10000 muertes directas, medibles y definitivas, comparable con otros terremotos.
Espero estar en lo correcto.
—Richard Wilson (publicado en original el 15 de marzo del 2011)

~•~

La crisis de la planta nuclear de Japón: un contexto (texto original en inglés), por Matthew Bunn

1. No como Chernóbil
Malo como es, este accidente es dramáticamente menos catastrófico que Chernóbil. Aquél accidente dispersó millones de curios de radiactividad (3-4% de toda la radiactividad en el núcleo del reactor) alrededor de sus inmediaciones, exponiendo así a millones de personas en muchos países. Grandes extensiones de tierra son aún hoy día inhabitables. En el caso japonés no hay posiblidad real de un escape para una reacción en cadena como la ocurrida en Chernóbil. En lugar de ello, lo que ha pasado es fundición de combustible en el núcleo del reactor, ocasionando la liberación de modestas cantidades de cesio y otros productos de fisión. Hay aún una posibilidad de una liberación más grande si el combustible fundido cae al inferior del reactor y logra calentar a través de la contención, tocando el agua y creando vapor radiactivo. A la fecha, parece que es probable (aunque la situación sigue cambiando) de que mucha de la gente evacuada pueda regresar a sus hogares y vivir como antes.

2. Lo peor desde Chernóbil
Al mismo tiempo, éste es el peor accidente nuclear desde lo ocurrido en Chernóbil [1986], y en algunos aspectos peor que lo de Three Mile Island [TMI, 1979]. En TMI se logró evitar la explosión de hidrógeno; en el caso japonés el hidrógeno ha explotado y destruido muchas de las partes de los dos reactores (aunque no el acero de los recipientes a presión alrededor de los reactores mismos). En TMI hubo sólo una modesta liberación de radiación; ahora en Japón hay reportado al menos un trabajador sufriendo de enfermedades por radiación y decenas de personas cuya exposición está siendo cuidadosamente evaluada, así como claros signos de que ha habido alguna liberación significativa de radiactividad, incluyendo cesio y yodo (aunque los reportes parecen estar en conflicto respecto a qué tanto). En TMI un núcleo del reactor fue destruido: en Japón parece que al menos dos han sufrido de derretimiento de combustible y un tercero reporta combustible expuesto, y otros enfrentan serios problemas de enfriamiento.

3. «Defensa a profundidad» es crucial —aunque a veces no tan profunda como se espera
Esto es claramente un ejemplo de la gran importancia de tomar en serio medidas redundantes de seguridad, y de considerar cuidadosamente toda la gama de eventos que puedan ocurrir. Dada la magnitud del sismo, creo que es impresionante que al principio todos los reactores afectados lograran apagarse automáticamente como lo planeado. Ninguno de los reactores, por ejemplo, sufrió daños que impidieran la inserción de las barras de control. Cuando Fukushima-1 perdió poder los generadores-diesel de respaldo empezaron como lo planeado, mas fueron eliminados una hora más tarde, aparentemente por el tsunami. Los reactores sufrieron, en efecto, un doble golpe que no había sido en verdad esperado. Claramente, dado que un sismo puede causar un tsunami, los generadores-diesel debieron haber sido diseñados de tal manera que no fueran afectados por las olas del tsunami. Esto es probablemente un asunto más amplio, el que la gente no haya pensado adecuadamente la posibilidad de daños múltiples que pudieran ser causados por un mismo evento inicial (por ejemplo, un apagón y un objeto grande estrellándose en el generador-diesel como resultado de un tornado—uno puede imaginar tantos eventos conjuntos). Esto refuerza la consideración de que cada vez que alguien dice que hay una posibilidad de menos de uno en un millón de que un sistema falle, hay la posibilidad de más de uno en un millón de que se han hecho suposiciones injustificadas en su estimación.

4. Estamos menos preparados para incidentes de seguridad
La razón por la que el desastre de Japón no ha sido peor es que el sistema japonés tuvo muchas, muchas, medidas de prevención al momento. Los reactores japoneses son diseñados y construidos para sobrevivir importantes aceleraciones sísmicas, están obligados a tener sistemas de respaldo de energía en su lugar, etcétera. Cada persona en la industria nuclear está entrenada para pensar en medidas de protección desde el primer día. La seguridad, en contraste, es algo que la mayoría de personas en la industria puede obtener apenas en una conferencia de media hora una vez al año. Si se tienen adversarios inteligentes, no sorprendería que se tuviera un fallo tanto en los sistemas de enfriamiento como en el respaldo de la energía—los adversarios planearían para que así sucediera. Esto transforma todas las posibilidades de que estemos en un lugar seguro. El orden mundial de protección nuclear necesita un fortalecimiento, pero es por mucho todavía más fuerte que el orden de seguridad nuclear, y ello aplica al robo de material nuclear así como al sabotaje de las instalaciones.
Por otro lado, sólo el poder de la madre naturaleza es capaz de causar la dimensión del daño que hemos visto en varios reactores a la vez.

5. Impactos psicológicos probablemente más extendidos
Puede haber probablemente mucha gente que muera o que esté gravemente enferma por este accidente nuclear —aunque esto debe ser visto en el contexto de más de 10000 personas que se teme han muerto como resultado del terremoto y tsunamis en sí—, pero el impacto mayor es probablemente psicológico —dado el estrés y miedo que decenas, cientos o miles de personas están padeciendo. Yo diría que en Chernóbil los mayores impactos en la salud, a pesar de las importantes dosis de radiación que algunas personas recibieron, fueron el estrés, depresión y alcoholismo que siguieron. El gran temor de una persona promedio a la radiación tiene consecuencias reales en la salud.

6. Potencialmente un impacto severo en el papel de nucleares como respuesta al cambio climático
Queda por ver qué impactos habrá en el futuro de la energía nuclear en Japón y en el resto del mundo. China continuará probablemente sus ambiciosos planes, por ejemplo. Pero si tengo que adivinar, diría que la opinión (sobre seguridad nuclear alrededor del mundo) del público en general y de inversionistas ha recibido un largo y duro golpe. Lo ocurrido no fue en un país en desarrollo que apenas construyó su primer planta nuclear y que no tuvo tiempo para desarrollar una adecuada cultura de protección, esto fue en Japón, uno de los países más ricos, con más experiencia y más conciencia de seguridad del mundo (aunque uno que también ha tenido su historial de problemas de seguridad encubiertos y que no fueron a tiempo reportados al regulador). Es cierto que se trató de reactores de viejo diseño y que los nuevos que se están pensando construir son mucho más seguros, mas si la lógica atenderá o no a la opinión pública está por verse. Creo que si bien hemos de ver un crecimiento de la energía nuclear en algunos lugares, las perspectivas de crecimiento a una escala requerida, para que lo nuclear sea incluso una parte importante de la respuesta a la mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero, se han reducido sustancialmente.
—Matthew Bunn (publicado en original el 14 de marzo del 2011)

Anuncios

Orden 1 Sentido Común 0

Es una hipótesis que sostengo desde no hace mucho tiempo: que hay una relación unidireccional e inversamente proporcional entre orden y sentido común. De esto, me parece, hay suficiente evidencia empírica en Alemania. En la brevedad de este espacio lo que sigue parecerá más bien un anecdotario, sin embargo, seguro estoy que es parte de dicha evidencia que refuerza la hipótesis.

Resulta que, como ya lo he relatado aquí mismo, parte de las medidas para reducir el impacto ambiental de la disposición de residuos en hogares, los alemanes tienen un sistema organizado y, sí, eficiente para lidiar con tal tarea. Separan metódicamente sus residuos y los llevan a su destino final de la misma forma, ie, la recolecta está religiosamente calendarizada. Así las cosas, uno debe seguir el esquema si es que quiere a bien librarse de la basura en casa, esto es, la única opción es mantener el orden y, por ejemplo, no pretender que un día fuera de calendario alguien se lleve la basura (mucho menos buscar deshacerse de ella a escondidas). Dicho esto, me ví en la necesidad de sacar mi basura “azul” (papeles y cartones) y, ojo, colocarla fuera del correspondiente contenedor (pues éste sencillamente estaba lleno: gracias a que sólo hay uno para las 6 viviendas de la casona y cada 4 semanas se vacía, ergo siempre termina rebosante). Procuré entonces que si bien me estaba saliendo literalmente del marco, al menos las cajas y papelería estuvieran ordenadas y dispuestas de tal modo que fuera fácil levantarlas y echarlas al camión de un solo golpe. Procuré pues guardar el orden y, craso error, aposté por el sentido común de los guardianes de la limpieza (“vale, es papel y está ya listo para llevar”). Exacto: no se llevaron aquella papelería que no estaba dentro del mentado contenedor. A pesar de que estaba ordenada y lista para llevar, el hecho de que estuviera fuera del contenedor la invalidaba totalmente de ser materia recolectable. Insisto: craso error el mío.

Por otro lado, y en otro orden de casos, sucede que al obtener un grado académico en alguna universidad alemana se tiene la posibilidad de trabajar en el ramo de la especialidad. A grandes rasgos la mayor limitante es precisamente que el empleo esté relacionado con lo que se estudió y para lo que el título académico acredita. Por ejemplo, si uno se graduó de abogado no ha lugar para ponerse a trabajar como asesor financiero, técnico electricista, chofer, etcétera. Así, me di a la tarea de buscar trabajo y cuando presenté mi solicitud en la oficina de extranjería me topé con una respuesta lacónica que, lo dicho, ejemplifica el alto grado de restricción al sentido común que una serie de normas (paladines del orden) puede llegar a crear en los mortales. Usted no puede tomar este trabajo, su título no reza “Investigador” y aquí (en la solicitud de empleo) dice que el puesto es como tal. Explicar que nadie estudia para graduarse de “investigador” fue esfuerzo inútil; hacer ver que al menos había una relación entre título y lugar de trabajo también fue un sinsentido para los burócratas en turno. El meollo era que puesto y título no tenían relación alguna y por tanto mi estancia en Alemania no tenía, literalmente, lugar.

Logré, ya se ve, obtener el permiso de trabajo (gracias a la intermediación directa de mi empleador); no estoy seguro si consiga librarme de mi papelería y cartones. Por supuesto una opción es estar a las vivas y monopolizar el contenedor y hacer retazos las cajas para así presentar todo en forma y orden a la siguiente recolecta. Ya se verá hasta dónde logro llegar; por el momento el pretendido orden asfixia al sentido común, y acaba con mi paciencia.

Armas verdes

Así más o menos podría denominarse la idea de mexicohazalgo.org.mx

Es decir, que en estas fechas en que parece que el único (o mayor) problema de México son los cárteles y su violencia armada (pues ésa es otra: ahora al parecer, según una lectura atenta de los recientes discursos, incluyendo los de Obama, el problema es que tales grupos son harto violentos, y pues eso de que la droga, motivo de hecho central de las actividades de los cárteles, se demande en gringolandia, no merece atención primaria), no está de más recordar que en sí la problematica ambiental de México es un tema con muchas y grandes deudas pendientes en los escenarios políticos y privados del país. Son contados los esfuerzos que hace México en materia ambiental. Que un partido político ose, y se le permita, escudarse en el verde de la ecología para tomar parte más bien del desafortunado y penoso circo político característico de la realidad mexicana, es ejemplo, entre otros, de la poca o nula conciencia ambiental de la sociedad.

Así, cuando surgen verdaderos movimientos en favor del medio ambiente, tiene uno que seguirlos de cerca y, por supuesto, en la medida de lo posible, apoyarlos y secundarlos. De ahí que encuentre en «México Haz Algo» un arma (de miras largas y abiertas) que dispara, con su información y propuestas, balas cargadas de ideas y acciones que ciertamente apuntan a un mejor lugar donde vivir. O sea, que por allá pueden estarse rompiendo la cabeza, y bien que lo hagan (que algo será mucho en su caso), para detener el paso de armas, por acá éstas nuestras verdes armas son más que bienvenidas, y requeridas. Sea pues, estaremos al pendiente.

www.mexicohazalgo.org.mx

Ad Hominem

Fue su última semana como ministro dadas las constantes críticas. No a su persona o desempeño profesional sino por sus infracciones y multas de tránsito. Fue tal la presión que, después de semanas de constante críticas, sobre todo a raíz de su última infracción (por exceso de velocidad) en noviembre pasado, esta semana dimitió del cargo:  Ministro de Transporte. Sigue leyendo

Por hondo que sea el mar profundo

Bien podríamos parafrasear toda la composición de don Pedro Flores. «Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti. (…) Yo estoy obsesionado contigo, y el mundo es testigo de mi frenesí». No sabemos qué clase de amor o interés mueve a Google, pero ellos ya llegaron al océano y sus profundidades. ¿Obsesión?

En mi caso primero fue la televisión, luego la radio y finalmente la Internet misma quienes me pusieron al tanto de la nueva versión del Google Earth. Lo dicho, el océano está ya en la mira y la versión 5.0 de tal programa lo incluye. Uno puede, dicen, explorar el océano con herramientas varias para así, casi literalmente, empaparse de información.

En el video informativo (algo así como el oficial), la exploradora Sylvia Earle menciona el término «expediciones (marinas) sostenibles», y creo que no lo hace en vano pues quizá uno de los impactos de Google-Ocean (como ahora ya se le empieza a conocer), quiero creer, es la persecución del desarrollo sostenible en su versión marina.

Es decir, que caben preguntas varias dada la —al parecer— magnitud de esta novedad à la Google. La principal radica en el valor que se pueda agregar (directa o indirectamente) al 1)  conocimiento de los mares y 2) divulgación de ello. En lo primero creo que su contribución será mínima si es que sus fuentes (para la alimentación del pograma) son, como parece ser, principalmente secundarias (es decir, lo que otros, investigadores sobre todo, han venido y seguirán haciendo); en lo segundo es donde se esperaría una mayor participación. Si a través de esta herramienta es posible hacer ver y escuchar más y mejor la importancia del océano, mucho estará haciendo Google por todos.

Ahora bien, no puedo dejar de mencionar la piedra del zapato. Temor (tal cual) me da imaginarme a una horda de buzos novatos dándoselas de Cousteau inspirados (maldita sería la hora) por su virtual navegación, y haciendo de las aguas una extensión de su caprichosa modernidad. No me falta razón, pues ya se ha visto cómo nuestro «desarrollo» ha dado, literalmente, alas a la estupidez y nos topamos con un crecimiento desaforado de escaladores, pilotos (de todo terreno), exploradores, en fin, aventureros (se dicen), que lapidan sin ton ni son lo que tocan, pisan y surcan. Es aquí donde, lo dicho, podríamos seguir —con un mucho de preocupación, algo de resignación y muy poco de consuelo— con la inspiración del boricua Flores.  Por más que se oponga el destino, serás para mí. Para mí.

Envío: Para ti, que te sumerges dejando en el aire terrenales sueños.

Alemania depositada en colores

No sé a ustedes, pero a mí dentro de las tantas cosas que acaparan mi atención —por no decir que me hacen tirar la baba— es la cultura ecológica de Alemania. Me atrevo a decir que a cualquier extranjero llama su atención las iniciativas en pro de la ecología y del cuidado del medio ambiente que se cumplen en este país. Son varias y en distintos niveles. De las que uno se percata de inmediato son dos en particular. Dos medidas que hacen de Alemania, si me permiten la expresión, un depósito en colores.

Depósito Reembolso en Bebidas Embotelladas: Lo Tomas o lo Dejas

No es una medida del todo sacada de la manga y producto del desvelo o sueño guajiro de algún funcionario de los niños “verdes” en su versión teutona (mucho mejor, dicho sea de paso, que la versión tenochca-mexicana). Es una idea poco novedosa como tal, es decir, aplicar un importe extra (depósito) al envase de la bebida para que después el consumidor entregue el envase (vacío, claro está) y recupere (le reembolsen) ese importe extra, no es cosa muy alejada a lo que todo consumidor, por ejemplo, mexicano hacía otrora en las clásicas tienditas de la esquina: comprar la gaseosa, disfrutarla, y guardar el envase para la próxima visita a la tiendita, y ahorrarse así el pago del importe del envase per se. Lo que se tiene al final, con uno u otro sistema, es el desecho controlado del envase y por tanto un mejor manejo de éste. En dos palabras: menos contaminación. ¿Cuál es entonces la diferencia entre lo que se hace ahora en países como México y Alemania? En México se dio paso a los envases desechables (fabricados con PET) e incluso a la casi desaparición del envase de vidrio; el llamado PET como envase se vendió muy bien y distintos productores lo asumieron como producto ideal para la venta de sus bebidas en presentación ‘beber y tirar’. El resultado es tema aparte; el impacto ecológico que tiene el uso y, sobre todo, la disposición final no adecuada de este tipo de envases pone los pelos de punta a ecologistas y, lo más importante, merma de manera significativa las posibilidades de desarrollo de generaciones futuras. Así de sencillo.

Alemania no fue la excepción al desarrollo e innovaciones tecnológicas de la industria; sin embargo, a su debido tiempo desarrolló e innovó también en lo que se refiere al manejo de desechos. Precisamente porque los efectos del uso y disposición inadecuados de envases pueden y llegan a ser parte importante de la vida diaria de la sociedad (de hoy y de mañana), se tomó en cuenta al envase como tal, es decir, como producto de consumo, y se le asignó un precio. ¿Paga más el consumidor en Alemania? No del todo. Independientemente de lo que la bebida pueda costar, en Alemania se paga un monto extra en la compra de casi todas las bebidas en envase (sea de plástico, vidrio o lata). El llamado pfand o depósito es el monto extra y con él, aquí lo importante, se espera que el consumidor le dé un uso adecuado y disponga del envase de forma ambientalmente amigable, que no es otra cosa que regresarlo al lugar de compra (o bien a cualquier tienda o negocio donde se recolecten dichos envases con depósito); de otro modo, ahora sí, se le estará haciendo efectivo ese depósito y entonces el consumidor habrá pagado por su bebida y por su contaminación derivada del desecho inadecuado del envase. Cosa justa, pero sobre todo lógica.

Zapatito Verde, Zapatito Azul, Dime Cuántos Botes Tienes Tú

Con la misma lógica se pone en marcha la separación de basura en toda Alemania. La idea sigue siendo la misma: disminuir al máximo posible los impactos al medio ambiente derivados del uso (en toda la extensión de la palabra, esto es, hasta la disposición final) de los productos que una sociedad como la alemana hace y tiene. Facilitar el reciclaje es parte pues de la idea. Tema otra vez aparte es lo mucho que se tiene como impacto positivo de aquél y de la separación de basura; Alemania toma en cuenta ello y pone en marcha un programa que pareciera un ejercicio todavía más ocioso que fijar depósitos a botellas. Asignar colores, botes y bolsas especiales, contratar empresas, implementar logotipos, elaborar calendarios con días específicos para la recolección, etcétera: todo en conjunto una labor titánica y con costos asombrosos. Esto último puede ser el caso, empero, los alemanes, con toda esa precisión y sapiencia características para hacer las cosas lo más resistentes y exactas posibles, saben y toman en cuenta también los costos que significa no hacer e implementar un programa de tales magnitudes. Es decir, están convencidos que los beneficios (tanto económicos como ecológicos) son mucho mayores que los costos. Yo les creo.

Así las cosas, más allá de seguir con las comparaciones, lo importante a notar es la disposición que puede haber en distintas sociedades para aceptar y cumplir un programa. Ello es la segunda parte de mi asombro con los alemanes y sus programas del medio ambiente. Claro, se dirá, no era para menos, si son cuadrados y nada mejor que unos botes y depósitos que les digan hasta el último movimiento de su ser qué hacer con su basura. Se puede decir también que con todo y sus cuatro ángulos rectos, sus muecas (que las hay por supuesto) para regresar el envase y sus valiosos segundos perdidos en pensar dónde poner la basura, los alemanes están logrando unos avances considerables en lo que a cuidado ambiental se refiere. Que si los costos son altos y, argumento de algunos, no pueden ser pagados por las sociedades en desarrollo, puede ser cierto, pero también lo es que por esa misma magnitud, y más todavía, los beneficios presentes y futuros están teniendo lugar.

A fin de cuentas, tomar o dejar la opción de no contaminar y poder tener más y mejores verdes y azules es cosa, como tantas otras, que exclusivamente está en nuestras manos. En este sentido, la disposición y posibilidad para la aplicación de los programas ambientales que las autoridades puedan encontrar en la sociedad es acaso el elemento clave de sus programas. Depositar en colores a Alemania si bien pudo no ser idea directa de los ciudadanos “comunes” alemanes, son ellos los que la llevan a cabo y, a final de cuentas, disfrutan de sus beneficios. Nosotros también.