UNAM en la punta de la lengua

Para el cierre del apartado V. La lucha por aprender del recopilado Instrucciones para vivir en México (Joaquín Mortiz, 1990), de Jorge Ibargüengoitia, Guillermo Sheridan seleccionó el artículo «Incógnita de principio de año. ¿Quién mató (o va a matar) a la Universidad?», publicado el dos de enero de 1971. Es atinada la elección: pareciera que aquellas líneas son ya todo un «clásico». A cuarenta años de su publicación, el análisis y crítica de Ibargüengoitia, sobre todo en fechas de centenarios, celebraciones y goyas, son vigentes, necesarios y, de ahí, bienvenidos. Ibargüengoitia al fin y al cabo.

Me permito extraer líneas del mencionado artículo que, sin duda, se explican por sí solas y no necesitan aquí de mayor desarrollo o contexto. Jorge escribe:

[…] La Universidad ha aparecido en la conversación como tema recurrente (…) Nunca, que yo recuerde, estuvo la UNAM en la punta de la lengua de tanta gente.

[…] Si la Universidad se muere, muchos van a pensar que murió asesinada. (…) Pero dejando a un lado, por el momento, las posibles causas externas del deceso, conviene ahora que estudiemos a grandes rasgos las características de la víctima.

Aparte de estar rodeada de enemigos, la Universidad es una institución que nunca ha tenido fama, ni de ser saludable ni de estar bien organizada. Como centro de conocimientos ha sido “dentro de lo existente, lo mejor”, pero nunca “lo mejor”.

Es un organismo demasiado grande, que ha crecido con demasiada rapidez, que está alojado en recintos calculados para la mitad de alumnos, que recibe clases de un profesor suficiente para una tercera o cuarta parte de los mismos. Además, la esctructura de los estudios, aunque se han hecho esfuerzos por modernizarla, sigue siendo la adecuada para México en 1955.

[…] Las porras, las huelgas, las ganas de acabar con la Universidad de ciertos sectores, son más bien manifestaciones y consecuencias del mal, no causas de la enfermedad.

Pero los que piensan que la Universidad, tal y como la conocemos está en peligro de desaparecer, piensan también que esto no es una catástrofe, y tienen razón. Al contrario, puede ser, si no nos dormimos, el principio de otra universidad, o de varias, que tengan una constitución saludable y que estén de acuerdo a las necesidades reales del país.

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