250 Años: Hallelujah!

Acaso como una misa pagana, un grupo de sus feligreses se dieron cita en la noche del 13 para celebrar y conmemorar, respectivamente, un aniversario más (el 267) del estreno de tan especial obra y los 250 años de la muerte de su creador. Así, igual que en algunas parroquias hacen efectiva la Vigilia Pascual en la noche del Sábado Santo, ayer en la noche se escucharon las notas del Messiah para recibir —con una solemnidad propia de la fecha— el 14 de abril, día en que falleció Georg Friedrich Händel.

Mágica es la única palabra que puede describir tal evento ocurrido en la Stiftskirche de Bonn. Especial también en estas latitudes toda vez que ayer fue el Lunes de Pascua y, ha de recordarse, de hecho las primeras ejecuciones del Messiah tomaban lugar en estas fechas (ya después se hizo costumbre hacerlo en tiempo de Adviento) y en tales espacios (i.e., iglesias). Así, orquesta y coro dirigidos por Morten Shuldt-Jensen fueron los medios para que Händel, tal cual, resucitara. Aquel Hallelujah coral fue esta vez una loa, sin duda, para el creador Händel.

Además, por si fuera poco —o quizá porque en estos tiempos es más que necesario—, el propio director habló, a modo de introducción, sobre Händel y explicó el Messiah y, acto seguido, el actor y lector Philipp Schepmann leyó algunas líneas que recrearon los últimos años del compositor alemán-inglés. Sin embargo, ha de decirse, tal introducción pecó de extensión por lo que el (necesario) intermedio fue muy bienvenido y logró que la audiencia estuviera más que lista para la segunda y tercera parte de la obra. Eso sí, por petición y advertencia del propio director, el aplauso final tenía que esperar a que Schepmann leyera de nueva cuenta unas líneas: ya se vería el por qué y para qué.

Entonces, que la primera parte fue quizá la menos lograda —con todo y que en la tercera parte, en esa excelsa aria para bajo que comparte protagonismo con las trompetas (The trumpet shall sound), el solista Thomas Oertel-Gormanns, que quedó sin duda como el mejor de las voces masculinas del coro Immortal Bach Ensemble (las femeninas todas cumplieron a cabalidad), tuvo un traspié que, a esas alturas, fue de inmediato perdonado por el respetable que estaba ya en el bolsillo de él y de toda la Orquesta de Cámara Leipziger—; se contuvo el aplauso de emoción por el final de la segunda parte (i.e., el Hallelujah) y con esa atmósfera se llegó a la tercera parte donde, lo dicho, su final fue seguido de una lectura donde se narró la muerte de Händel y de la repetición de la segunda parte del coro final.

Es decir, después de la (repetición) del coro Worthy is the Lamb that was slain, el respectivo Amen tuvo eco en las líneas que contaban la muerte de Händel (esto es, que la lectura de Schepmann no desmereció en absoluto con la música), y entonces, acto seguido, de nueva cuenta el danés Schuldt-Jensen tomó la batuta y dirigió un Amen que esta vez se escuchó como todo un himno o bien, como la conclusión perfecta para aquella velada en recuerdo del creador de aquellas notas: la víspera ideal para conmemorar 250 años en que Händel, muerto, vive y revive en cada interpretación de su obra —una que, a pesar de haber tenido como competencia a la monumental obra de Bach, es pieza toral de la obra musical del género humano.

Fueron en total tres horas en que a base de música y palabras, verbos y sustantivos, tal grupo de gente dieron cuenta de apenas, sí, una muy mínima parte de Händel y su obra, pero sin duda suficiente para poder seguir diciendo, como Beethoven: ahí está la verdad.

messiah_bonn

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Un comentario en “250 Años: Hallelujah!

  1. Sin duda una obra excepcional. Amen mi ideología ateísta, es menester reconocer que hay bastante obra que escuchar de diferentes compositores, todas ellas soberbias; hay quienes aseguran -Los compositores mismos, como Patchbel quien decía que era Dios mismo quien escribía y que su mano era un mero conducto- que estas manifestaciones artísticas son obra del mismo Dios. Difiero. Sin embargo cabe reconocer que la obra eclesiástica de Händel, Bach, Mozart, Vivaldi, Ravel, Albignioni, etc. Son muestra clara del potencial del genio humano, sea o no dado por Dios. Qué se yo.

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