Virginal perversión

Ayer terminé de ver la película Sexo, amor y otras perversiones (Carrera et al., 2006). No hablaré de ella, simplemente diré que me recordó una idea (si me dejan llamarla así): las ventajas de las mujeres en cuanto a menesteres del sexo, tabúes y perversiones. Es así.

En su momento estaba viendo un vídeo de sexo, de los llamados porno (o eróticos, según el gusto del cliente). Básicamente, además de la penetración y etcétera, hubo un diálogo entre la mujer y el entrevistador (no sé si el cámara o el que más tarde tuvo sexo con ella), en el que ella aclaraba que estaba ahí para tener únicamente penetración anal, pues la vaginal estaba no sólo reservada para su novio-pareja-principal relación sentimental, sino también que en sí ella era virgen por ese lado. Pero profesional, pues también aclaró que lo del anal era algo que ya tenía más que probado y que, bueno, ahora estaba ahí para otro show más.

Así las cosas, qué maravilla, pensé, los hombres homosexuales no tienen esa opción de brindar tales primicias a sus parejas. Los hombres heterosexuales tampoco. Pero las mujeres sí. Ellas bien pueden regalar no una sino dos veces ese curioso placer de ser el primero (o la primera) en penetrar. Es decir, pueden elegir, si así les place, qué parte han de reservar para un momento particular. Por ejemplo, vaginal para la primer relación sexual (y las que le sigan) y anal para, digamos, una primer noche de bodas… o viceversa, que nunca faltará aquella que quiera seguir y cumplir ciertos conocidos estándares (pero mientras disfrutar de alguna manera su sexualidad).

Lo dicho, creo que es una ventaja. Sobre todo en estas lides de, precisamente, sexo, amor y perversiones. Es más, ya puestos en esto, si se le suma el hecho de hacerlo con o sin condón, pues se tienen ya 4 virginales opciones, ¿o no?

En fin, sin duda alguna la primera vez no deja de tener su pervertido encanto.

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Crí-Crí científico

Francisco Gabilondo Soler

D.R. Gabsol

Francisco Gabilondo Soler (México, 1907-1990) tenía razón: la gotita sube y baja, baja y sube; no sólo el chorrito, pues, se hacía grandote y chiquito.

Crí-Crí llevó a sus últimas la dinámica de fluidos y aquella inmortal composición tiene ahora —además de sus ya acumuladas viñetas al respecto— estas imágenes que paso a paso nos muestran de lo que hablaba el veracruzano.

Recordemos que Crí-Crí además de la Música tenía un especial interés por la Astronomía, así que acaso podemos considerar algunas de sus canciones como sus muy particulares apuntes científicos, o bien, su manera de entender el mundo teniendo como base a la Ciencia. Sea pues, aquí de lo que hablo (vía el blog de Pere Estupinya):


Ahora, baste recordar la lección del científico Crí-Crí en términos de su incomparable y única inspiración musical:

Lo dicho, la gotita sube y baja, baja y sube, al compás de esta canción: «El chorrito» (1934).

Envío
Para esos mis locos bajitos: M.F., C., L. y X., sobrinos míos.

Martha Toledo: 2 videos 2

Ahora sí, sin palabras. Con sólo sonido e imagen. En vivo, desde el DomForum, Colonia, Alemania (19/11/08), acompañada de los guitarristas Ricardo Alcántara y Jesús Chávez, interpretando:

«La Martiniana» de Andrés Henestrosa.

«Como de Treinta» de Susana Baca.

Ke Mo Ki Mo Re Na Mi A

Ahora que Coldplay lanzó al mercado (vía iTunes) su más reciente material musical a través de la canción Viva la vida, en youtube se expone un supuesto plagio de la banda británica. Suele pasar. A mí la verdad me suena ciertamente similar la mentada canción con la expuesta The songs I didn’t write, pero no he entrado a detalles, ni lo haré. Lo que sí es que tal similitud y probable plagio no es exclusiva de Coldplay. Yo he de aprovechar este espacio para llamar a la sala a Miguel Bosé.
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Bohemiada

Así, totalmente lúdica y sensorial puede ser una noche de bohemia. O al menos así debería ser, pues vaya muestra que nos da este par de voces caribeñas. En respectivo orden, Danny Rivera y Cheo Feliciano interpretan (gozan) «Cosas del alma», de Pepe Delgado, «La Gloria eres tú», de José Antonio Méndez, «Poquita fe», de Bobby Capó, «Delirio», de César Portillo de la Luz, y «Juguete», de Bobby Capó.

Danny hace de su voz una escalera y alcanza el cielo tisú; Cheo sencillamente delira sensualidad. Ambos tienen filin.