Zapatos botín

Desde que pude decidir, mi calzado ha sido —en un 99%— de un sólo tipo: botines. Son, dirían unos, mi fetiche. Fácil no es pues temporada tras temporada siempre son los menos en el mercado: pocos somos los que optamos por ellos. De mi parte la razón es comodidad y protección (así, 2 en 1).

Protección entendida como un abrazo justo y a la medida —al tobillo, por supuesto—, pero también al propio pie que, pienso, echa de menos la segunda piel cuando sólo dedos, empeine y talón son cubiertos: «tápame bien», susurra, «yo soy el epílogo de tu pierna». Así, la comodidad llega por añadidura, y un andar plantado también.

Ya que no es fácil dar con ellos, cuando lo logro me doy a la tarea de atesorar cada par. Es decir, que incluso tras el uso largo y continuado, su presencia seguirá conmigo y tarde que temprano renacerá el otrora compañero.

Tocó el turno de aquel par que mis padres mercaron para mí en San Mateo Atenco. De piel color marrón imitación gamuza, los usé hasta el cansancio. Si hay alguna foto con ellos puestos es seguro que mi semblante es sencillamente feliz. Hoy se repite acaso la estampa: de nueva cuenta tengo conmigo un par así.

Fue amor a primera vista, bastó verles para saber que al probarlos me vendrían cual guante. Simples como un anillo —dijo el poeta—: están ahí con el resto de la tropa.

Piel de ante… mañana y siempre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s